miércoles, 1 de julio de 2026

CD 414 - Con Voz Propia: Alejandro Dolina: Antología (2000-2009)


 "Uno Tiene el Deseo de Romper Un Poco el Lenguaje"

Por Alejandro Ackerman

 

El escritor y conductor radial propone un “relato heterodoxo”, construido a través de encastres literarios. "No podría complacerme escribir como cuando publiqué las Crónicas del Ángel Gris" plantea Dolina, que en la entrevista también habla sobre la vida durante la pandemia y sobre su preocupación por la emergencia de las nuevas derechas. "No tienen pudor de la violencia de su propio discurso", señala. 

 

Un asesinato en plena calle. Un libro de cuentos póstumo en homenaje al escritor asesinado, con comentarios y notas al pie de quien fuera su discípulo y acompañante. Pero esas notas al pie se van transformando al pasar las páginas en la historia de Vidal Morozov, el escritor asesinado, sus amistades, sus andanzas amorosas, sus convicciones y su tragedia. Revelan sus secretos. Una novela que aparece en la parte baja de cada página y desliza la trama entre el texto y el metatexto, intercalando los registros y las voces. Esa construcción en niveles narrativos es Notas al pie (Editorial Planeta), el último libro de Alejandro Dolina. “La búsqueda de una forma interesante y no usual de comunicación con el lector es el ingrediente principal”, explica Dolina a Página/12. “Se trata de contar una historia, pero apartándose de la metodología usual de la novela decimonónica: ´Había una vez un tipo que...´. Y me pareció interesante buscar distintos pasos. El cuento es un paso, las notas al pie son otro, la novela también es un paso”, adelanta el autor.

 

“Todos esos métodos de comunicación se han ido intercalando y forman parte del libro. Y a mí me parece más interesante el cómo que el qué se cuenta, que está bien y tiene que estar”, continúa sobre la estructura del libro que estuvo escribiendo durante los últimos cinco años, con idas y venidas sobre el texto y su organización. Una búsqueda de formas narrativas que atrajera por la novedad de su expresión. “Contarlo con metodologías diferentes. Eso me parece que puede ser para el lector más apasionante que un relato lineal y convencional. Después, el asunto es lograr que eso esté bien hecho, que produzca un hecho de comunicación eficaz porque bien puede resultar que sea un pan dulce imposible de degustar por la demasiada fruta. Y eso será opinión de los lectores, de los que saben o de los que no saben, qué sé yo...”, propone.

 

- Notas al pie es como una tercera etapa de sus publicaciones: cuentos, novela, a novela ordenada con cuentos. ¿Cómo fue ese proceso?

- Muchas de esas decisiones se toman sin darse cuenta. A lo largo de los años uno se va modificando, y esas modificaciones provocan un deseo de vulnerar los géneros, un deseo de romper un poco el lenguaje, de ser un poco heterodoxo en la forma de relatar. Me divierto más, estoy más cómodo buscando una estructura más paradójica que la del relato. Contar sin estar seguro de estar contando, o contar desde el costado, ver desde otras ventanas, oblicuas, y cómo se escribe lo que se ve desde allí. No es que uno tenga ganas de hacer experimentos por el gusto de hacerlos, pero me divierto más con estos juegos un poco caprichosos de los últimos libros. No podría complacerme escribir como cuando publiqué las Crónicas del Ángel Gris, que posiblemente sean más divertidas, pero estas tienen una complejidad que yo estoy buscando. ¿Para qué? ¡Para que me guste a mí! Después, si les gusta a los demás mucho mejor.

 

Ese “relato heterodoxo” es una serie de textos (cuentos, fragmentos de guiones de películas, páginas de cuadernos personales) hilvanados por el nombre de Vidal Morozov, y glosados y comentados por su asistente Franco De Robertis en las notas al pie, donde explica algunas cuestiones que enmarcan esos textos. Pero lentamente en esas glosas se desliza lo que finalmente se convierte en una novela policial para contar la historia del asesinato de ese misterioso y escurridizo escritor desde el punto de vista de su asistente. Una serie de intervenciones que cambian el punto de vista de la narración y resignifican las notas al pie como el hilo conductor de la historia que se cuenta en esas páginas: una obra en la que se entrecruzan intervenciones textuales que a su vez son intervenidas por otros textos para darle forma a un relato construido estratégicamente de encastres literarios.

 

- Este libro le llevó alrededor de cinco años de trabajo. Alguna vez dijo que disfrutaba "haber escrito", pero le resultaba tortuoso "escribir". ¿Sigue siendo así?

- Si, claro. Me gusta haber escrito, estoy orgulloso, pero estoy contento de haber llevado adelante la tarea. Lo terminé, y ojalá haya salido bien. Pero mientras escribo esos libros no disfruto nada. Disfruto muchísimo estar con mis compañeros, mis amigos, haciendo el programa de radio, conectado con un público que también es amistoso y frecuentemente te da alguna clase de alegría o de afecto, pero mientras estás escribiendo estás solo, y cada cinco minutos te asalta la idea de que nunca vas a terminar ese libro. Especialmente a los comienzos de las obras. Trabajás dos horas y te sale una página, la leés y te parece más o menos, y entonces te preguntás cuántas páginas va a tener este libro. Pensás que 500, y te decís vos mismo: no es posible hacerlo.

 

- Sus trabajos tienen una dimensión de humor. Y aunque es distinto en radio todos los días, en un libro o una ópera, ¿qué les aporta a sus obras ese humor?

- No soy muy amigo del humorismo permanente porque es una manera de no conseguir el propósito humorístico, que es la sorpresa intelectual. Si uno le da al lector una sorpresa cada tres líneas deja de ser sorprendente. Y, además, el humor aliviana un poco las ideas. Tal vez el contenido humorístico en un libro oscuro como este, no muy optimista, sirve para alivianar un poco, para que las palabras pesen un poco menos. Entonces, cada tanto un gesto humorístico no está mal. Y también sirve para demostrar la falibilidad del pensamiento. El pensamiento a veces, aun el más riguroso, falla por algún lado. O si se cumple incurre en la paradoja. A veces Morozov va a visitar a su padre, que no puede comunicarse, y lleva a un tipo que hizo un voto de silencio que sostiene el rigor de ese voto a no hacer señas tampoco. Quiere que el silencio sea total, y no se comunica de ninguna manera. De manera que Morozov está acompañado de dos personas y ninguna de las dos le puede decir nada. Eso también tiene su paradoja, su grado no solo de humorismo, sino también de pensamiento que puede ofrecer esa imposibilidad de la comunicación, que se le contagia a la tercera persona porque nadie lo escucha o no lo quiere escuchar. Todo eso en una escena fatalmente graciosa cuando uno la piensa dos veces.

 

Después de un 2020 en el que hicieron La venganza será terrible (lunes a viernes a las 0 por AM 750) sin gente por la pandemia, este año retomaron, con los protocolos sanitarios necesarios, al programa en vivo con público presente en algunas emisiones, una característica de sus programas radiales desde Demasiado tarde para lágrimas, hace ya 36 años. “Es la sensación de una falta”, resalta Dolina. “La historia del programa se hizo con público, y cada una de las ideas, buenas o malas, que hemos tenido estuvieron pensadas asumiendo que hay público. Las pocas veces en la historia que hicimos el programa sin público, también fue por razones de fuerza mayor. En algún desequilibrio institucional, o alguna enfermedad como la Gripe A. Pero fueron muy pocos momentos, lo pasamos mal, nos pareció que el programa no fluía”, confiesa.

 

- Debe ser la primera vez que hicieron el programa sin público tanto tiempo…

- Ya técnicamente hay una dificultad: nos pisamos, y entonces uno se calla por temor a hablar sobre el otro, pero el otro también se calla, y esto llega de manera desprolija al oyente. Y hace también desprolijo a nuestro pensamiento. Todo eso influye para peor en el programa, y aparte se genera una nostalgia de lo que es la teatralidad del programa. Muchas veces, en el programa, la gracia, la eficacia, está más en lo presencial que en lo radial. El programa es falsamente radial, tiene más de teatral, y la gente es como si escuchara una obra muy sencilla de teatro que se transmite por radio. No ve los gestos que hacemos, pero como oye que la gente se ríe lo adivina. Todo eso es una combinación de lo radial con lo teatral que siempre existió en el programa y durante la pandemia tuvo que ser abolido provisoriamente. Y fue molesto.

 

- Ya está editado Notas al pie, en la radio se está recuperando algo de la vieja normalidad. ¿Tiene proyectos para el 2022?

- No sé si el año que viene, pero estoy con muchas ganas de que el próximo proyecto sea teatral, que tenga que ver con el teatro o con ese achatamiento del teatro que es el cine. Digo esto como un chiste más bien borgeano o barthesiano. Borges pensaba que el cine era mucho mejor que el teatro. Le gustaba mucho más, decía que el teatro era más rígido, más limitado, que había juegos de la sucesión que en el cine se podían hacer y en el teatro no. Y tenía toda la razón en eso. Roland Barthes decía, contrariamente, que en realidad en el cine estás viendo es una total ficción, una total mentira. No estás viendo a ninguna persona, estás viendo un fenómeno óptico. Si querés ver al actor en acción, Humphrey Bogart o al que vos amabas, tenés que ir al teatro. Son dos opiniones muy inteligentes. Todo para contestarte que lo que haga tendrá que ver con alguna serie o con algún proyecto teatral (risas).

 

El mundo difícil de la cultura

Durante el período más duro de aislamiento por la pandemia, el mundo cultural tuvo consecuencias ambivalentes: por un lado, fue sostén en muchas casas para soportar mejor ese encierro sanitario, pero por el otro sufrió las consecuencias del cierre total de la actividad cultural. Para Dolina, “la cultura siempre ha estado acostumbrada a estas luchas desiguales, a enfrentar a la Armada Invencible con una escoba. Esas luchas son propias de los hombres de la cultura, de manera que el ambiente hostil es siempre así”, analiza. “Ese es el mundo de la cultura, un mundo difícil”, resalta el autor de Lo que me costó el amor de Laura. Y en ese sentido, rescata la voluntad con que, a pesar de las dificultades, quienes producen en este campo le dan vida al arte y el pensamiento.

 

“Pertenecer a ese mundo generalmente no produce mucha prosperidad que digamos. Y ahora ocurre más que nunca, porque el mundo de lo que sobra es muy escueto, y la cultura necesita una sociedad más o menos próspera para salir adelante. Un tipo que no tiene para comer mal va a ir al teatro”, dice, y destaca que eso “me hace amar más a quienes están trabajando en eso sabiendo que es difícil, y sabiendo además en muchos casos que la opinión general del universo no va para con la de los artistas de este tiempo, de los pensadores, de los científicos. Un tipo que hace ciencia no puede estar de acuerdo con esas opiniones filofascistas que están de moda. Mala cosa para el hombre de la cultura un mundo de intolerancia. Ya hemos tenido experiencias en todo el mundo acerca de ese asunto”, reflexiona.

 

La amenaza de las derechas

- Se acaba de pasar por una elección legislativa signada por discursos muy violentos y con “promesas” muy antipopulares, como la eliminación de las indemnizaciones o la paga de la mitad del salario mínimo para el primer empleo, aumento de represión policial o despidos de empleados públicos. ¿Qué opinión le merece el resultado?

- Es fenómeno mundial el resurgimiento de las derechas que no tienen temor al discurso violento. No tienen pudor de la violencia de su propio discurso. Eso es algo nuevo también. Las derechas fascistas han existido siempre, pero en alguna época no hacían público su verdadero pensamiento de odio. Estoy hablando no solo en Argentina. Ahora, ese respeto se ha perdido y no hay un pudor que les haga ocultar la verdadera naturaleza de su ser, que es una naturaleza violenta. Es una realidad que hay que asumir, y creo que es de las cosas más peligrosas que han pasado en estos tiempos. Ahí vienen discusiones que han tenido lugar en el mundo desde hace mucho. Está la famosa paradoja de (Karl) Popper, el amigo de nuestro programa al que robamos mucho. Popper decía que con la intolerancia había que ser intolerante. Yo lamentablemente no estoy de acuerdo. Creo que, si uno aplica métodos violentos para combatir la violencia política, el triunfo es finalmente de la violencia. Ahora, ¿cómo se lo neutraliza? La cosa es muy difícil, requiere mucho trabajo y también resultados que hagan que la vida sea mejor para todos. Es más fácil encontrar violencia y odio cuando la vida se hace difícil. Pero también hay muchos políticos o personas de los negocios dedicados eventualmente a la política que desean el fracaso de esta experiencia de Estado inclusivo que interviene en la economía. Estamos ante el peligro de que el próximo turno presidencial nos lleve otra vez al neoliberalismo. Yo me atrevo a opinar, con todo respeto por mis amigos neoliberales, que ese sería un mal para el país. Y también creo que es un mal para el país que opiniones como esta que acabo de dar, con toda humildad y con todo temor de equivocarme, sean utilizadas para prometer palizas, venganzas, rencores e insultos. Eso no puede ser así.

 

Efectos pandémicos

A pesar de adaptarse al aislamiento y la virtualización de una parte de la vida (hizo dos emisiones de En la pieza de Dolina por plataformas virtuales), Dolina pasó el 2020 pandémico con preocupaciones por el resultado de la salida de esta crisis mundial. “El año pasado la vacuna era una posibilidad solamente, y fue mucho peor, más incierto, más lleno de temor”, recuerda. “No solamente por uno, sino también por los otros. No se puede estar medianamente tranquilo o feliz, por decirlo así, en un mundo en el que están muriendo miles de personas por día. Y aparte de morirse, algunos se enferman, otros pierden el trabajo, las naciones se empobrecen, etcétera”, señala, y reconoce que, a pesar de no haberse contagiado, la pandemia tuvo efectos en él: “Ya no debo ser el mismo tipo que era antes. Es más, no quiero ser el mismo que era antes de la pandemia, porque si lo fuera significaría que no me afecta para nada la tragedia que ha sufrido el mundo, que es muy grande y probablemente en muchos puntos irreversible”, piensa.


 

Descargar: 

Track 01: “Visita de Joan Manuel Serrat” (41:46)

Ficha Técnica: “La Venganza Será Terrible” Participan: Alejandro Dolina, Gabriel Rolón y Guillermo Stronati. Radio Continental – AM 590, 21 de noviembre de 2000.

 

Track 02: “La Mujer que al Amor No se Asoma No Merece Llamarse Mujer (43:26)

Ficha Técnica: “La Venganza Será Terrible”. Participan: Alejandro Dolina, Gabriel Rolón y Guillermo Stronati. Programa emitido desde la Bodega del Café Tortoni por LS10 Radio del Plata, 17 de mayo de 2001.

 

Track 03: “Alcanzame la Linterna que se Quemó la Bombita del Baño” (33:41)

Ficha Técnica: “La Venganza Será Terrible”. Gabriel Rolón solo tiene una mesita de luz, Dolina critica al arquitecto de Rolón y explica cómo es su casa, donde tiene el baño en otro terreno. Anillos de compromiso en la basura. Participan: Alejandro Dolina, Gabriel Rolón y Guillermo Stronati. Radio Continental – AM 590, 20 de diciembre de 2002.

 

Track 04: “El Cerebro, la Memoria y No me Acuerdo qué Más (18:45)

Ficha Técnica: “La Venganza Será Terrible” Participan: Alejandro Dolina, Guillermo Stronati y Guillermo Stronati. LR1 Radio El Mundo, 30 de septiembre de 2003.

 

Track 05: “Sacame el Dedo de la Sopa” (26:39)

Ficha Técnica: “La Venganza Será Terrible” Participan: Alejandro Dolina, Gabriel Rolón y Guillermo Stronati. Radio Continental – AM 590, 24 de julio de 2004.

 

Track 06: “La Vida en los Conventos en la Edad Media” (17:29)

Ficha Técnica: “La Venganza Será Terrible” Participan: Alejandro Dolina, Gabriel Rolón y Guillermo Stronati. Radio Nacional – AM 870, 31 de enero de 2005.

 

Track 07: “Juana Ortiz de Zárate” (12:58)

Ficha Técnica: “La Venganza Será Terrible” Participan: Alejandro Dolina y Guillermo Stronati. Radio Continental – AM 590, 25 de octubre de 2006.

 

Track 08: “Casanova, en la Isla de Corfú” y Otros Segmentos (02:00:02)

Ficha Técnica: “La Venganza Será Terrible” Participan: Alejandro Dolina, Gabriel Rolón y Daniel “Pollo” Mactas. Segmento Humorístico: “Apareció un Alacrán” y "¿Qué Comemos?". Radiocine: "Algo para recordar" Programa realizado desde el Anfiteatro Municipal Humberto de Nito. Parque Urquiza. Ciudad de Rosario y emitido por Radio 10 – AM 710, 24 de febrero de 2007.

 

Track 09: “Dolina se Casa Hoy” y Otros Segmentos (02:00:18)

Ficha Técnica: “La Venganza Será Terrible” Participan: Alejandro Dolina, Gillespie y Patricio Barton. Otros Segmentos: “Emociones Positivas y Negativas como la Sana Envidia”, “La Mina Justa”, “Los Dueños de los Sucesos Meteorológicos en China”, “Este es tu Momento Animal: Los Peligros de los Encuentros con otros Animales”, “Matrimonio por Sorteo: Dolina se casa con Karina Beorlegui” y “El Sordo Gancé”. Radio 10 – AM 710, 30 de mayo de 2008.

 

Track 10: “Aventuras de Hernán Cortés en América” y Otros Segmentos (02:00:14)

Ficha Técnica: “La Venganza Será Terrible” Participan: Alejandro Dolina, Gillespie y Patricio Barton. Segmento Musical: "Lullaby of Birdland"

(Cabernet), "Baby Grand" (Billy Joel), "All dead" (Queen), "Here comes the sun" (The Beatles). Segmento Humorístico: “La Vida me Tiene Harta: Aproveche los Restos de Jabón”, “Evite los Arrebatos en el Banco”, “Estoy Harta de Vivir: Claves para Entender el Lenguaje de los Bebe”, “Cuando Cruje el Parquet” y “Malas Costumbres que Afectan a las Patas”. “El Sordo Gancé”: "Recuerdo Malevo" (Gardel - Le Pera), "Yo sé que Habrá una Noche" (Manuel Ferradás Campos), "Three Little Birds" (Bob Marley), "Mais que Nada" (Sergio Mendes), "Por la Vereda del Sol" (Fields - McHugh), "La Bestia Pop" (Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota), "Yellow Submarine" (The Beatles), "Golondrinas" (Gardel - Le Pera), "A mi Madre" (Gardel), "A Tonga da Mironga do Kabuleté" (Vinicius de Moraes - Toquinho), "Historia de la Silla" (Silvio Rodríguez), "Barrio Reo" (Navarrine - Fugazot). Radio 10 – AM 710, 28 de abril de 2009.

(Fuente: https://venganzasdelpasado.com.ar/)


martes, 9 de junio de 2026

CD 413 – Con Voz Propia: Jorge Luis Borges: “Siempre Imaginé que el Paraíso sería algún Tipo de Biblioteca”

¿Qué es un buen escritor?

Por Ricardo Piglia 

Muchas gracias por estar acá. Me alegro mucho de que podamos encontrarnos para hablar sobre Borges en la Televisión Pública.

Vamos a partir de una pregunta que es por qué Borges es un buen escritor. ¿Qué quiere decir ser “un buen escritor”? En general, lo que circula son estereotipos, versiones rápidas, pero me parece a mí que ya no nos detenemos a pensar por qué nos parece que un escritor es un buen escritor. Nos hemos olvidado de esa pregunta que es una pregunta personal, por un lado, y, al mismo tiempo, es una pregunta que está en el centro de cualquier cosa que nos guste hacer. Quiero decir: en el campo en el que estemos incluidos, siempre estamos valoran do a los que hacen bien algo y, en ese sentido, la literatura se ría otro de los lugares donde estamos atentos a aquellos que hacen bien eso que quieren hacer.

Los escritores lo único que sabemos es lo que no queremos hacer, podemos decir qué no queremos hacer, pero no podemos hacer lo que queremos hacer, porque si no todos escribiríamos la Divina Comedia o el Martín Fierro. Sería facilísimo. Lo que sí podemos hacer es decir lo que no nos gusta, lo que no queremos hacer, lo que no nos interesa. Lo otro es tentativo. Y yo tengo la sensación de que Borges estuvo más cerca que nadie de llegar a hacer eso que le parecía que quería hacer. Esa podría ser una primera indicación de lo que es ser un buen escritor. No porque la intención valga por sí misma, sino porque la perfección es tal que uno tiene que pensar que fue descartando una gran cantidad de cosas que no le gusta ban para llegar a eso que parece un milagro por momentos. Me refiero a los textos de los años cuarenta.

Borges inventó algo nuevo. En la literatura del Río de la Plata, hubo dos cosas que se inventaron de cero: una es la gauchesca —y eso es lo mejor que se hizo en el siglo XIX— y lo otro es esto que Borges inventó. Y no solo lo inventó, sino que creó un procedimiento para que otros también lo hicieran, que es lo máximo a lo que puede llegar un escritor. Es como haber inventado el soneto. El tipo que inventó el soneto es mejor que Dante, porque uno puede escribir sonetos con esa forma que este hombre descubrió. Borges encontró un procedimiento, de una manera totalmente milagrosa. En 1940 publicó “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius” y ustedes tienen que imaginarse lo que debe haber sido, en el Buenos Aires de 1940, que alguien comprara el diario La Nación y se sentara a leer ese relato. Borges nunca escribió nada igual, yo creo. El otro día una amiga mía que lo ha leído muchas veces me dice “¿vos sabés que lo leo y no lo entiendo todavía?”. Porque, ¿qué quiere decir entender? Cada vez que uno lo vuelve a leer, encuentra más cosas de las que recordaba. ¿Qué habrán pensado los lectores de La Nación cuando abrieron el diario y encontraron eso? ¿Qué es eso? Eso es lo que Borges llamaba literatura fantástica.

En realidad, la literatura fantástica en el sentido clásico es la literatura de fantasmas que surge en Europa entre me diados del siglo XIX y principios del siglo XX. Hay una idea muy buena del crítico norteamericano Leslie Fiedler, que dice que la literatura fantástica se inventa entre el fin de la religión y el comienzo del psicoanálisis. Está buenísimo. Es decir, la gente deja de creer que el mundo está ordenado, que existe el infierno y existe el purgatorio, la antología religiosa ya no sirve para explicar las pulsiones que circulan, y, por otra parte, por suerte, el psicoanálisis todavía no fue inventado. Entonces pueden suceder las cosas más extraordinarias, la gente puede tranquilamente hablar de vampiros, de muertos que vuelven, ver fantasmas por todos lados, inventar todo tipo de objetos humanoides sádicos y atractivos. Eso sería la literatura fantástica. Lo que hace Borges es otra cosa. Yo lo llamaría ficción especulativa o, si quieren, litera tura conceptual. Se parece mucho a lo que hacía Duchamp; es mejor que lo que hacía Duchamp, pero se parece mucho. Es lo que monsieur Teste —el personaje que inventó Valéry en 1896, que a Borges le gustaba muchísimo, una especie de Pierre Menard— quería inventar: la literatura no empírica, la literatura conceptual. No hace falta que el texto esté escrito, hay que tener la idea de cómo puede ser ese texto, después otro lo escribirá.

El antecedente es Macedonio Fernández. Recordemos que, cuando José Hernández le mandó el Martín Fierro a Bartolomé Mitre, Mitre le dijo: “Ascasubi será siempre su Homero”, en referencia a Hilario Ascasubi, iniciador de la literatura gauchesca. Nosotros podemos decir: el Ascasubi de Borges es Macedonio Fernández. Un escritor conceptual que escribe una novela que son nada más que prólogos, una novela donde se dice cómo se pueden hacer muchas novelas, una novela de la que no se puede decir cómo son los lecto res: una novela no empírica. Macedonio Fernández nunca publicó, no le importaba publicar, le importaba inventar esa forma que después nosotros usamos. Rayuela, de Cortázar, por poner un ejemplo, sería difícil de escribir sin el Museo de la novela de la Eterna. Es otra novela conceptual. Eso se inventó en el Río de la Plata. Lo inventó Borges. Macedonio estaba con él, pero lo inventó Borges.

Borges, además, creaba objetos microscópicos, dominaba el arte de la microscopía. Sus textos son objetos casi invisibles que tienen una gravitación tal que todavía hoy estamos tratando de descifrarlos. Nunca escribió un texto que tuviera más de diez páginas, porque con ese estilo no se puede escribir un texto que tenga más de diez páginas. Más de diez páginas ya le parecía demasiado vulgar. Yo a veces leo novelas de la literatura argentina y de la literatura mundial, si me disculpan el eufemismo, y pienso “qué buen cuento de cinco páginas podrían hacer con esto”. Hay un escritor mexicano que escribió cuatro tomos sobre el nazismo, y eso es “Deuts ches Requiem”. A veces hay cuentos de cinco páginas que generan un impacto mayor y son mejores que novelas de trescientas. En ese sentido, Borges puso el estándar que había que poner. […]

(Fuente: Fragmento de la Primera Clase del Ciclo que Ricardo Piglia dictó en la TV Pública argentina en 2013 y forma parte del libro “Borges por Piglia” publicado por Eterna Cadencia en 2025)

 

Descargar: 

Track 01: Jorge Luis Borges y la Literatura Fantástica (Conferencia de 1963 en Madrid) (43:11)  

Ficha Técnica: Contextualizamos y reproducimos en este informe la Conferencia que brindó el 1 de febrero de 1963 en el Instituto de Cultura Hispánica de Madrid, en la que explora un tema borgeano por excelencia: La Literatura Fantástica. Sobre la base de su característica erudición, Borges presenta orígenes y desarrollo de los tópicos esenciales del género, así como a los autores que le dieron relevancia a lo largo de muchos siglos y hasta milenios de historia.

Link para acceder al vídeo: https://www.youtube.com/watch?v=Arhx-Jtg3WE&t=2059s


Track 02: Jorge Luis Borges se refiere al “Martín Fierro” (Conferencia de 1964 en Madrid) (01:12:00)

Ficha Técnica: En este caso, compartimos la Conferencia que brindó el 19 de noviembre de 1964 en el Instituto de Cultura Hispánica de Madrid, sobre el “Martín Fierro”, José Hernández y el origen y evolución de la poesía gauchesca. Para nuestro conferencista, “Martín Fierro” puede ser un “héroe pendenciero y sanguinario” y, al mismo tiempo, del conjunto de la obra “se desprende una nobleza que sentimos como una buena posibilidad de nuestra alma”.

Link para acceder al vídeo: https://www.youtube.com/watch?v=ImxHX5dFrp0&t=13s

jueves, 14 de mayo de 2026

CD 412 – Con Voz Propia: Alejandro Dolina: Antología (1990-1999)

 

“Los Piolas me Aburren más que los Solemnes”

El escritor, conductor e intelectual, referente de la radio y la cultura, brindó en el Festival del Libro de Chivilcoy una larga entrevista titulada “La literatura más acá de los libros”. Aquí, sus palabras.

El sábado pasado, mientras la lluvia caía insistente y el día se oscurecía, una porción de Chivilcoy fue llenando poco a poco el Club Colón. Sobre el parquet de la cancha de básquet, varios stands de editoriales, y la gente que iba y venía entre los libros. Minutos antes de que el reloj diera las seis, todos se fueron acomodando en torno al escenario —muchos con el mate en la mano— para escuchar al gran invitado del Festival del Libro de Chivilcoy, más conocido como Alejandro Dolina.

Antes de él, estuvo el taller de poesía y oralidad “Los fatales”, tocó el grupo Gulubú y Dino Bercellini entrevistó a la psicoanalista y ensayista Alexandra Kohan. También hubo lectura de poesía a cargo de Alejandro Chuca, Patricia González López, Morena Ponce, Cora Barengo, Sami San Romé, Daniel Casas y Álvaro Cortés, y el escritor chivilcoyano Hernán Ronsino pronunció el discurso de apertura. Y mucho después, ese mismo día por la noche, un after, el Bonnus Flich: en el bar Ruta 30 fueron entrevistados Carla Quevedo, a las 20:30 (el título era “Motín afectivo”), y Walter Lezcano (“Escribir con rock de fondo”), a las 22.

Pero el plato principal de esta segunda edición de la Flich, la actividad más convocante, tuvo como protagonista a Alejandro Dolina. Una entrevista a cargo de quien escribe esta nota, que llevó por título “La literatura más acá de los libros”. Y que empezaba así:

—Le pusimos ese título a esta conversación porque refleja el espíritu de la Flich. Cuando uno piensa en la literatura, piensa en una biblioteca inabarcable, pero hay una literatura que no está tan arriba, tan lejos, y es esa que aún no ingresó a los libros, y que probablemente nunca ingrese: lo literario de las conversaciones cotidianas. Así que la primera pregunta, Alejandro, es en qué lugar ubicabas a la literatura cuando empezaste a escribir y dónde la ubicás hoy, con una obra ya publicada. Si la literatura está allá arriba, está acá abajo, dónde está.

—Una respuesta inexacta sería que la literatura está en todas partes, lo cual significaría que no está en ninguna. Están los libros, está en la imaginación, está en los cuentos, está en los relatos, está incluso en los relatos orales, los relatos familiares que amueblaron nuestra niñez. Las cosas que nos contaban nuestros mayores también eran literaturas. Los cuentos que me contaba mi abuelo mitad para escandalizarme eran también literatura. Después, claro, aparece la literatura artística y mejor todavía aparece la literatura compleja. No podemos decir que todo dé lo mismo. Hay grados de complejidad en el arte y así como a los niños les gustan los cuentos del abuelo a lo mejor hay personas más complejas y prefieren los cuentos de Borges. ¿Cada uno debe buscar la literatura que le convenga?, me lo pregunto. No sé. Lo que yo creo es que los libros -a mí me gusta más hablar de libros que de literatura- son algo bueno, que nos ensanchan los horizontes, que nos hacen mejores. Yo he conocido muchos hombres que no habían leído nunca ningún libro y que eran hombres maravillosos, pero también pienso que esos hombres que eran, sin haber leído, maravillosos, hubieran podido ser mejores todavía si hubieran tenido acceso a los libros. De manera que lo que podemos hacer nosotros es facilitar que la gente se acerque a los libros. ¿Cómo facilitar? ¿Le vamos a dar empujones para que lean? No. Les vamos a dar una buena vida para que lean. El que no tiene para comer, el que no tiene para alimentarse, el que no tiene para aprender a leer o para educarse, entonces la tarea de un gestor de cultura es ayudar a los que quieren leer a que cada vez puedan leer libros mejores y más complejos, porque son bienes culturales a los cuales todos tenemos derecho.

Después, si no los quiere leer, que no los lea, pero ponelo al tipo en situación de que si quiere pueda leer. Y al mismo tiempo, a los jóvenes que quieren escribir libros, ayudar un poco. Hacer un sistema de fomento, algunos son premios, otras son becas. Atrás de todo esto está la educación. Las maestras les dicen a los niños: ‘lean porque el que lee se construye un espíritu y gloria, una vida mejor...’ Y los chicos dice: ‘uh, me tengo que leer todo esto’. Y el mensaje cuál es: beban este trago amargo, que es tener que leer, que después van a aprovechar los beneficios. Yo creo que ese mensaje se equivocado, porque leer es deseable, está bueno. Ahora si vos los espantás diciendo: ‘mañana el que no lee hasta la página 131 le ponemos 24 monedas’. No es esa la manera de acercarse a los libros, al menos no es una manera alegre. Algo que no se dice algo, y yo creo que es cierto, es que la persona que lee, la mujer que lee, el hombre que lee, se convierte en un mejor enamorado. Pero eso no se le dice a los chicos. ¡Deberían decírselo! Si a mí me hubieran dicho eso en la adolescencia hubiera leído mucho más de lo que leí, pero no: me prometieron otras cosas en las cuales yo ni siquiera estaba interesado. Porque la verdad que yo empecé a leer porque me gustaban los libros, no porque quería que me dieran un premio. Me parecía que era divertido leer, que allí encontraba amigos que eran los escritores, los personajes, la historia. Y estaba mucho menos solo. Y ahora también: cuando leo ya no estoy tan solo.

—Es interesante lo que decís porque la idea de este festival, que organizan Sami San Romé y Maxi Gesualdi, es pensar a la literatura desde un lugar de encuentro, no desde ese lugar lejano solemne. Pero también esa solemnidad a veces ayuda, es decir, hay un doble juego entre romper esa solemnidad de la literatura para bajarla un poco a tierra, pero por otro lado es inevitable romantizarla, ¿no? Tiene un costado romántico la literatura. ¿Cómo ves este doble? ¿Dónde ubicas vos tu idea de los libros?

—Está bien lo que decís, En principio hablás de encuentro y la poesía es encuentro: encontrarte con tu lector, encontrarte con tu poeta. El tipo agarra un libro y lee: ‘Margarita está linda la mar, / y el viento, / lleva esencia sutil de azahar; / yo siento / en el alma una alondra cantar; / tu acento: / Margarita, te voy a contar /un cuento’. Entonces se pregunta: ‘Ay, ¿este tipo quién es?’. Este tipo es Rubén Darío. Y si uno escribe a veces tiene la suerte de presenciar ese milagro que es el de encontrar a su lector. ‘Escribí una poesía solo en mi casa, no había nadie, y un día encontré un lector, uno que la leyó y se emocionó, y ya no estoy solo’. En cuanto a la solemnidad, yo creo que a veces es un pecado formal. Hay gente que se esfuerza para escribir de un modo solemne. Y a mí me parece que debe haber literatura solemne cuando los contenidos eventualmente son solemnes, que no es muy seguido. En la vida hace falta un poco de solemnidad.

Supongamos que hay un casorio, un casamiento: el cura le mete un poco de solemnidad. No dice: ‘mirá, fulano, esto es así, ya saben cómo es esto, acérquense al mostrador’. No hace eso, sino que le da un poco de solemnidad, porque el casamiento como ceremonia dura poco. Pero si todo el día uno tuviera que conducirse de un modo solemne y sube al colectivo y le dice al colectivero: ‘señor colectivero, en este acto propongo que constituyamos entre usted y yo un contrato que consiste en el acarreo de mi persona hasta el destino que yo el infiere. A cambio pagaría el justo precio del boleto. Traigo aquí a mi amigo Luciano, que se escribano, y que va a ser...’ ¡No, no se puede ser solemne todo el tiempo! Como tampoco se puede ser piola todo el tiempo. Si está mal ser solemne todo el tiempo, ser un simpaticón que está todo el tiempo haciendo chistes es insoportable. Yo por eso huyo de las personas simpáticas. Tengo amigos que son muy antipáticos, el gesto adusto, apenas si saludan. Y los escritores me gustan también antipáticos, con pensamientos profundos, una cierta tristeza, una cierta melancolía. Melancolía y tristeza que provienen del hecho de ser mortales, de la naturaleza humana trágica. Lamento tener que confesarlo ahora: a veces los piolas me aburren más que los solemnes.

—Y pareciera que estamos en tiempos donde abunda un poco esa idea de lo piola. Quizás nos pasamos de rosca con lo antisolemne y de repente los lugares para hablar en serio, para pensar, para reflexionar para apreciar una obra de arte, con lo que eso significa, parecen empezar a escasear. ¿Hay un abuso ahí de lo piola, del lenguaje de la calle, en el sentido de lo superficial, de lo rápido?

—Yo creo que a lo mejor la calle no es tan buena como dicen. Especialmente en la Ciudad de Buenos Aires está la superstición acerca de la universidad de la calle. Y yo lamentablemente estuve mucho en la calle; digo lamentablemente porque me hubiera gustado cambiar ese demasiado tiempo que estuve en la calle por otros lugares. Si querés te digo lo que se aprende en la calle, lo sabemos todos. Si tenemos mucha suerte aprendemos a ser solidarios, aprendemos a captar el sufrimiento ajeno, aprendemos a que nos duela como propia la cicatriz del otro, pero eso si tenemos mucha suerte. Si no tenemos mucha suerte, aprendemos a ser malandros. La universidad de la calle no enseña mucho. Esa viveza, esa facilidad para decir malas palabras que suele informar al piola de la televisión. Y peor: postular a ese personaje como algo deseable para las nuevas generaciones a mí me parece una desgracia. No es porque quiera que todos se reciban de abogados. ¡Dios mío, imagínense! En ese caso preferiría que fueran chorros. Pero también es cierto que hay una cierta exageración en los bienes de la calle. Recién conversábamos sobre una situación supuesta. El conductor de un programa X, que seguramente estudió, o a lo mejor estudió en la universidad del Estado, o en una privada, y tiene un diálogo, ya sea con un jugador de fútbol o con una persona que no ha estudiado, que no ha tenido esa suerte, que no ha llegado al colegio secundario tal vez. Entonces el tipo empieza a relacionarse y a dialogar con ese tipo y se hace el que él mismo habla mal, se hace el que él dice muchas malas palabras, muchas, pero muchísimas. Yo no me voy a soltar de las malas palabras, pero creo que las malas palabras tienen un lugar.

Si vos solamente hablas como las palabras, no para dar relieve a lo que estás diciendo ni para incluso escandalizar. ¿Qué hago yo cuando mi propósito es escandalizar? Digo una mala palabra. Cuando me propósito es explicar prefiero no decirlas. Y hay gente que dice malas palabras por pobreza del lenguaje y, peor todavía, como en el caso de estos entrevistadores, para hacerse los que pertenecen al mismo mundo: ‘mirá, yo soy como vos, digo malas palabras, soy como vos, conjugo mal los verbos’. ¿Qué es esa clase de ficción, de actuación? Se ve todos los días. Ojalá que todos pudieran llegar a la universidad. No es estrictamente necesario. Ojalá todos pudieran disfrutar de la poesía, ojalá todos pudieran escribir poesía. Lo que tenemos que hacer nosotros es que ayudar al que lo desea. No obligar al que no tiene esa clase de interés, porque hay otros interese. Esto es un encuentro de poesía, un encuentro literario, pero mañana mismo podemos hacer un encuentro de papifútbol, qué sé yo. Así que no hay que sacralizar tanto, pero tampoco hay que perder de vista la diferencia entre lo que es excelente y lo que es una gilada.

—Antes de subir al escenario comentábamos la idea de que a la poesía, esa forma de mirar la realidad desde un ángulo un poco más estético, distorsionado pero estético, se la puede encontrar en todos lados. No que está en todos lados, sino que se la puede encontrar en todos lados.

—¡Claro! ¡Es el poeta el que está en todos lados, no la poesía! Pero si no está el poeta que la encuentra es lo mismo que decir que en algún lugar de Chivilcoy hay un tesoro enterrado. El poeta es el que encuentra la poesía allí donde está. Si no hay poeta, no hay poesía en las flores ni en los amaneceres ni en los amores viejos ni en un silbido en la noche. El poeta es el que hace que ese silbido sea poesía. La poesía es creación del poeta. Como en todas las artes, un poco de artificio, un poco de miel y un poco de sangre, como decían los mitos nórdicos: hablaban de una hidromiel, una bebida que vos te la tomabas y eras poeta, y esa bebida estaba hecha con la miel más dulce y con sangre. Y de eso está hecha la poesía: de dulzura, de miel, de amor, y de sufrimiento, porque así es la naturaleza humana. Había unos enanos en los mitos nórdicos que destilaban esa bebida, esa hidromiel de la poesía y al final fue el príncipe de los dioses nórdicos, que se llama Godín, y se la afanó. Si afanó unas cuantas botellas. Y se vació una damajuana de un saque y desde entonces solo habla en verso.

—Y hay otro costado dentro del amplio universo de la literatura que podría pensarse como la filosofía, que es ver la realidad desde un punto de vista distorsionado, ya no desde el lugar estético, sino desde el lugar de la duda, del interrogante, de la reflexión.

—Hay narradores que no tienen un sustrato filosófico, y son igual buenos. Pero los mejores que cuentan un cuento y detrás del cuento, como una sombra platónica proyectada en el fondo de la pared, aparece una reflexión sobre la naturaleza humana que no estaba en el cuento. Esos son los escritores filosóficos que te hacen pensar, después de todo, qué es la vida. ¿Y cuáles son las preguntas filosóficas? Son maravillosas y tendríamos que hacérnosla. Y no es que uno empiece por allá arriba. Hablábamos el otro día con Darío Sztajnszrajber y él, citándome a un filósofo que se llama Derrida, me decía: ‘¿Es posible el perdón?’ ¿Cómo funciona el perdón? ¿Por qué siempre que perdonamos a alguien le pedimos a la persona que es perdonada que nos devuelva algo a cambio del perdón algo que puede ser el arrepentimiento, cambiar su conducta, una disculpa formal, algo? ¿Y es posible dar el perdón gratuitamente? Y Sztajnszrajber analizaba casos de perdones y siempre hay algo que le estás pidiendo al que perdonar; no lo perdonás gratis. ¿Es posible este acto de dar el perdón sin pedir nada, ni siquiera un reconocimiento? Esa es una pregunta filosófica.

La filosofía no es algo que está lejos de nuestra vida, sino que está continuamente en nuestra vida. El perdón, el amor... ¿es posible el amor? ¿Es realmente, como por ahí pretenden hacernos creer, una situación mercantil? Esa novia que viene y te dice: ‘¿vos me querrás tanto como te quiero yo?’ Me está diciendo: ¿será la operación mercantil en que el amor consiste? Habría que empezar a preguntarse si no conviene cambiar el paradigma de nuestros pensamientos respecto del amor y no considerarlo como una cosa conveniente que se calcula. Sino todos nos casaríamos con abogadas de 33 años con propiedades en Alberti. Y no, afortunadamente, el amor que sucede o que nos parece que sucede es otro que no no tiene tanto ‘te doy’, tanto ‘me das’, que no es una operación mercantil. Pero todas esas cosas te las enseña a pensar la filosofía y los autores filosóficos presentan esos temas. No solamente cuentan cuentos en donde alguien remonta un río y encuentra la fuente del Nilo. A veces, muchas veces, siempre me gustaría decir: hablan de la naturaleza humana, siendo esta trágica.

—Quisiera volver sobre la lectura porque si bien, Alejandro, vos sos escritor, tenés otro costado, el radiofónico, donde la palabra hablada es fundamental: como si se pudiera hablar escribiendo o escribir hablando. ¿Esta capacidad tuya se debe fundamentalmente a la lectura o tiene que ver más con la experiencia?

—Hay gente que habla y parece que estuviera. Leyendo. Leyendo mal incluso. Yo no sé si me gusta tanto eso. Las personas que construyen su discurso de una forma tal que parece que se lo hubiera traído escrito desde su casa. En ese caso es preferible, sí, traérselo escrito desde su casa. Es una cuestión personal, de dotación personal. Hay un gran escritor ruso, Vladimir Nabokov, que era absolutamente incapaz de hablar en público. Ni siquiera hablar en público, era incapaz de contestar preguntas que le hacían los periodistas. Sí las contestaba, pero del siguiente modo: le mandaban los periodistas las preguntas escritas y él escribía las respuestas. Imagínense que hiciéramos esto aquí. Vos tendrías que escribirme en un papel la pregunta, yo escribiría la respuesta y vos la leerías. Quiere decir que Nabokov, que era un señor que trabajaba con la palabra y un maravilloso escritor, no tenía eso que algunos llaman elocuencia, facilidad de palabras, y que a lo mejor es un don más bien de vendedores y no de poeta. Pero no quiero desmerecer a muchos que lo tienen y que yo he visto en acción, personas de una gran elocuencia que incluso eran capaces de improvisar versos.

Yo he visto en acción a poetas repentinos, los payadores, como José Curbelo, capaces de unas maravillas verbales y repentinas hechas en el mismo momento. Pero es otra, no es escribir. Por ahí cuando los payadores se escriben no te conforman porque pensás que esos versos están bien si están improvisados, si están pensados ya no tanto. Quiere decir que son cosas distintas. A mí me ha tocado ejercer un poco de las dos, de manejar la palabra hablada, que es la radio, que es más fácil, y manejar la palabra escrita, que es más difícil, aunque parezca más fácil. Parece más fácil porque vos tenés tiempo. Y es más difícil porque vos tenés tiempo.

—Hoy hablabas de gente que no ha leído un libro. También están los escritores que nunca han leído un libro. Pero en tu último libro, Notas al pie, Vidal Morozov, su protagonista, que es un gran lector y escritor, ensayó un curioso mecanismo de crítica literaria. Como mucha gente le mandaba sus libros para que los leyera, le diera una devolución o haga una crítica, y claro, no tiene tiempo, ideó un texto muy académico, muy intelectual, que funciona perfectamente sin la necesidad de tener que haberlo leído. Y ahí hay una cita muy interesante. Morozov dice: ‘Leer un libro es no leer otro’.

—Esa es la desesperación del que entra en una librería. Algunos que yo conozco dejan de leer a los nuevos escritores. Y dicen: ‘¿cómo voy a leer este pibe que yo no sé quién es? Va a ser un libro menos de Dickens que voy a leer’. Bueno, es una economía difícil. Pero lo que hacía Morozov, para no tener que andar leyendo los libros que tenía que criticar, había inventado una crítica que servía para cualquier libro. Estaba escrita de un modo tal que no importaba el libro al cual fuera aplicada, servía para cualquier libro. ‘A ver, hágame una crítica de La isla del tesoro’. ‘El que toca este libro toca un hombre’. Claro, ya está. Morozov es el personaje de un libro que escribí yo, que el señor ha tenido la gentileza de leer. Pero hay gente que cree que es mejor no leer, siendo escritor, para no contaminarse de las ideas de los otros.

Yo escuché un director de cine decir que él no iba a ver película porque tenía miedo que viendo otras películas se le contagiaran las mañas de otros directores. ¡Oh, guarda! Es un gesto de soberbia como no he visto otro en la región que va desde Trenque Lauquen hasta Luján. ¿Cómo no vas a leer, cómo no vas a ver películas? ¿Y qué te crees, que vas a ser tan piola que vas a inventar la rueda, que vas a inventar la literatura vos solo a partir de la nada? Sin embargo, es muy frecuente, ocurre mucho por ahí, no solo en lo literario, ocurre en el pensamiento, en la política, en los sucesos de todos los días. Siempre hay en todas las pizzerías un tipo que no tiene muchos conocimientos y sin embargo -otra vez los piola- cada vez que hay un crimen el tipo sabe quién fue, cada vez que hay un robo el tipo sabe quién fue el que se la afanó. Y el tipo tiene, sin haber recorrido ni medio metro, teoría sobre todo lo que pasa en el universo. Bueno, así son algunos directores del cine y así son algunos escritores.

—Morozov también tiene lo que él llama a amenuenses. Morozov le dictó mucho de sus textos a sus asistentes y en un momento se dio cuenta que, al releerlos, no eran los textos que él había escrito. Hay una frase muy linda que me la anoté: ‘Deberé aprender a aceptar estas obras ajenas como mías y a comprender que después de todo uno no es del todo uno. Tal vez es de mal gusto empecinarse en ser alguien en un universo tan complejo y tan cambiante’.

—Morozov decía: ‘Cópieme esto’. Y a los días decía: ‘¡Esto no es lo que yo escribí!’ Y a uno, aunque no use amenuenses, le pasa lo mismo. Uno mismo escribe, vuelve a leer lo que escribió a la semana y dice: ‘Esto no es lo que yo escribí’. Y tiene razón: no es. Y peor todavía: no es uno, ya no es el mismo. Nosotros tenemos un programa de radio hace treinta y tantos años, y todos nos dicen: ‘¿Cómo hace usted para no aburrirse de hacer el mismo programa durante tanto tiempo?’ Es que no es el mismo programa y tampoco nosotros somos los mismos. No es que haya cambiado un tipo por otro. Supóngase que estuvieran todos los del primer día, empezando por mí, yo no soy el tipo que era ese treinta años. Yo escucho los programas de hace treinta años y no los reconozco ni como míos ni como pertenecientes a mi historia ni los volvería a hacer así.

El hombre de hoy sustituye al de ayer: vamos creciendo y vamos cambiando, y estas modificaciones no son catastróficas. No es que a partir de hoy a las ocho de la noche voy a hacer una persona decente. No. Uno se va convirtiendo en un chorro de a poco, con los minutos, hasta que llega un punto en que uno ya no es el mismo, no se reconoce, y sin embargo te dan un documento de identidad. Yo miro el documento de identidad y ese documento asegura que yo soy el mismo tipo que era hace veinte años. ¡Mentira! Pero es necesario para que para que uno pague los créditos para que uno haga honor a sus deudas. Imagínense si uno no garpara lo que debe con el pretexto de que ha cambiado. No sería un mal pretexto para esgrimir frente al Fondo Monetario Internacional diciéndole que ya no somos el mismo país que éramos cuando nos la prestaron.

—Y en ese sentido hay una excusa, un escape que toman muchos escritores, luego de una obra publicada: decir ‘yo hablo por mi obra’, ‘yo soy mi obra’, ‘mi obra habla por mí’.

—Yo no sé quién soy.

—¿Vos hablás por tu obra, Alejandro, o tu obra habla por vos?

—A veces la obra toma rumbos que uno no puede conducir adecuadamente y se va, se va, se va sola. Uno dice a veces: ese no soy yo. Hay a veces la pluma, la mano, que toman otros rumbos. Como el tipo de los amanuenses, hay que aceptar lo que uno escribió no siendo uno. Pero eso de decir ‘yo soy mi obra’... ¿Qué mi obra? Uno se sienta y hace lo que puede, escribe un libro, por ahí le sale bien. ¿Con qué cara le voy a decir a un tipo ‘miren, y soy mi obra’? Déjense de embromar. Usted conoce una mina, por ejemplo, y la invita a tomar un café. Y la mina te dice: ’¿y vos cómo sos?’ ‘Bueno, mirá, yo soy mi obra’. Si yo fuera la mina me iría inmediatamente para encontrarme un tipo que no sea su obra sino él o alguien, qué sé yo, no lo sé.

—Con la literatura surge siempre la pregunta de para qué leer. Suelen haber dos caminos posibles, quizás ninguno definitivo: que la literatura es una resistencia a estos tiempos difíciles y que la literatura es un refugio donde meterse y esperar a que los malos tiempos pasen.

—Podríamos decir desde el punto de vista científico que un ser humano, una mujer, un hombre, es un sistema en un entorno. El entorno sería el mundo, el resto de las personas. Entonces el sistema se relaciona con el entorno de distintas maneras. ¿Qué le interesa al sistema? Sobrevivir en el entorno. Si el sistema es una piedra no tiene mucho que hacer porque lo que quiere la piedra es seguir estando allí y nada más. Lo que quiere una ameba es un poco más complejo, lo que tiene un mono un poco más, y el ser humano ya tiene más cosas. Entonces necesita, para relacionarse con el entorno y no sucumbir, pensar, necesita anticiparse al entorno, necesita cambiar de entorno si no fuera posible este sobrevivir en el que le tocó. Necesita caminar, ver, percibir, teorizar, escribir teorías, pero entre todas las cosas que necesita para estar vivo, para seguir viviendo, para seguir estando, para que no se lo coma un depredador, está la poesía, está la lectura. Si no hubiera poesía nos moriríamos. El ser humano necesita del romanticismo por la misma razón que necesita el oxígeno: porque si no se moriría. O sea que no es un refugio ni un pasatiempo, es algo que si no existiera nos haría tan desgraciados que tarde o temprano nos moriríamos de tristeza.

—Alejandro, ¿creés que son tiempos difíciles para la poesía?

—Para la gente son difíciles, para todos nosotros que estamos aquí, para los que están afuera de aquí, y particularmente en la Argentina. Son tiempos difíciles en el mundo. Hay desigualdad e injusticia en el mundo. Y en la Argentina vivimos esos problemas, quizás con más intensidad que en otros lugares. Esto está condimentado con unas pimientas de odio y de intolerancia que lo hacen todavía más difícil de soportar. De manera que tenemos que pensar mucho en lo que hacemos, lo que decidimos, pero también en cómo nos relacionamos justamente con aquellos que hacen que este mundo sea difícil. Ahí están los filósofos también, si es que no los políticos, para resolver cuál es nuestra respuesta ante el sufrimiento del otro.

La respuesta que yo propongo aquí es que, en estos tiempos difíciles desde lo político, se aplique la misma solución que hemos propuesto para los asuntos poéticos. ¿Cuál es? ¿Qué es lo que se propone en el centro de la poesía? El otro. Si no estuviera el otro, para qué vas a escribir poesía, ¿para vos? Y en este caso, también, si se trata de pensar en términos políticos, pensemos en el otro. Nada más que eso. Como principio: el otro, ver qué le pasa al otro. Socorramos al que anda en la mala. Socorramos al que esté sufriendo, al que lo necesita. Si podemos hacer eso, está bien. Y si podemos escribir un buen verso para que el que sufre lo lea y se consuele, mejor todavía.

"Socorramos al que esté sufriendo, al que lo necesita. Si podemos hacer eso, está bien", dice

—Te escuché hablar, Alejandro, de la idea de la felicidad compartida, sobre todo en tiempos donde parece reinar cierto individualismo. ¿Por qué la necesidad de una felicidad compartida?

—Lo que no se puede, salvo que no sea un canalla, es ser feliz rodeado de gente que sufre. Tuvimos una entrevista donde aparecía este asunto. Contaba yo, arriba, estábamos hablando, en una entrevista para la televisión, de una situación entre el cielo y el infierno. Según algunas concepciones medievales, los bienaventurados pueden ver cómo sufren los del infierno. Dice ese relato que los bienaventurados, al ver cómo sufren los malvados que están en el infierno, se regocijan y esa forma es parte de su felicidad. No quiero esa felicidad. Están los tipos en el infierno, ahí, con el fuego, y después están los tipos que los ven y se burlan de ellos. ¿Esos son los buenos? Vamos a pensar las cosas a ver quiénes son los buenos y quiénes son los malos. Yo creo que lo mejor es estar siempre del lado del que no se burla, del lado del que da, del lado del que ayuda. No es fácil, pero es un principio.

—Bueno, y para ir cerrando, abogando a la idea de este festival, de la literatura como encuentro, ¿creés que la literatura, el arte, la cultura es un poco una salida, o una entrada quizás, para tiempos mejores?

—Eso es según. Eso es según. Hay cosas que son importantes, pero no urgentes. Los asuntos culturales están todos fenómenos, pero imaginemos un pueblo que no tiene agua potable y no tiene universidad. Y todos sabemos qué es más importante la universidad que la canilla, pero también sabemos que primero hay que poner la canilla. De la cultura, en el sentido clásico, el arte, la ciencia y la filosofía de un pueblo, podemos hablar. Y también podemos esperar. Hay otros asuntos que no esperan, que se llevan la vida de las personas. Uno puede creerse o autopercibirse como un hombre de la cultura, pero el sufrimiento está ahí es urgente y es para hoy. Cuando tenemos cuando tengamos un poco de tiempo hablamos de poesía. Hoy, por ejemplo.

(Fuente: https://www.infobae.com/cultura/2023/09/06/alejandro-dolina-los-piolas-me-aburren-mas-que-los-solemnes/)


Descargar: 

Track 01: “Añoralgias” (Zamba Catástrofe) (09:19)

Ficha Técnica: La Barra de Dolina” (Fragmento). Participan: Alejandro Dolina canta con “Les Luthiers”, 10 de mayo de 1990.

Track 02: “El Buda” (12:29)

Ficha Técnica: “Venganzas del Pasado”. Participan: Alejandro Dolina y Guillermo Stronati. Radio Nacional, 21 de noviembre de 1991.

Track 03: “Mitos Sudamericanos” (30:41)

Ficha Técnica: “El Ombligo del Mundo” – Otros Contenidos: “Poemas de lectores de la Revista Tú” y “Mis Padres No Me Dejan Tener Novio” Participan: Alejandro Dolina y Jorge Dorio. Radio Nacional, 30 de diciembre de 1992.

Track 04: “La Invención de la Enciclopedia” (19:20)

Ficha Técnica: “La Venganza Será Terrible” Participan: Alejandro Dolina, Guillermo Stronati y Jorge Dorio. FM Tango, 3 de julio de 1993.

Track 05: “El Alma Que Canta” (Radio Cine) (28:28)

Ficha Técnica: “La Venganza Será Terrible” Participan: Alejandro Dolina, Jorge Dorio, Gabriel Rolón, Sonia Rolón, Ana Naón y Guillermo Stronati (Relator). Radio Continental – AM 590, 25 de abril de 1994.

Track 06: “Intriga en Verona” (Romeo y Julieta al estilo Dolina) (Radio Cine) (37:19)

Ficha Técnica: “La Venganza Será Terrible” Participan: Alejandro Dolina, Elizabeth Vernaci, Gabriel Rolón, Ana Naón, Javier Zéntner, Sonia Rolón, Fernando Marzán (Piano) y Guillermo Stronati (Relator). Radio Continental – AM 590, 10 de mayo de 1995.

Track 07: “Playa Peluda” (09:58)

Ficha Técnica: “La Venganza Será Terrible” Participan: Alejandro Dolina, Elizabeth Vernaci, Gabriel Rolón y Guillermo Stronati. Radio Continental – AM 590, 12 de julio de 1996.

Track 08: “Yo Fui Sifonero” (17:39)

Ficha Técnica: “La Venganza Será Terrible” Participan: Alejandro Dolina, Elizabeth Vernaci, Gabriel Rolón y Guillermo Stronati. Radio Continental – AM 590, 22 de mayo de 1997.

Track 09: “¡Ay!, Mi Hijo se Tragó Algo” (24:59)

Ficha Técnica: “La Venganza Será Terrible” Participan: Alejandro Dolina, Elizabeth Vernaci, Gabriel Rolón y Guillermo Stronati. Radio Continental – AM 590, 30 de mayo de 1998.

Track 10: “Cómo Arreglar el Riel de la Persiana” (30:47)

Ficha Técnica: “La Venganza Será Terrible” Participan: Alejandro Dolina, Gabriel Rolón y Guillermo Stronati. Radio Continental – AM 590, 30 de abril de 1999.

(Fuente: https://venganzasdelpasado.com.ar/)