miércoles, 14 de noviembre de 2018

CD 215 – Taller de Ficción Radiofónica

Usina de Sonidos

Del 30 de agosto al 1 de septiembre de este año, en la Universidad Nacional de Quilmes se realizaron las XII Jornadas Universitarias “La Radio del Nuevo Siglo”. Entre las múltiples y enriquecedoras actividades destinadas tanto para Docentes, Investigadoras e Investigadores y Profesionales de la Comunicación Radiofónica, se desarrolló un Taller destinado exclusivamente a las y los Estudiantes de Grado en el marco del VI Foro Estudiantil “Nosotros/as & la Radio”.

El Taller Intensivo dedicado a la Ficción Radiofónica estuvo coordinado por los inquietos y entrañables Marcelo Cotton (Fundador de la Asociación Civil Narrativa Radial -Centro de Formación, Estímulo y Creación del Relato en Radio) y Pablo “Perro” Morelli (Director Artístico de Radio UNER Paraná, FM 100.3)

“La capacitación en ficción no sólo sirve para contar historias entretenidas, también para agudizar los sentidos, afilar la mirada, cuestionar los pensamientos y re-presentar las realidades donde el hacer está en manos de fuerzas protagonistas.”

Con este norte, durante esa intensa jornada transcurrió este Espacio provocativo que sigue imaginando a la Radio como una de las ventanas que permanece abierta para asomarse a los recovecos de la Imaginación.

En esa Usina Creativa que fraguó estas Piezas Artísticas se fraguaron los distintos elementos narrativos del Lenguaje Sonoro y Radiofónico para Narrar Historias. Uno de ellos es la Música. A través de los Usos de la Música, las y los participantes del Taller abordaron un proceso creativo y sensorial que desembocó en estas situaciones de Ficción breves que combinan Voces, Sonidos movilizadores y Músicas.

(Para cambiar de track presione >>)

Descargar:

Realizadora: Wilma Beatriz Piriz. Grabación en Estudio y Edición: María Magdalena “Magui” Lemos Arias.

Realizadora: Luciana Mazzini Puga. Grabación en Estudio y Edición: María Magdalena “Magui” Lemos Arias.

Realizadora: Patricia Lorenzo. Grabación en Estudio y Edición: María Magdalena “Magui” Lemos Arias.

Realizadora: Karina Aguayo. Grabación en Estudio y Edición: María Magdalena:“Magui” Lemos Arias.

Realizadora: Aylen Corte. Grabación en Estudio y Edición: María Magdalena “Magui” Lemos Arias.

Realizadora: Daniela Bustos. Grabación en Estudio y Edición: María Magdalena  “Magui” Lemos Arias.

Realizadora: Milena Morbelli. Grabación en Estudio y Edición: María Magdalena “Magui” Lemos Arias.

martes, 30 de octubre de 2018

CD 214 – Ernesto Che Guevara (II): Los Sentidos del Deber Histórico


Octubre 9

Yo lo ví Que me Veía

Eduardo Galeano *

“En 1967, cuando el Che Guevara yacía en la escuela de La Higuera, asesinado por orden de los generales bolivianos y sus lejanos mandantes, una mujer contó lo que había visto. Ella era una más, campesina entre los muchos campesinos que entraron en la escuela y caminaron, lentamente, alrededor del muerto:

- Pasábamos por allí y él nos miraba. Pasábamos por allí y él nos miraba. Él siempre nos miraba. Muy simpático era.”

* (Fuente: “Los Hijos de los Días”, de Eduardo Galeano. Buenos Aires. Siglo Veintiuno Editores, 2012 )

(Para cambiar de track presione >>)

Descargar:





Producción General y Edición: Blanca Curia

viernes, 12 de octubre de 2018

CD 213 – Ernesto Che Guevara (I)


 “No Se Vive Celebrando Victorias, Sino Superando Derrotas”

Octubre 8

Los Tres
Eduardo Galeano *

“En 1967, mil setecientos soldados acorralaron al Che Guevara y a sus poquitos guerrilleros en Bolivia, en la Quebrada del Yuro. El Che prisionero, fue asesinado al día siguiente.

En 1919, Emiliano Zapata había sido acribillado en México.

En 1934, mataron a Augusto César Sandino en Nicaragua.

Los tres tenían la misma edad, estaban por cumplir cuarenta años.

Los tres cayeron a balazos, a traición, en emboscada.

Los tres, latinoamericanos del siglo veinte, compartieron el mapa y el tiempo.

Y los tres fueron castigados por negarse a repetir la historia.”

* (Fuente: “Los Hijos de los Días”, de Eduardo Galeano. Buenos Aires. Siglo Veintiuno Editores, 2012 )

(Para cambiar de track presione >>)

Descargar:





Producción General y Edición: Blanca Curia


viernes, 28 de septiembre de 2018

CD 212 – Con Voz Propia: Osvaldo Soriano


El escritor que no debía ser

Por Juan David Correa Ulloa

¿Por qué lo despreció la crítica? ¿Por qué a diez años de su muerte aún se debate si era un escritor comercial y no un escritor serio? Especiales en diarios vuelven a revivir la polémica. Osvaldo “el Gordo” Soriano se fue sin saberlo, pero sus libros hablan por él.

--------

Lo primero que oyó el escritor Osvaldo Soriano sobre literatura fue una frase del novio de su prima: “Sos un ignorante”. Tenía casi veinte años y jamás le había preocupado leer libros. Apenas había terminado la primaria. Y su vida había sido un ir y venir a través de pueblos de la pampa detrás de los impulsos comerciales de su padre. Juan Campagnole se llamaba ese muchacho algo mayor que días después de insultarlo le prestó Soy leyenda, una novela de ciencia ficción de Richard Matheson, que Soriano no pudo soltar hasta acabarla en pocos días. 
Osvaldo Soriano murió hace diez años en Buenos Aires y siempre se sintió perseguido por esa frase. Nunca terminó la primaria (aunque algunos dicen que hizo hasta segundo de bachillerato), pero se convirtió en el autor más exitoso a nivel de ventas en la Argentina post-dictadura. Ventas que le causaron el desprecio de la crítica y la academia y que aún hoy siguen levantando polémicas entre los intelectuales argentinos. 
Soriano pasó siete años más en Tandil, el pueblo en el que se inspiraría para crear Colonia Vela, un pueblo perdido de la provincia, que aparece en varias de sus novelas. Allí trabajó como redactor de El Eco de Tandil, y leyó todo lo que Campagnole le prestó. A pesar de estar en la liga de fútbol del pueblo, poco a poco se alejó de las canchas para consumirse en Dostoievski, Flaubert, Maupassant o Quiroga. Fue tal la impresión que le causaron las historias de Quiroga, que a los veintiséis años, y tras firmar un contrato para hacer parte de la redacción de la revista Semana Gráfica, en Buenos Aires, lo primero que hizo fue ir hasta la farmacia en donde el escritor de Cuentos de amor, de locura y muerte había comprado el cianuro para suicidarse el 19 de febrero de 1937. 
Su escuela periodística la hizo con gente como Rodolfo Walsh, ese reportero que contaba historias policiales como si fueran novelas y a quien la dictadura desapareció, el hoy reconocido periodista y novelista Tomás Eloy Martínez, el poeta Juan Gelman o el autor de Luna caliente, Mempo Giardinelli, en impresos como Proceso o Panorama. En 1973 Soriano ya era un cronista con algo de vuelo literario que soñaba con escribir una novela. Enviado a Los Ángeles para un cubrimiento, entendió que su primera historia les debía mucho a los cines de su infancia en pueblos como Cipolletti, adonde no llegaban ni Flaubert ni Maupassant, pero sí El Gordo y el Flaco. Hacía poco había descubierto además El largo adiós, de Raymond Chandler, una novela cuya frase final le serviría para titular la suya: Triste, solitario y final
Desde ese momento Soriano comenzó a representar para la crítica “el escritor que no debía ser”. Eran los años setenta y aún se sentían los vientos de mayo del 68 que habían proclamado la muerte de la novela. La academia se preocupaba sólo por el lenguaje y no por las historias. Y a Soriano, precisamente, lo que le gustaba eran las tramas. 
Poco a poco, Soriano se fue convirtiendo en un escritor de lectores, alejado de la crítica. Pero en 1976, debido a una delación que lo acusaba de apoyar a la guerrilla, debió exiliarse. Primero fue a Bélgica. Vivió en el sótano de un cuarto y comenzó a soñar con esos pueblos de su infancia en donde se oían tangos, se veía cine, se preparaba el asado, se jugaba fútbol y se hablaba de política. Precisamente de la letra de Mi Buenos Aires querido, cantado por Gardel, saldría su segunda novela: No habrá más penas ni olvido. La novela no pudo editarse en la Argentina de la dictadura de Videla. Pero algunos ejemplares llegaron y la crítica fue mordaz. No habrá más penas… es la historia de un conflicto menor entre dos facciones de peronistas que cobra tintes de guerra civil. La crítica Liliana Heker publicó una durísima andanada en contra de la novela diciendo que no era una parodia sino una simplificación de la realidad. “En la novela no hay más que peronistas: peronistas buenos y peronistas malos”. 
Una vez más, a pesar del momento social tan crítico en el país, se revivieron viejos debates que opusieron la literatura de Soriano a la de escritores como Juan José Saer. En todo caso, el asunto no fue una novedad: en los años veinte, la polémica entre los seguidores de Jorge Luis Borges y los de Roberto Arlt, o los de Florida contra los de Boedo (la elegancia contra lo popular), había tenido los mismos tintes de fanatismo literario. Soriano era un blanco perfecto para oponerlo a Saer: Soriano escribía como un Ross McDonald argentino, se valía de la novela negra norteamericana, sus personajes hablaban como en la calle, y para los puristas, como la Heker, eso no era, precisamente, alta literatura. 
En Cuarteles de invierno, publicada en 1980, también en el exilio, un cantor de tangos y un boxeador deambulan perdidos por Colonia Vela militarizada y comprenden que sólo son títeres de un poder anónimo. Todo escrito de una manera profundamente sencilla: diálogos insustanciales sobre cosas cotidianas, pasajes memorables en los que se discute de política, recuerdos que se mezclan y amistades que se fraguan por necesidad. Ese Soriano, que se había hecho amigo de Julio Córtazar en París, y que publicaba la revista Sin Censura, recibió los mismos ataques del autor de Rayuela: cuando un escritor habla y escribe de política ya no es un escritor, es un divulgador de ideas. 
Soriano alcanzó un primer éxito en países como Italia, Alemania y Polonia en donde sus primeras tres novelas fueron traducidas. Por ello, cuando la junta militar cayó, en 1983, Soriano regresó de su exilio parisino y, de repente, sin previo anuncio, sus libros se volvieron exitosos. Ese año se editaron sus dos novelas que ya habían sido traducidas. Con mayor o menor suerte, el periodista exiliado, el hincha de San Lorenzo de Almagro, el tipo que leía en desorden –desde Bret Harte hasta Graham Greene– y que creía una injusticia que no le hubieran dado el Nobel a Georges Simenon, se convirtió en un escritor vendedor en su propio país. Eso hizo que un sector de la intelectualidad lo despreciara aún más. Soriano se convirtió para sus detractores en una figura de una increíble bonhomía, sobre el que se contaban anécdotas increíbles, de quien se decía que dormía por el día y trabajaba por las noches y amaba a los gatos sobre todas las cosas, pero para quienes sus libros eran movidas comerciales. 
Diez años después de su muerte, por insólito que parezca, la polémica ha vuelto a renacer. Radar, el suplemento cultural de Página 12, recordó a Soriano, y entre sus artículos se vuelven a escuchar las frases de la discordia. Lo mismo en el suplemento Ñ del diario Clarín. El escritor José Pablo Feinmann, en un texto recuperado del libro Osvaldo Soriano, un retrato, de Eduardo Montes-Bradley, dice: “En este país hay estrategias de lectura, y esas estrategias lo jodieron bastante al Gordo. Durante toda la década del ochenta hubo en la universidad, en la academia, digamos, hubo un academicismo muy marcado que lo tomó al Gordo como la figura del escritor que no debía ser”. Es decir, una pelea entre los que narraban y los que no narraban. “El Gordo cae ahí, agrega Feinmann, como la víctima absoluta porque es considerado el tipo que narra, que narra sencillamente, fluidamente, que cuenta una historia que entretiene al lector, que vende muchos libros”
Hay una anécdota que puede servir para ilustrar el desprecio que sentía una parte de la academia por Soriano, recuperada por el periodista Guillermo Saccomano en Radar. Beatriz Sarlo, una de las críticas y académicas más reputadas de la Argentina, lo invitó al volver a la Argentina a una charla en una universidad y cuando llegó los alumnos no pararon de reírse del hecho de que sólo hubiera hecho la primaria. Soriano se deshizo. La misma noche llamó a su amigo Osvaldo Bayer y este contactó al escritor Ricardo Piglia para hacer un acto de reivindicación. Piglia invitó a Soriano a su cátedra de Derechos Humanos y comenzó la clase diciendo que ninguno de los tres más grandes escritores argentinos había terminado la primaria: Borges, Arlt y Sarmiento
Soriano apareció en un momento de crisis profunda para “develar la anomalía”, como dijo el periodista Félix Samoilovich: “Los intelectuales son normalizadores, el saber universitario es un saber de la estructura, de la normalización, de la generalidad. El arte es lo contrario: es el detalle, es lo anómalo, es lo que se desvía. Él tenía una percepción espontánea y me parece que es el secreto de lo que escribía, poder aprovechar esas pequeñas cosas que no tienen ninguna importancia y a las que él les daba valor, sin tener ninguna idea preconcebida de la literatura”
En 1986 Soriano cambió de registro. Se alejó de Colonia Vela, del mundo de sus primeras novelas y se inventó A sus plantas rendido un león, la historia del cónsul Bertoldi, perdido en un país africano que debe salvar el honor de su país en medio del conflicto de las Malvinas. No habrá más penas… y Cuarteles de invierno se llevaron al cine y Soriano se convirtió, además, en editorialista fundamental del diario Página 12, un periódico que ayudó a fundar en 1987 inspirado en Le Canard Enchaîné francés, en el que escritores que abiertamente pertenecían a la izquierda hicieron del periodismo un ejercicio de análisis y reflexión para un país que entonces no podía olvidar el horror de la dictadura. 
Soriano jamás pudo quitarse de encima la idea de que no era respetado por la intelectualidad. Eso le pesó pero no le quitó corazón a novelas que hoy son clásicos: en 1990 publicó Una sombra ya pronto serás (llevada al cine en 1994), una novela de carretera en la que dos personajes atraviesan el país y se juegan sus recuerdos al truco; luego vendría El ojo de la patria, o la historia de espionaje de Julio Carré que debe repatriar la momia de un prócer de la patria, y La hora sin sombra en 1994, como un guiño a sus detractores cuyo título proviene de un poema de Borges y que es una hermosa indagación en la figura de su padre. Soriano recibió una carta de Adolfo Bioy Casares en la que le decía que era la mejor novela que había leído en esos últimos años y, en parte, fue la única vez que se sintió aceptado. 
Soriano murió el 29 de enero de 1997 en Buenos Aires de un enfisema pulmonar. Andaba con un puro sin encender y seguía llamando a sus amigos en las noches para comentar los resultados del San Lorenzo, su club. Nunca pudo ganar la batalla en contra de la academia. Dicen que se volvió algo tirano con sus contradictores. Que hizo echar gente de algunos medios porque no estaban de acuerdo con lo que escribía. “Cuando murió Soriano me impresionó ver todos esos suplementos y artículos celebratorios que hablaban de lo buen tipo que era, de su amor por los gatos, y tan poco de su literatura”, escribió el escritor Martín Caparrós. Y en la literatura las peleas se dan en la obra. La de Soriano ha vendido más de un millón de ejemplares además de estar traducida a veinte idiomas y ha tenido lectores serios que lo consideran un grande. Soriano sabía que el talento depende, como decía Chandler, del corazón. Y él lo puso en todas sus historias.


(Para cambiar de track presione >>)

Descargar:













Hora 25 fue un programa de Jorge Lanata que se emitió entre 1994 y 1996 por la Rock & Pop FM 106.3. En la producción participaban Silvina Chaine, el Chino Chinen y el Grupo Vocación y se basaba en entrevistas de personalidad y lecturas de textos diversos.

Producción General y Edición: Blanca Curia

viernes, 14 de septiembre de 2018

CD 211 – Negra y Criminal


Lo Mejor Está por Escuchar

Negra y Criminal es el podcast de suspense, miedo y crimen de Podium. Dirigido por Mona León Siminiani. Ficciones, casos reales y una experiencia sonora que pondrá al límite tu adrenalina.”


(Para cambiar de track presione >>)

Descargar:


Jeffrey Dahmer llamaba “Chorros” a sus víctimas: Diecisiete hombres autoestopistas de los que se enamoraba el carnicero de Milwaukee y de los que abusó, asesinó y descuartizó. Dahmer reconoció también haber practicado la necrofilia y el canibalismo. Joven, rubio y gran seductor, lo tenía todo para ser el monstruo más bello y retorcido del Siglo XX.
Mónica González Álvarez es la periodista encargada de traernos el primer caso real de esta cuarta temporada de Negra y Criminal. Jeffrey Dahmer se excitaba masturbándose sobre las entrañas de sus víctimas. Las autoridades dejaron escapar a este psicópata en multitud de ocasiones. Durante 9 años, Jeff, logró contener su instinto asesino pero… ¿cuándo comenzó todo? ¿Cómo comenzó a gestarse esa maldad?

En este Caso Real han participado:
Íñigo Álvarez de Lara como Jeffrey Dahmer
José Bustos como Stephen Hicks
Francisca González como la abuela de Dahmer
Héctor Checa como el policía
Álvaro Ramos como Konerak
José Ángel Fuentes como Robert Ressler
Nacho Marraco como Cristo
Guión de dramas Daniel Marín y Mona León Siminiani
Con la colaboración en el programa de Juan Ochoa.
Realización y diseño sonoro: Roberto García y Mona León Siminiani
Producción: Fermín Agustí.
Dirección: Mona León Siminiani


Melodie Nakachian, con 5 años no era una niña elegida al azar, era la hija de la cantante Kimera, aún desconocida, y de Raymond Nakachian, el adinerado financiero libanés. Pero ambos llegaron a la prensa nacional a los 6 meses de llegar a vivir a Marbella. La mañana del lunes 9 de noviembre, el hijo mayor de Nakachian se ocupó de llevar a su hermanastra, Melodie, al colegio a bordo de un flamante BMW. Era la primera vez que Kimera no acompañaba a la pequeña al colegio.
Raymond no ha perdonado a su hijo por no evitar el secuestro de Melodie. A las 31 horas de producirse el secuestro recibe la primera llamada de los secuestradores.
Han pasado más de 30 años, pero hoy la periodista Neus Sala ha traído esta historia con los testimonios reales de los protagonistas.

Jose Ángel Fuentes como Jean Louis Camerini
Emma Cifuentes como Nadine Etienne
Iria Gallardo como Melodie Nakachian
Nacho Marraco como Constant Georgoux
Mamen Serrano como Kimera
Roberto Cuadrado como el comisario Pedro Rodríguez
Héctor Checa como el Geo
Y las voces invitadas de Marta González Novo, Roberto García, Pablo Arévalo y Fermín Agustí.


En este mundo o eres el cazador o eres la presa. Entre 1984 y 1985 un joven de origen mexicano llamado Richard Ramírez acabó con la vida de 14 personas. Se le conoce como “The Night Stalker”, el acosador nocturno.
Infancia complicada y una adolescencia aún más difícil, Ramírez temía y se sentía fascinado por la muerte a partes iguales. Pronto se aficionó a “salir de caza” con su walkman a todo volumen y con bate de béisbol, un puñal o pistola en mano. Las formas de asesinar eran diferentes y sus víctimas también. Un hombre que no dejaba rastro tras cometer los crímenes, fanático de satán y cuyo sadismo fue creciendo poco a poco.
En este Caso Real de Mónica González Álvarez han participado:
Jos Gómez como Richard Ramírez
Álvaro Ramos como Mike Ramírez
Íria Gallardo como Jessie, la mujer de Mike
Miriam Martín como Inez Erickson
Rafael de la Rica como Satanás
Julio López como el juez
Y las voces invitadas de Ainhoa Ramírez, Jimena Marcos de Llano, Antonio Nuño, Beatriz Nogal y Pepe Rubio.
Guion de dramas: Daniel Marín
Con la colaboración en el programa de Juan Ochoa.
Realización y diseño sonoro: Mona León Siminiani
Producción: Fermín Agustí.
Dirección: Mona León Siminiani


Este atraco no fue igual a lo que nuestros protagonistas habían acometido en otras ocasiones. Este fue el mayor asalto a una entidad bancaria jamás perpetrado. Por primera vez, el cerebro de la banda se presta a contar su historia. Pactamos la entrevista y se realiza el mismo día. Justo 24 horas después, fue detenido por otro atraco.
El 23 de mayo de 1981 en el número 23 de la plaza Cataluña de Barcelona, “El Rubio” da inicio al asalto a las 09:18; más de 300 personas estaban retenidas y la plaza permanecía en un silencio sepulcral. La policía no sabía qué hacer ni cómo actuar. 

En este Caso Real de la periodista Neus Sala han participado:
Nacho Marraco como Número 1, “El Rubio”
Íñigo Álvarez de Lara como Número 2.
José Ángel Fuentes como el Señor Rollán, el cajero
Ivan Gisbert como Ricardo
Carlos Piñeiro como José Gracia
Y las voces invitadas de Dani Garrido, Jorge Escorial, Alejandro Otheguy y Fermín Agustí
Guion de dramas: Daniel Marín
Con la colaboración en el programa de Juan Ochoa.
Realización y diseño sonoro: Alejandro Otheguy y Mona León Siminiani
Producción: Fermín Agustí.
Dirección: Mona León Siminiani

Max Cady  es puesto en libertad tras haber pasado varios años condenado por agresión sexual. Pronto buscará al culpable de su condena, el abogado Sam Bowden que testificó en el juicio en su contra. Cady acecha a Bowden y éste contrata a tres matones para meter miedo a Cady y hacer que se largue de la ciudad.
¿Fue Cady acusado injustamente? ¿O es culpable hasta el final?
“El cabo del miedo” basado en la novela de John D. MacDonald, una libre adaptación de “Negra y Criminal”. En esta ficción han participado:
Nancho Novo
Nacho Marraco
Mabel del Pozo
Elisa Chía
Héctor Checa
Raúl Lara
Y las voces invitadas de Íñigo Álvarez de Lara, Rafael de la Rica y Fermín Agustí.
Adaptación: Daniel Marín y Mona León Siminiani
Con la colaboración en el programa de Juan Ochoa.
Realización y diseño sonoro: Noe Guillén y Mona León Siminiani
Producción: Fermín Agustí.
Dirección: Mona León Siminiani

jueves, 30 de agosto de 2018

CD 210 – Gabriel García Márquez: “Vivir para Contarlo”


Se Necesita un Escritor

Por Gabriel García Márquez

“Me preguntan con frecuencia qué es lo que me hace más falta en la vida, y siempre contesto la verdad: "Un escritor". El chiste no es tan bobo como parece. Si alguna vez me encontrara con el compromiso ineludible de escribir un cuento de quince cuartillas para esta noche, acudiría a mis incontables notas atrasadas y estoy seguro de que llegaría a tiempo a la imprenta. Tal vez sería un cuento muy malo, pero el compromiso quedaría cumplido, que al fin y al cabo es lo único que he querido decir con este ejemplo de pesadilla. En cambio, no sería capaz de escribir un telegrama de felicitación ni una carta de pésame sin reventarme el hígado durante una semana. Para estos deberes indeseables, como para tantos otros de la vida social, la mayoría de los escritores que conozco quisieron apelar a los buenos oficios de otros escritores. Una buena prueba del sentido casi bárbaro del honor profesional lo es sin duda esta nota que escribo todas las semanas, y que por estos días de octubre va a cumplir sus primeros dos años de sociedad. Sólo una vez ha faltado en este rincón, y no fue por culpa mía: por una falla de última hora en los sistemas de transmisión. La escribo todos los viernes, desde las nueve de la mañana hasta las tres de la tarde, con la misma voluntad, la misma conciencia, la misma alegría y muchas veces con la misma inspiración con que tendría que escribir una obra maestra. Cuando no tengo el tema bien definido me acuesto mal la noche del jueves, pero la experiencia me ha enseñado que el drama se resolverá por sí solo durante el sueño y que empezará a fluir por la mañana, desde el instante en que me siente ante la máquina de escribir. Sin embargo, casi siempre tengo varios temas pensados con anticipación, y poco a poco voy recogiendo y ordenando los datos de distintas fuentes y comprobándolos con mucho rigor, pues tengo la impresión de que los lectores no son tan indulgentes con mis metidas de pata como tal vez lo serían con el otro escritor que me hace falta. Mi primer propósito con estas notas es que cada semana les enseñen algo a los lectores comunes y corrientes, que son los que me interesan, aunque esas enseñanzas les parezcan obvias y tal vez pueriles a los sabios doctores que todo lo saben. El otro propósito -el más difícil- es que siempre estén tan bien escritas como yo sea capaz de hacerlo sin la ayuda del otro, pues siempre he creído que la buena escritura es la única felicidad que se basta de sí misma.

Esta servidumbre me la impuse porque sentía que entre una novela y otra me quedaba mucho tiempo sin escribir, y poco a poco -como los peloteros- iba perdiendo la calentura del brazo. Más tarde, esa decisión artesanal se convirtió en un compromiso con los lectores, y hoy es un laberinto de espejos del cual no consigo salir. A no ser que encontrara, por supuesto, al escritor providencial que saliera por mí. Pero me temo que ya sea demasiado tarde, pues las tres únicas veces en que tomé la determinación de no escribir más estas notas me lo impidió, con su autoritarismo implacable, el pequeño argentino que también yo llevo dentro.

La primera vez que lo decidí fue cuando traté de escribir la primera, después de más de veinte años de no hacerlo, y necesité una semana de galeote para terminarla. La segunda vez fue hace más de un año, cuando pasaba unos días de descanso con el general Omar Torrijos en la base militar de Farallón, y estaba el día tan diáfano y tan pacífico el océano que daban más ganas de navegar que de escribir. "Le mando un telegrama al director diciendo que hoy no hay nota, y ya está", pensé, con un suspiro de alivio. Pero no pude almorzar por el peso de la mala conciencia y, a las seis de la tarde, me encerré en el cuarto, escribí en una hora y media lo primero que se me ocurrió y le entregué la nota a un edecán del general Torrijos para que la enviara por télex a Bogotá, con el ruego de que la mandaran desde allí a Madrid y a México. Sólo al día siguiente supe que el general Torrijos había tenido que ordenar el envío en un avión militar hasta el aeropuerto de Panamá, y, desde allí, en helicóptero, al palacio presidencial, desde donde me hicieron el favor de distribuir el texto por algún canal oficial.

La última vez, hace ahora seis meses, cuando descubrí al despertar que ya tenía madura en el corazón la novela de amor que tanto había anhelado escribir desde hacía tantos años, y que no tenía otra alternativa que no escribirla nunca o sumergirme en ella de inmediato y de tiempo completo. Sin embargo, a la hora de la verdad, no tuve suficientes riñones para renunciar a mi cautiverio semanal, y por primera vez estoy haciendo algo que siempre me pareció imposible: escribo la novela todos los días, letra por letra, con la misma paciencia, y ojalá con la misma suerte con que picotean las gallinas en los patios, y oyendo cada día más cerca los pasos temibles de animal grande del próximo viernes. Pero aquí estamos otra vez, como siempre, y ojalá para siempre.

Ya sospechaba yo que no escaparía jamás de esta jaula desde la tarde en que empecé a escribir esta nota en mi casa de Bogotá y la terminé al día siguiente bajo la protección diplomática de la embajada de México; lo seguí sospechando en la oficina de Telégrafos de la isla de Creta, un viernes del pasado julio, cuando logré entenderme con el empleado de turno para que transmitiera el texto en castellano. Lo seguí sospechando en Montreal, cuando tuve que comprar una máquina de escribir de emergencia porque el voltaje de la mía no era el mismo del hotel. Acabé de sospecharlo para siempre hace apenas dos meses, en Cuba, cuando tuve que cambiar dos veces las máquinas de escribir porque se negaban a entenderse conmigo. Por último, me llevaron una electrónica de costumbres tan avanzadas que terminé escribiendo de mi puño y letra y en un cuaderno de hojas cuadriculadas, como en los tiempos remotos y felices de la escuela primaria de Aracataca. Cada vez que me ocurría uno de estos percances apelaba con más ansiedad a mis deseos de tener alguien que se hiciera cargo de mi buena suerte: un escritor.

Con todo, nunca he sentido esa necesidad de un modo tan intenso como un día de hace muchos años en que llegué a la casa de Luis Alcoriza, en México, para trabajar con él en el guión de una película.

Lo encontré consternado a las diez de la mañana, porque su cocinera le había pedido el favor de escribirle una carta para el director de la Seguridad Social. Alcoriza, que es un escritor excelente, con una práctica cotidiana de cajero de banco, que había sido el escritor más inteligente de los primeros guiones para Luis Buñuel y, más tarde, para sus propias películas, había pensado que la carta sería un asunto de media hora. Pero lo encontré, loco de furia, en medio de un montón de papeles rotos, en los cuales no había mucho más que todas las variaciones concebibles de la fórmula inicial: por medio de la presente, tengo el gusto de dirigirme a usted para... Traté de ayudarlo, y tres horas después seguíamos haciendo borradores y rompiendo papel, ya medio borrachos de ginebra con vermouth y atiborrados de chorizos españoles, pero sin haber podido ir más allá de las primeras letras convencionales. Nunca olvidaré la cara de misericordia de la buena cocinera cuando volvió por su carta a las tres de la tarde y le dijimos sin pudor que no habíamos podido escribirla. "Pero si es muy fácil", nos dijo, con toda su humildad. "Mire usted". Y entonces empezó a improvisar la carta con tanta precisión y tanto dominio que Luis Alcoriza se vio en apuros para copiarla en la máquina con la misma fluidez con que ella la dictaba. Aquel día -como todavía hoy- me quedé pensando que tal vez aquella mujer, que envejecía sin gloria en el limbo de la cocina, era el escritor secreto que me hacía falta en la vida para ser un hombre feliz.


(Para cambiar de track presione >>)


Descargar:











Producción General y Edición: Blanca Curia

martes, 14 de agosto de 2018

CD 209 – Poetizar la Vida (II)


Poetizar la Vida

Por Silvia Álvarez *


Fundamentos:

Poetizar la Vida como gesto, como decisión, como derecho, como acto de resistencia pero al mismo tiempo de construcción de belleza. Poetizar la Vida sin candidez, sin ingenuidad, porque la poesía es subversión, porque subvierte y revierte, porque nos pone a flor de piel. La poesía como poder, como fuerza, como derecho propio.

Poetizar la Vida porque la poesía nos pertenece, nos convoca, convoca a nuestro ser sensible, ése que somos y que casi siempre olvidamos que somos. Poetizar la Vida porque ella nos recuerda quiénes somos en verdad, desde el silencio contra el bullicio; desde la belleza contra la fealdad y la chatura. La poesía como acto puro de libertad humana, la poesía como herramienta para sacar de adentro lo de más humano que tenemos. La poesía que no solo está en los anaqueles de las grandes bibliotecas o en las academias de letras o en los escritorios de los críticos del arte, sino en cada uno de nosotros y nosotras y a cada paso, ahí, latiendo agazapada, esperando despertar. La poesía nos despierta, nos hace estar atentos, rompe con todo lo que nos neutraliza y adormece, también por eso es subversiva, y esa subversión nace de la ruptura con la sintaxis, con las convenciones lingüísticas, con los lugares comunes, con el vacío de significación de la palabra. La poesía dice porque tiene algo que decir, más allá del tema. La poesía dice desde ese espacio de vibración acompasada, de belleza, que es fluir, que es ritmo, que es musicalidad, y en ese solo gesto nos transforma, nos saca de la inercia, nos empuja, nos echa a andar, nos pone frente a frente con nuestra propia belleza, nos hace parte, nos incluye. La poesía es la reina de la suma, la poesía suma, nos suma, nos reconoce.

La Selección de Textos en Poetizar la Vida:

En la selección de textos está puesta esta intencionalidad que acabamos de fundamentar. Hay una intencionalidad consiente de lo que se pretende despertar. A sabiendas, se seleccionan los textos, se sabe a qué se dirigen y a quienes se dirigen, por eso la Radio es el mejor instrumento para esa intencionalidad. Y esta forma de aparecer, de sorprender también es intencional. Esa forma de aparecer como si saliera del bullicio hacia el silencio y del silencio hacia lo bello que es de todes y nos pertenece.

Poetizar la Vida, Una Intervención sobre la Realidad:

Poetizar la Vida es mucho más que una expresión de deseo, está ahí también para mostrarnos cómo poetizarla y nos dice que es posible porque de hecho la estamos poetizando en este mismo momento. Poetizar la Vida es ímpetu, es una consigna solapada, es un grito: ¡Ey, síganme los buenos! ¡Vamos a Poetizar la Vida aquí y ahora! ¡Hoy, esta mañana, esta tarde, esta noche, ahí donde te encuentres; en tu casa, en la fábrica, el taller, la oficina, la obra, el estudio, ahí mismo donde estás ahora!.

Por Qué:

La poesía no es un consuelo, no es un adorno, no es un maquillaje, no es un adormecedor de conciencias, no nos lleva a olvidar lo que nos duele, nos lleva a aprender cómo hacer para construir belleza desde el dolor, desde la traición, desde la soledad, desde la descomposición. La poesía es un arma poderosa; no hay revolución sin poesía porque la poesía misma es revolución.

Poetizar la Vida es una propuesta porque entra a las casas, irrumpe despertando la sensibilidad, recordándonos quiénes somos, nutriéndonos del elixir, el néctar que somos nosotros mismos, dándonos de comer belleza, esa belleza que todes tenemos dentro. Por eso funge como un despertador, un espejo: ¡Hola, mirá quién sos! nos dice y se va

Es como un chistido, un chasquido, una chispa

Sí, una chispa con que encender el fuego propio

Nos mantiene alertas, atentos

Y al ser cortitos y al aparecer varias veces al día, consigue ese objetivo y no da tregua a la chatura.

Las Temáticas en Poetizar la Vida:

No creo en los temas sino en los contenidos. Cualquier tema puede tener contenidos adentro; los temas son excusas para abordar contenidos y el contenido principal de Poetizar la Vida es la belleza que surge del amor humano, del amor por lo humano. Poetizar la Vida porque es la manera que tenemos los humanos de brillar con brillo propio y ascender como el ave fénix de las cenizas de la chatura y el marasmo de la muerte.

Entonces… Qué es la Poesía:

La poesía es metáfora, es paradoja, la poesía es imagen inagarrable…  ¿Acaso nosotros no somos eso, también?

La poesía está ahí para recordarnos quiénes somos por eso empodera, porque la conciencia del ser empodera, me empodera y te empodera. No es tan fácil arrear a una manada empoderada, arrear, mentir, violar, burlar, manosear, pervertir, deshacer, romper, destruir, dañar, ningunear, someter, obstruir, desmotivar, convencer, no es tan fácil.

Entonces… ¿Qué es Poetizar la Vida?

Bocaditos de un manjar que nos pertenece y que no tenemos que ir a comprar al supermercado o al almacén:

Abre caminos   nutre

Desempolva   ofrenda

Identifica   homenajea

Concientiza    nos hace recordar

Mete  fuerza   valida

Quita miedo    resplandece

Conecta con el misterio     brilla otra vez

Induce a soñar    arde

Da permisos   riega

Habilita   siembra

Construye   acaricia

Convoca    acuna

Suma    ennoblece

Sincera    limpia

es como una batería de primeros auxilios para el alma y cuando digo alma digo conciencia porque somos almas conscientes de nuestra existencia, energía pura y poderosa, desbordante y amatoria.

Poetizar la Vida porque a eso vinimos y porque eso somos

Poetizar la Vida porque podemos

Poetizar la Vida porque se nos da la gana

Poetizar la Vida, ponerle un sentido, una intencionalidad

Poetizar la Vida, reacomodar el timón y redirigir el rumbo

Poetizar la Vida, ponerme al mando con el gorro de capitana de capitán al frente de mi propia embarcación

Poetizar la Vida, recobrar la brújula y continuar en la dirección deseada

Poetizar la Vida, abrir las compuertas de la imaginación y tomar la vida por asalto

En definitiva, Poetizar la Vida es abundancia y buen vivir, poetizar la vida es suma qamaña, el vivir bien de las culturas originarias de nuestra América.

Silvia Álvarez, la andariega, es una escritora de amplia trayectoria, recién llegada a Traslasierra donde creó Libro Abierto, un espacio de lectura al aire libre, en su propia casa de Las Chacras para compartir sus libros y andanzas en un lugar de gran belleza natural en pleno monte nativo. Es un espacio abierto a la comunidad donde las personas llegan, eligen en la biblioteca los libros que quieren leer y van en busca de un espacio al aire libre para hacerlo: el árbol de las virtudes, el árbol de las palabras, el mirador, el puente de los suspiros, el rinconcito de las palomas mensajeras o los columpios de la felicidad y tantos otros.
Silvia Álvarez es poeta, escritora e investigadora pedagógica itinerante en América Latina, con más de cuarenta libros publicados en editoriales de Argentina, España, Ecuador y Bolivia.

Ficha Técnica:

Selección de Textos, Narración y Musicalización: Silvia Álvarez.

Edición y Producción General: 104.9 FM Las Chacras Radio Comunitaria, Traslasierra, Córdoba.

(Para cambiar de track presione >>)

Descargar: