viernes, 22 de junio de 2018

CD 205 – Mundiales: Miles de Banderas, Una Misma Pasión


Sonidos de Una Nación:
Mundiales

Sonidos de Una Nación es uno de esos proyectos radiofónicos pensados y realizados para perdurar. Una forma de dejar un testimonio sonoro que nos trascienda y que con el tiempo pueda ser extendido y superado en un camino paralelo al de nuestra Patria.

Sonidos de Una Nación: Mundiales es la Sexta Edición de un ciclo que iniciamos en 2013 con 30 Años de Democracia y continuamos en 2015 con Elecciones Presidenciales, en 2016 sumamos Bicentenario y Celebrar La Radio y en 2017 50 años de La Balsa-50 hitos del Rock Nacional en forma de micros de 3 minutos.

Sonidos de Una Nación: Mundiales son 18 piezas sonoras, de 3 minutos. Con guiones y ediciones propios, acompañando la historia grande del fútbol mundial, desde Uruguay en 1930 hasta Brasil 2014. Curiosidades, vínculos políticos, récords, guerras, tragedias y la pasión del deporte más popular del planeta.
Con una duración de 3 minutos y fracción, también repasaremos las participaciones (y las ausencias) de nuestra Selección.

Sonidos de Una Nación: Mundiales invita a un nuevo viaje como siempre por Nuestra Historia, repasando las participaciones y ausencias de nuestra Selección y en este caso lo ampliamos a una cita de carácter planetario que une culturas y pasiones.

Reviviremos 18 de los 20 mundiales disputados, con sus curiosidades, los vínculos políticos, los récords y las estrellas pero también las tragedias y hasta las guerras que desató el deporte más popular del planeta. 

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Producción General y Edición: Fotos de Radio (Hernán Fernández - Pablo Magliano - Yesica Ríos)


jueves, 14 de junio de 2018

CD 204 – Las Raras. Historias de Libertad


La segunda edad dorada del podcast:
El formato de audio que nunca se fue

J.M. Sánchez

El 6,5% de los españoles escucha radio a través de internet, pero menos del 2% consulta podcast pese al lento pero estable crecimiento, un fenómeno que cada vez más se explora como canal de comunicación para lograr nuevas fórmulas comunicativas

En la era de la imagen, el audio sigue mostrando su capacidad para cautivar al gran público. Y el podcast vive, en estos momentos, su segunda edad dorada. Pese a no tratarse de algo nuevo, cada vez hay más interesados en producir este tipo de archivos sonoros descargables Su gran baza es poderse consumir en cualquier momento desde ordenadores o teléfonos móviles conectados. Los medios de comunicación, las cadenas de radio y «startups» que desarrollan comunidades y redes especializadas han apostado por intentar llevar este formato al lugar que se merece.

«El podcast ha vivido varios auges a lo largo de los últimos 15 años pero esta vez hay elementos únicos. Por un lado todo el mundo tiene ahora un dispositivo en el bolsillo permanentemente conectado y en el que está acostumbrado a consumir audio. Esto ha hecho que sea mucho más fácil llegar a una audiencia importante que antes no existía o que dependía de un reproductor MP3 que tenía que conectar a un PC. Por otro, se ha encontrado un lenguaje propio y temáticas variadas que resuenan mejor con la audiencia», responde por correo electrónico Ángel Jiménez de Luis, cofundador de Cuonda, una red de podcast en español en la que se albergan múltiples temáticas que van desde la historia, la tecnología, los videojuegos o la divulgación científica.

Este resurgir no se debe únicamente al formato en sí mismo, sino a una tendencia mayor y más general en cuanto al consumo de contenidos, donde se ha pasado de un modelo de «broadcast» (donde uno emite y el resto recibe) a otro «on-demand» (a la carta, donde cada uno elige qué consumir) «que se ha venido a incrementar con la popularidad de los servicios de video por streaming tipo Netflix y demás, cuyo hábito se ha extendido a los podcasts», destaca por su parte Juan Ignacio Solera, fundador de Ivoox, plataforma para reproducir, descargar y compartir audios de todo tipo de temáticas y géneros. «Es por tanto dentro de este contexto en el que la tendencia es que los usuarios decidan qué, cuándo y cómo acceder a lo les interesa, donde el podcast ha tomado verdadero empuje», agrega.

Los expertos destacan, ese sentido, que el podcast tiene mucho potencial que aportar a los medios digitales y que gana peso en audiencia. «Es un canal diferente, más íntimo y al que los oyentes demuestran una gran lealtad. Permite experimentar con nuevas narrativas y formatos y hacerlo además con un coste de producción menor, por ejemplo, que el del vídeo. Es un medio perfecto también para dar nuevas dimensiones a reportajes e investigaciones que se han publicado en papel o en web», subraya Jiménez de Luis, quien coincide con José Antonio Gelado, autor de uno de los primeros podcast en español en 2004, al afirmar que se trata de un «soplo de aire fresco respecto a otros medios».

La aportación y diferenciación respecto la emisión lineal es amplia: «Claramente la ventaja del ahorro de tiempo, en tanto que te permite acceder a un contenido de la temática que más te interese (desde humor a historia, pasando por ciencia o espiritualidad), mientras realizas otras actividades como el conducir, planchar, running o pasear al perro. Además, la voz del podcaster, su forma personal de contar las cosas, una vez que te "engancha", genera una complicidad y recurrencia muy superior a otros medios», valora Solera.

El podcast, como continuación de la capacidad disruptora que surgió a partir de los blogs, supone una «alternativa a la radio tradicional» al permitir escuchar «otras voces» que, a juicio de Gelado, «de otra forma no tendrían acceso a una audiencia». Una facultad que ha animado a los creadores de audio a «aventurarse y crear contenidos específicos para ser consumidos como podcasts». De hecho, este experto pone el acento en la «fase de madurez del fenómeno». «Aparecen nuevas iniciativas surgidas específicamente como podcast y no solo como volcado de programas de radio. Se han consolidado redes de podcasts y la producción independiente goza de su mejor momento en muchos años», añade.

El móvil lo reinventa

Según los últimos datos del informe anual Sociedad de la Información elaborado por Telefónica, el 50% de los jóvenes españoles son «mobile first»: consumen entre el 90% y el 100% de su tiempo en red sobre una pantalla móvil; de hecho, el 86% de los jóvenes posee un «smartphone» y lo usa como dispositivo de referencia para mensajería instantánea, redes sociales y consumo de música y vídeos en «streaming». Un escenario propicio para el auge de los contenidos multimedia.

Pero la «escucha» de radio por canales digitales todavía no ha hecho explosión. El Estudio General de Medios establece que el 6,5% de los españoles escucha la radio a través de internet, aunque el consumo de podcasts en España representa el 1,6% del total. Otro estudio, en este caso elaborado por la consultora Edison Research, recalca que el 44% de los estadounidenses han escuchado alguna vez algún podcast, lo que equivale a unos 124 millones de usuarios. Una cifra que se reduce, sin embargo, entre el público fiel, aquel que consultan sus podcast favoritos mensualmente; se estima que 73 millones de usuarios han escuchado este tipo de archivos de audio (un 26% de la población) en los primeros meses de año. La conclusión es que la audiencia se ha venido incrementando de manera continua en los últimos años.

Los servicios digitales y la tecnología en su conjunto ha incentivado una forma de consumo de contenidos distinta a la de anteriores generaciones. La manida frase de «a ver qué echan por la tele» va camino de enterrarse, con la excepción de las retransmisiones de eventos en directo. Ha crecido la audiencia, pero «no de la forma exponencial que nos gustaría», aunque «sí de forma constante y sostenida», destaca Solera. Pero la alternativa a consumir no solo películas y series desde cualquier lugar y en cualquier momento también se ha extendido en el audio, donde cada vez más los usuarios buscan y encuentran podcast que traten temas que les resultan familiares. Las compañías tecnológicas no han sido ajenas a esta disrupción y llevan muchos años ofreciendo plataformas para consumir estos archivos de audio, como la aplicación Podcast de Apple, que permite suscribirse y escuchar el contenido en cualquier momento.

Echando la vista atrás, el podcast ha estado presente de manera permanente, aunque nunca que ha convertido en un fenómeno de grandes masas. «La oferta de podcasts ha crecido de forma considerable y las temáticas y formatos también. Se ha desarrollado un lenguaje propio y diferente del de otros medios, como la radio. Y, sobre todo, se ha comprobado que es un medio capaz de llegar a millones de personas con propuestas que en otros medios no tendrían sentido. El caso de "Serial" suele ponerse como ejemplo y es realmente un ejemplo muy bueno», sostiene, en ese sentido, Jiménez de Luis.

“Serial” es un caso de éxito sin precedentes. Producido por la radio pública de EE.UU., un documental distribuido por capítulos mantuvo conectado a millones de personas mientras relataba el asesinato en 1999 de la adolescente Hae Min Lee en un suburbio en la ciudad de Baltimore. Fue todo un paradigma de la comunicación y de cómo el podcast puede ser un fenómeno viral. Precisamente, Gelado apunta a este ejemplo y a otros proyectos realizados por medios de comunicación unido a las nuevas formas de acercarse al audio como el control por voz de móviles y altavoces inteligentes como determinantes para lograr que el podcast no haya perecido en la era de la imagen. «Estos factores han atraído a su vez la atención de medios y agencias de todo el mundo y especialmente en España que han vuelto a ver después de 14 años desde su aparición que el podcast sigue siendo un formato válido para captar audiencias masivas y generalistas y no sólo nichos», matiza.

Buscar nuevos podcast, un obstáculo

La fórmula del éxito, sin embargo, es desconocida. Existen temáticas más amplias, pero otras más específicas tienen poco recorrido para mantener en vilo a millones de personas. ¿Cuáles son los atributos que pueden introducirse en este formato de audio para incrementar su audiencia? «Los ingredientes que ya existen son suficientes y la prueba es que cada año aumenta de forma considerable el número de oyentes de podcast», insiste Jiménez de Luis.

A su juicio, «el mayor obstáculo para acelerar más aún su implantación es que todavía no resulta fácil descubrir nuevos podcasts, en parte porque muchos teléfonos vienen sin una aplicación preinstalada para hacerlo, pero la inclusión de podcasts en aplicaciones de música frecuentemente utilizadas, como Spotify por ejemplo, está cambiando también esta situación».



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A la escritora Gabriela Wiener siempre le han gustado los tríos. Pero con su pareja Jaime Rodríguez hacen lo posible para mantener esas relaciones exclusivamente en el plano de lo sexual. Hasta que, después de casi dos décadas y una hija juntos, se enamoran de Rocío Lanchares. Deciden convivir y Rocío y Jaime tienen un hijo, que consideran también hijo de Wiener. Además, acuerdan que pueden tener otras relaciones. Se sienten como estrellas de rock: antisistémicos y rupturistas. Pero en el camino se dan cuenta de que la realidad es mucho más compleja que los ideales.

Patricia May nace con enanismo. Durante su infancia y adolescencia se siente constantemente observada y rechazada. Es sometida a varias operaciones que buscan “arreglar” su cuerpo. Crece pensando que nunca tendrá una vida “normal”. Hasta que se olvida de lo que dicen los demás y se encuentra consigo misma: con su armonía, su potencia, su inteligencia y su hermosura. Hoy, convertida en una líder del desarrollo espiritual, critica el impacto de los estándares de belleza. Y asegura que cada día disfruta más de su cuerpo.

Viajamos dos mil kilómetros para conocer a Francisco Vio, un joven que se fue a la Patagonia en busca de naturaleza, abundancia y “buen vivir”. Allá se convirtió en un agrónomo innovador y revolucionario. Con él recorrimos un valle acechados por un puma, conocimos un río majestuoso que estuvo a punto de ser destruido por Hidroaysén y fuimos testigos del nacimiento de un proyecto agrícola que busca hacer a la comunidad de Puerto Guadal alimentariamente autosuficiente.

Un secreto familiar que cargó durante una década llevó a la artista chilena María Luisa Portuondo a crear una instalación interactiva que busca liberar secretos. Por más de dos años ha viajado con esa misión por el mundo.
En este capítulo conoceremos su secreto, su historia y algunos de los más de mil secretos en 11 idiomas que hasta el momento ha liberado.

Producción General:
Las Raras. Historias de Libertad
Somos un podcast independiente que cuenta relatos de no ficción. Historias que desafían las imposiciones sociales y proponen reflexiones sobre el mundo que habitamos y el que queremos construir.
Usamos entrevistas, guión, diseño de sonido y música original. Registramos a los y las protagonistas de nuestras historias en sus espacios de acción y rescatamos sus paisajes sonoros.
Formamos parte de Cuonda, la comunidad de podcast independientes en español.
Somos Catalina May en producción y contenido, y Martín Cruz en sonido y música.
Nuestra tercera temporada cuenta con el apoyo y financiamiento de la International Women’s Media Foundation.

miércoles, 30 de mayo de 2018

CD 203 – Aristóteles: Un Peso Pesado de la Filosofía


Gran polímata (del griego "polimathós", "el que sabe muchas cosas"), Aristóteles escribió a la largo de su vida más de 300 obras, en las que desarrolló todas las ramas del saber: Física, Metafísica, Ética, Biología, Zoología, Astronomía, Política…

Peso pesado de la Filosofía. Uno de los más grandes genios que la humanidad ha visto nacer y cuya obra es el pilar fundamental de toda la cultura occidental. Dentro del mundo filosófico son muy pocos los que pueden ponerse a la altura de Aristóteles, el sabio que todo lo supo.

Estudiante de Platón en la Academia, donde permaneció 20 años, Aristóteles fue un discípulo que no quiso seguir los pasos de su mentor, fundando una Filosofía completamente distinta que ponía sus ojos más en la realidad que en los mundos ideales del que fuera su maestro. Así, desarrolló métodos y principios que darían lugar a invenciones como la Lógica; y su Teoría del Conocimiento y Sistema Inductivo (el estudio de lo particular para alcanzar una verdad universal) se convertiría en el primer paso para lo que luego conoceríamos como Método Científico. Fue también el primero en establecer estudios sistemáticos de las áreas que le interesaban, y el premio a tan ardua y extensa labor ha sido el de pasar a los anales de la historia como El Filósofo, así, con mayúsculas. Puede que ningún otro hombre en la historia del pensamiento haya tenido un peso igual al del titán macedonio.

Pero ¿quién fue Aristóteles? ¿Cuál fue su vida? ¿Cómo terminó por convertirse en un personaje de fama universal?

La vida de Aristóteles

Aristóteles nació en Estagira, Macedonia, en 384 a. C. Era hijo del influyente Nicómaco, médico personal del rey Amintas III, lo que facilitó más tarde sus conexiones con la corte de la capital, Pella, donde vivió en su juventud. La temprana muerte de sus padres, cuando él tenía sólo 17 años, le puso en manos de su tutor, Proxeno de Atarneo, quien poco después decidió que el joven viajara a Atenas, el gran centro cultural de Grecia en la época, para instruirse.

Aristóteles se trasladó a la Capital de la Filosofía en el mejor momento, cuando la Academia de Platón experimentaba su mayor esplendor. La ciudad habría de convertirse en la cuna de esta mente que, años después, cambiaría el curso de la Filosofía y del mundo. Una de las primeras influencias del joven Aristóteles fue Eudoxo, uno de los pocos filósofos de la Academia que difería de las tesis del fundador de la misma. De este modo, Aristóteles pronto se distanció del gran discípulo de Sócrates y tomó la decisión de andar su propio camino y crear un sistema filosófico único.

El traslado de Aristóteles a Asia Menor

Aristóteles permaneció en la Academia durante 20 años, pero tras la muerte de Platón, decidió hacer las maletas y trasladarse a Aso, actual Turquía, en Asia Menor, donde gobernaba su antiguo amigo y compañero, Hermias, con cuya sobrina, Pythias, contraería matrimonio y tendría su primera hija. Años después, Hermias sería asesinado, por lo que Aristóteles volvió a emprender viaje, en esta ocasión con destino a la cercana isla de Lesbos, donde se asentaría en la ciudad de Mitilene. Allí se dedicaría al estudio de la Zoología y la Biología marina junto al filósofo Teofastro, quien más tarde sería el heredero natural de Aristóteles y cabeza de sus seguidores, los llamados Peripatéticos (del griego “peripatêín”, pasear, por su costumbre de caminar durante sus clases y reflexiones).

El rey Filipo II le encargó que fuera tutor de su hijo, quien con el paso de los años sería Alejandro Magno

Creó el Liceo

En ese momento, Aristóteles fue requerido por su tierra natal, cuando el rey Filipo II decidió encargarle la tarea de ejercer de tutor de su hijo, quien con el paso de los años pasaría a la historia como uno de los más grandes gobernantes que han existido: Alejandro Magno.

Pero esa estancia tampoco habría de ser permanente, pues Aristóteles tenía un plan mayor que también ayudaría a que dejara su huella en la historia. Tras regresar a Atenas, fundó El Liceo, su propia escuela y una de las más grandes que existirían en Grecia, en la que impartía filosofía. Tenía algunas diferencias con la Academia de Platón, como por ejemplo que en El Liceo había clases gratuitas abiertas al público a las que cualquier ciudadano podía acudir. Fue en esos años cuando murió su primera mujer y se emparejó con Herpyllis, también natural de Estagira, con quien tuvo varios hijos, entre ellos Nicómaco, cuyo nombre pasaría a la historia por el libro que le dedicó su padre, Ética a Nicómaco, el más importante tratado de ética de Aristóteles.

El Liceo tenía algunas diferencias con la Academia de Platón, por ejemplo, que en El Liceo había clases gratuitas a las que cualquier ciudadano podía acudir

Huye a Calcis, donde muere

Los últimos años de Aristóteles fueron algo convulsos. Con la muerte de Alejandro Magno y el tremendo auge y poder que alcanzó la región de Macedonia en Grecia, se generó en Atenas un odio visceral hacia los naturales de la región, y el estagirita, viendo que su vida y la de su familia corrían peligro, decidió poner tierra de por medio antes de convertirse en un nuevo Sócrates (condenado a muerte por las autoridades de la polis, de ahí que Aristóteles proclamara que no quería que Atenas cometiera en su persona su segundo crimen contra la filosofía). Se trasladó a Calcis, la capital de la isla griega de Eubea, donde moriría por causas naturales un año después.

En Atenas fundó El Liceo, su escuela, una de las más grandes de Grecia, en la que impartía Filosofía.

El legado de su obra es uno de los mayores que jamás ha existido en el mundo, y no únicamente en la Filosofía. Uno de esos nombres capaces de alterar el curso de la historia y que nadie debería dejar de conocer.


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Producción General y Edición: Blanca Curia

martes, 15 de mayo de 2018

CD 202 – El Telon de Aire (X)


Teatro al Oído

El Telón de Aire es un Ciclo de Radioteatros Breves (cada Pieza de Ficción tiene una duración que oscila entre los 4 y los 11 minutos) que se distribuye en forma libre y gratuita a una cada vez más amplia Red de Emisoras, Programas, Sitios Web, Blogs y Redes Sociales. Cada entrega es una historia independiente y unitaria que empieza, se desarrolla y termina, abordando diversos Temas y Géneros: Comedia, Drama, Ciencia Ficción, Absurdo, entre otros.
Estas Ficciones Sonoras se realizan gracias a la sinergia con la Fundación SAGAI y con la participación de sus Actores Socios. La Producción General está a cargo de Narrativa Radial.
Los Objetivos del Proyecto El Telón de Aire persiguen:

- Promover nuevas fuentes de trabajo para Actores y Actrices Argentinos.

- Generar nuevos espacios de experimentación para los mismos como lo es la Ficción Sonora.

- Propiciar la Ficción (Arte Dramático y Literario) a través de un medio tan accesible, gratuito y de llegada masiva como lo es la Radio.

- Llegar con la Ficción a diversos puntos del país, a través de la cada vez más extensa  Red de Emisoras que se suman a la difusión gratuita de un material de valor artístico y cultural.

- A través de este medio tan mágico como lo es la Radio activar la Imaginación y la Reflexión en los escuchas de diferentes latitudes.

- Mediante este Formato de Ficciones Breves y con Códigos Actuales, auspiciar  una renovación del Radioteatro, tan amado y añorado en épocas pasadas, preservando su Encanto y Magia.

La Biblioteca Parlante de Distribución Nacional “Mirá lo que te Digo” nuevamente abre las puertas de su Catálogo a este Ciclo de Radioteatros Breves que inicia sus funciones cuando los Ojos del Imaginar lo dispongan.
Narrativa Radial (www.narrativaradial.com), es una Asociación Civil compuesta por entusiastas profesionales del Arte, la Cultura y la Comunicación cuyo objetivo es estimular la Creación, la Producción y la Difusión de la Narrativa en la Radio. En otras Palabras, es un colectivo que se propone hacer del Parlante Radiofónico una usina de ideas que fragüe Historias que alimenten la Imaginación y los Sentidos de sus propios Emisores y sus potenciales Destinatarios, para que la Radio recupere su Magia y haga valer su Aire.

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Un pequeño descuido puede convertirse en una traición imperdonable. Para repararlo, ella será capaz de hacer lo inimaginable…
Staff: Intérprete: Silvia Arrigo. Guión: Marcelo Panero. Dirección de Actores: Marcelo Cotton y Lidia Argibay. Asistente de Producción: Gabriela Pérez Menéndez. Grabación en Estudio: Adolfo Schmidt. Edición: Marcelo Cotton.

Una pequeña mentira en la infancia se vuelve incontenible años después, durante una “nochebuena” en familia.
Staff: Intérpretes: Thelma Fardín, Ana Padilla, Víctor Labra, Juan Pablo Galimberti y Martín Brunetti. Guión: Guadalupe Cuevas. Dirección de Actores: Marcelo Cotton y Lidia Argibay. Asistente de Producción: Gabriela Pérez Menéndez. Grabación en Estudio: Adolfo Schmidt. Edición: Marcelo Cotton.

En el marco de los primeros días de la década del 90, una mujer convive con el fantasma de un hombre al que todos buscan y que parece habitar su casa y seguirle sus pasos…
Staff: Intérpretes: Natalia Imbrosciano, Luis Campos y Damián Valgiusti. Guión: Marcelo Cotton.  Dirección de Actores: Marcelo Cotton y Lidia Argibay. Asistente de Producción: Gabriela Pérez Menéndez. Grabación en Estudio: Adolfo Schmidt. Edición: Marcelo Cotton.

Disparatadas estrategias de un plan para disimilar lo que un descuido convirtió en tragedia. Radioteatro en clave de sitcom.
Staff: Intérpretes: Sol Canesa, José Luis Arias y Alicia Horovitz. Guión: Carlos Del Río. Dirección de Actores: Marcelo Cotton y Lidia Argibay. Asistente de Producción: Gabriela Pérez Menéndez. Grabación en Estudio: Adolfo Schmidt. Edición: Majo Bustamante.

La diferencia generacional se revuelve en el café.
Staff: Intérpretes: Gabriel Pacheco y Nicolás Litman. Guión: Ignacio Cerisoli. Dirección de Actores: Marcelo Cotton y Lidia Argibay. Asistente de Producción: Gabriela Pérez Menéndez. Grabación en Estudio: Adolfo Schmidt. Edición: Marcelo Cotton.

Una pareja a punto de separarse y la selección nacional que puede no clasificar para el mundial. Todo tiene que ver con todo…
Staff: Intérpretes: Emilio Bardi, Melody Llarens y Nicolás Litman. Guión: Laura Seibane. Dirección de Actores: Marcelo Cotton y Lidia Argibay. Asistente de Producción: Gabriela Pérez Menéndez. Grabación en Estudio: Adolfo Schmidt. Edición: Joaquín Sanz.

viernes, 27 de abril de 2018

CD 201 – Platón: La Filosofía Como Diálogo


Platón

(427 a.C. – 347 a.C.)

Hay fundamentos sólidos para considerar a Platón como el verdadero fundador de la filosofía como nueva «disciplina institucionalizada», como

disciplina académica (que no puede confundirse con lo que hoy llamamos filosofía universitaria, de profesores para profesores). Podría decirse entonces que antes de Platón no hubo propiamente filosofía, sino prehistoria de la filosofía, filosofía presocrática, como designó Panecio el Estoico a todos los pensadores que antecedieron a Sócrates. Porque, aun siendo tan diferente la inspiración de Sócrates y la de Platón, tampoco puede olvidarse que el Sócrates que ha pasado a la historia de la filosofía occidental ha sido principalmente el Sócrates a través del cual Platón expone sus ideas en sus Diálogos. Los «presocráticos» habrían sido, más que filósofos, en sentido académico, precursores de la filosofía, metafísicos que instauraron sin duda un estilo nuevo de pensar, respecto de las tradiciones mitológicas, que iniciaron la crítica racionalista a las religiones primarias y secundarias, pero que propiamente «no sabían lo que decían», actuando como soldados bisoños, en palabras de Aristóteles. No lo sabían, ni lo podían saber, porque sólo tras la confrontación de sus propias concepciones del Universo podrían comenzar a conocer los límites y estructura de sus propios pensamientos. En todo caso, las escuelas presocráticas –la escuela de Mileto, la escuela de Pitágoras, la escuela eleática– no fueron propiamente escuelas de filosofía, sino también de Astronomía, de Matemáticas, incluso heterías o «escuelas de sabiduría». Sólo cuando las escuelas presocráticas se enfrentasen entre sí pudo aparecer un nuevo nivel crítico, vecino del escepticismo, cuya versión histórica más importante fue la sofística ateniense. Del seno de la sofística salieron Sócrates y el propio Platón: basta leer el diálogo Protágoras.

Platón, tras la muerte de Sócrates, y atraído por los pitagóricos de la Magna Grecia, volvió a Atenas, en donde fundó la Academia, como un centro dedicado precisamente a la formación de los jóvenes, que les hiciera capaces de dirigir la política de las ciudades estado griegas en plena expansión. Aristóteles, maestro de Alejandro Magno, fue uno de tales discípulos, sin duda el más importante. De cualquier modo Platón orientó gran parte de su obra a analizar las ideas políticas más esenciales, desde el punto de vista de un racionalismo cuya actualidad resulta aún hoy asombrosa. Ahí están la República y Las Leyes. Es cierto que estas obras, en las que se defienden ideas comunistas (al menos con referencia a las clases superiores) han sido muchas veces interpretadas como una expresión puramente ideológica de la aristocracia ateniense. El diamat soviético vio a Platón como un idealista genuino, y Popper, o los llamados nuevos filósofos franceses (Lévy, Glucksmann) vieron a Platón como pensador claramente totalitario, pre-fascista o incluso pre-stalinista. Pero este juicio, una vez caída la Unión Soviética, puede reducirse a sus justos términos (los términos oportunistas de la Guerra Fría), términos en todo caso anacrónicos (¿qué entendían por idealismo los funcionarios del diamat?) y desajustados a la realidad: Platón, como también Aristóteles, fue crítico acerbo de la democracia; pero, ¿acaso la democracia ateniense, como la democracia de Pericles, puede considerarse hoy como la precursora de la forma más alta de organización del Estado?

Desde las coordenadas del materialismo filosófico, Platón, precisamente por su teoría de las Ideas impersonales, está más cerca del materialismo que lo que pudiera estarlo Aristóteles, fundador de lo que hoy llamamos la Ontoteología o Teología natural. Platón, gran matemático, es quien sentó las bases de la racionalidad dialéctica, cuya influencia en los siglos posteriores llega hasta nosotros con mayor fuerza aún que la del racionalismo silogístico de Aristóteles. Platón es, visto desde el materialismo filosófico, el descubridor de los grandes principios que hoy llamamos «principios de la symploké», y principalmente del principio de la discontinuidad, desconocido por tantos materialistas de la época moderna (incluyendo a Engels): «Si todo estuviera conectado con todo no podríamos conocer nada». No podemos olvidar que el principio «todo está vinculado con todo» sigue siendo aún el ideal de la sabiduría de tantos físicos y metafísicos actuales.

Recordaremos, por último, que el propio nombre de filosofía, como designación de un nuevo estilo de pensamiento, surgió precisamente en el círculo platónico (acaso a través de Heráclides Póntico, según Werner Jaeger), y si se atribuyó a los pitagóricos fue con objeto de prestigiarlo.


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Producción General y Edición: Blanca Curia

sábado, 14 de abril de 2018

CD 200 – Acceso Libre… Porque Obtener Información es un Derecho


 Derecho de Acceso a la Información Pública

Oscar Londero *

¿Cómo saber si se hizo un informe de impacto ambiental antes de licitar la construcción de un puente? ¿Es posible conocer los términos de un contrato para la concesión de un servicio público? ¿Y qué pasa si alguien necesita información para tramitar una beca o la entrega de un medicamento?
Cualquier persona puede pedirle información a los tres poderes del Estado, ya sea nacional, provincial o municipal. Se trata de un derecho humano fundamental, reconocido así por tratados internacionales de derechos humanos suscriptos por la Argentina. Y también por la Corte Interamericana de Derechos Humanos y la Corte Suprema de Justicia de la Nación. 
Sin embargo el Derecho de Acceso a la Información Pública es desconocido por una amplia mayoría. Eso motivó la elaboración de estas cápsulas radiofónicas, surgidas con la intención de dotar de herramientas a quienes necesitan o quieren pedirle información al Estado. Consultas que pueden extenderse a empresas, clubes, gremios, universidades o fundaciones. 
Las piezas no sólo buscan explicar de qué se trata; además señalan cómo se puede formular un pedido de Acceso a la Información Pública y qué puede suceder tras efectuar una petición. Algo que omiten todos los reglamentos de acceso a la información pública.
La idea es escuchar... y pensar qué información pública se puede llegar a pedir.

* Ejerce el periodismo desde 1991. Fue Corresponsal del diario Clarín entre 1994 y 2016. Fue Jefe de Sección (1992-1994) y Jefe de Redacción (1996-2000) del semanario Análisis. Entre 1994 y 1996 fue Jefe de Sección del diario Hora Cero. Desde 2006 es Editor Responsable de accesolibre.org (http://www.accesolibre.org), sitio especializado en Acceso a la Información Pública. Colabora con ElEntrerios desde 2016.

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Ficha Técnica:
Idea Original y Guiones: Oscar Londero
Equipo de Producción: Blanca Curia, Luciana Dattilo, Javier Morillas, Pablo García y Oscar E. Bosetti
Edición: Blanca Curia

viernes, 30 de marzo de 2018

CD 199 – Fernando Aramburu: “Patria”


La literatura de la Patria o la patria de la literatura

Por Jabo H. Pizarroso

“¿Por qué tratan las novelas del siglo XX de lo que tratan? Mi respuesta es que la verosimilitud ha sido secuestrada por los dueños del discurso dominante. Y demasiadas veces hemos caído en su trampa. Hemos creído que para construir nuestra visión bastaba con leer y escribir historias que no repitiesen lo que dicen ellos, pero que fueran creíbles según un parámetro, la verosimilitud, que imaginábamos hasta cierto punto imparcial u objetivo. Así es como la experiencia se ha ido ausentando de la novela, no por inexistente, sino por increíble.” (Belén Gopegui, Un disparo en medio de un concierto)

“Cuando siento, no escribo”, decía Gustavo Adolfo Bécquer. Cuando sufrimos, no escribimos, podríamos apuntar. El sentimiento masacrado anula la capacidad estructuradora de la razón para crear un relato verosímil, un cuadro, un poema, un escenario cronotópico de multiplicación de afectos e incertidumbres fértiles: un libro. Cada atentado de ETA, cada asesinato del terrorismo de Estado, cada tortura, cada sobresalto violento con armazones políticas abría un socavón de tiempo de silencio grande, y también amputaba hasta límites delirantes la capacidad humana de comprensión, de conocimiento, amén de las consecuencias humanas terribles que generaban aquellos hechos.

Ahora que acabó una parte, no todas las consecuencias de tantos años de enfrentamiento, llega el incesante manantial de los relatos. Llega, en palabras de Íñigo Domínguez, La batalla de los relatos. Es curioso que en las sociedades neocapitalistas, la palabra escrita, la literatura, no ostente ningún poder salvo cuando la hegemonía ideológica dicta y decide que se debe servir de la literatura para llevar a cabo su imposición narrativa, su ‘diktat’ diegético, ¡Esto es la batalla de los planetas!, snif, ¡Mutación! ¡Sálvese quien pueda!

Desde el cese de la lucha armada han surgido multitud de voces cercanas a las instancias hegemónicas que han trazado una línea gruesa de exigencia narrativa inexcusable: “hay que construir el relato”, “ganado está el pan, hágase el verso” (como diría José Martí), “ganada está la batalla, hágase la crónica”. No está de más recordar el caramelo chupado de esa frase tan traída para ocasiones como esta: “la historia la escriben los vencedores”, axioma que por otro lado lo rompe siempre la memoria cultural, la literatura, la pequeña, la minúscula, la que no entiende el hecho literario como un campo de batalla abierto a las ideologías dominantes y controlado por ellas.

Esta novela tiene todas las trazas de convertirse en la elegida, en la novela que mejor hable del relato ejemplar sobre lo que pasó en Euzkadi-País Vasco-Euskal Herria durante el tiempo del conflicto. Así lo demuestra todo el aparataje mediático que la precede, que la sucede, que la postcede. No hablo de más cuando digo que está tan llamada a ser Premio Nacional de Narrativa como lo estuvo Bilbao-New York-Bilbao, de Kirmen Uribe. Por eso resulta tan difícil advertir contra ella, desmontar su discurso, criticarla de manera dialéctica, porque cualquier cosa en contra de una vaca sagrada son palabras mayores. Y no se trata de estar en contra o a favor de esta novela, perdón, sino de desmontar de manera crítica y enunciativa el discurso que la sustenta, abrir sus engranajes de sentido a los lectores, algo, la necesidad de abrir el reloj narrativo, que en este caso es tan evidente y obligatorio debido a la sincronía de su representación ficcional con lo real que la sustenta. La diacronía crítica, la intertextualidad, y la sucesión de nuevos relatos harán mierda estas palabras que ahora escribo o conseguirán que lleguen a ser un matiz crítico interesante, una mirilla de claridad a través de una novela, Patria, sobre una época llena de complejidades.

No me lo esperaba, lo reconozco. En su momento avalé Los peces de la amargura del mismo autor, pero ahora siento tener que decir que este libro no ha cumplido mis expectativas como de seguro ha cumplido y cumple las expectativas de todos aquellos que necesitan y buscan un relato unívoco de todo lo relacionado con el conflicto vasco.

La narración de Patria nos acerca a unos personajes que han sufrido el dolor de perder a seres queridos de una manera injusta y totalmente incomprensible. También nos acerca a familiares de otros personajes que asesinaron a otras personas para conseguir objetivos políticos que entendieron no se podían conseguir de otra manera, y que en un momento fueron sujetos y responsables de una dinámica de violencia imparable. La novela Patria es un tren que se mueve encima de estos raíles paralelos, sujeto por ellos: a un lado las víctimas; y al otro lado los victimarios, los asesinos, los perpetradores como escribe Edurne Portela en El eco de los disparos. Uno y otro lado se encuentran en el mismo espacio. Uno y otro lado se contaminan, se necesitan, se repelen. Es la espiral terrorista-víctima-terrorista. Uno y otro forman parte de “las intrincadas redes afectivas que construyen nuestra sociedad”, la vasca, como apunta Portela. ¿Pero existe, cito de nuevo a Edurne Portela, “una capacidad de reconocer a la víctima como ser individual sufriente, así como una verdadera capacidad imaginativa para representar al perpetrador fuera del monstruo ininteligible”, en la novela Patria? ¿Existe en esta nueva novela de Aramburu un lenguaje imaginativo que plantee “la complejidad de los afectos que nos guían, que explore nuestra indiferencia, que nos haga situarnos dentro del conflicto, no fuera de él como jueces absolutos ante la supuesta maldad de los demás”?

Quiero encastrar la publicación de esta novela dentro del cuadro contextual en el que se produce. Este cuadro referencial tiene a mi entender dos polos, dos vigas maestras de pensamiento dominante: por una parte se está pergeñando un olvido parecido al que los franquistas ejercieron con la guerra civil española y sus genocidios, (izquierda abertzale), y por otra parte se está intentando conseguir apuntalar un relato sobre el conflicto vasco que sea unívoco y en el que se distinga claramente la bipolaridad, que certifique que hay vencedores y que hay vencidos derrotados, que hay buenos buenísimos y malos malísimos, y que hay también vencedores malísimos y derrotados buenísimos. Salir de este maniqueísmo, de esta camisa de fuerza ideológico-social imperante es lo complicado. Ahí está el reto. En este caldo social, entra con su mascarón de proa Patria.

Cosas que ocurren en Patria: Bittori necesita saber qué es lo que pasa en la casa de Joxe Mari, el padre del chaval que mató a su marido. Joxe Mari necesita saber si Bittori ha vuelto al pueblo, necesita saber si hay alguien en esa casa que lleva tantos años cerrada como años lleva en Polloe Txato enterrado, o “escondido”, como dice su hijo, Xabier. Y sabe que hay alguien, porque ve las persianas subidas y ve encendidas algunas luces de la casa. Fernando Aramburu ha explicado en uno de los promos del libro que Patria se le ocurrió a partir de una de las muchas notas que recoge y que son el semillero de sus novelas. La nota hablaba de la viuda de un asesinado por ETA. La nota se centraba en el deseo de esa mujer de que le pidieran perdón. La búsqueda incesante de ese perdón es la que dinamiza a este personaje, es su conflicto de alta intensidad que se escribe como si lo fuera de baja intensidad. Bittori es la mujer de un empresario de éxito, un hombre sencillo metido a gerente de una pequeña empresa de transportes al que en un momento dado ETA le envía una carta pidiéndole el impuesto revolucionario. Bittori es una mujer sencilla, poco ilustrada, muy religiosa y en muchos casos beata, simple. Miren, la mujer de Joxe Mari, es la madre del etarra, del miembro de ETA que participa en el asesinato del Txato. También, como Bittori, es una mujer extremadamente religiosa, folclóricamente religiosa. Las dos mantienen un paralelismo espiritual en el sentido de que ambas hablan con sus fantasmas interiores de manera muy directa. Bittori con su marido muerto. Miren con Ignacio de Loyola. Hay muchas escenas en las que Bittori se dirige a fotografías de Txato, habla con la tumba de su marido, y habla constantemente de manera interna con él, casi como un trasunto intertextual que nos remite a Cinco horas con Mario, de Delibes. Al otro lado, Miren hace lo mismo pero en este caso con Ignacio de Loyola, su espiritualidad protectora y consejera, el ‘magma pater’ que le ayuda y que le guía. Las dos se parecen muchísimo en su estructura mental y las dos están bien delineadas por su manera de hablar y por su manera de moverse en la novela. En cuanto a los maridos de ambas, por un lado nos encontramos con Txato, un ‘self-made man’, un empresario con una plantilla de veinte trabajadores, un macho alfa cuya ideología patriarcal y conservadora es evidente a la luz de los descubrimientos que nos otorga de él la novela, mediante, sobre todo, las charlas que tiene con él Bittori. Por otro lado, Joxe Mari es un lumpen, un pobre borrachín sin autoridad en casa, sujeto al matriarcado de su mujer y de alguna forma culpable indirecto por su inactividad varonil de las derivas nacional-abertzales violentas de su hijo: el asesino, el etarra.

A un lado unos, el nosotros, y al otro lado, esos, los otros. Sobre estas dos orillas se mueve el paquebote Patria. Alrededor de estas dos parejas detonadoras de la narración van y vienen otros personajes que actúan como actantes que lijan y ordeñan los sentidos simbólicos de la historia.

Arantza es la hermana del etarra. Está en silla de ruedas y es la única a la que le molesta y le ofende todo lo que les han hecho a Txato y a su familia, y así lo dice públicamente. Xabier, el hijo de Txato, es médico. Xabier es de polipropileno extruido, es un pan sin sal perfecto, es la ciencia, la objetividad, es la no sentimentalidad y es el hijo querido de Bittori, frente a Nerea, su otra hija que sufre desde Zaragoza el asesinato de su padre, que se niega a ir al funeral de Txato, y lo sufrirá siempre desde una vida, a los ojos de Bittori, echada a perder. Bittori no entiende las formas y modos de Nerea y así se lo explica y se lo hace ver cada vez que están juntas.

En el otro lado del espejo, simétrico a Nerea, se encuentra Joxi, el etarra, del que se van sabiendo cosas a medida que crece la novela en nuestras manos y en nuestra cabeza. Por momentos este libro parece decimonónico. El costumbrismo excelso que lo sustenta y sobre el que se corre de gusto este libro cumple una función a mi entender ambivalente. Por un lado enuncia de manera magistral técnicamente hablando a los personajes, y por otro lado de tan bien que están, nos los hace un tanto inverosímiles. Los personajes dan el pego la primera vez, luego se deshacen. Parecen personajes marionetas, Mazinger Zetas. De tan bien delineados que están, de tan excesivamente silueteados, parece que no son de carne y hueso. Pareciera que tuvieran un muñequito dentro que guiara sus pasos más allá de su libertad como personajes. Esta construcción de personajes está trabajada con un objetivo: servir a la tesis que insiste en crear un discurso, un relato unívoco que sea masticable, simple, popular, que pueda ser verdad histórica, que se convierta en el relato auténtico de lo que pasó, que comprima los acontecimientos en una diégesis dicotómica en un yin yan de buenos y malos, víctimas ganadoras y asesinos perdedores.

Cuando salió el libro de cuentos Los peces de la amargura, lo leí con intensidad. Dentro de aquellos años de plomo en los que muchos ya veíamos un final, recordemos las palabras de Arnaldo Otegui en el año 2004 en el velódromo Anoeta, el hecho de que el foco de la literatura se posara con sus pequeñas manos de papel en una historia que hervía la sangre a todo el mundo, era algo en primer lugar digno de señalar y en segundo lugar vigoroso, valiente, si no fuera porque esa palabra está hueca de tanto mal-utilizarla y porque la valentía, o al menos el uso de esta palabra en muchos casos es un trasunto de cobardes. La política como tema literario en el estado español y sobre todo con respecto a ETA -“La Cosa”, como la llama Iban Zaldua– no ha tenido aún grandes libros con grandes o pequeñas preguntas mínimamente respondidas desde el hecho literario. Si la ficción se adentra en la historia de un asesino que siembra de cadáveres una ciudad blanca nadie se rasgará las vestiduras, aunque en cada línea nos metamos de lleno en los cerebelos de ese asesino reprobable. Pero si la ficción se mete de lleno en las cuevas cerebrales de un miembro de ETA, que ni se arrepintió, ni se ha arrepentido de lo que ha hecho, se produce una grieta en el lector y seguramente una culpabilización con consecuencias cuasi penales en el escritor o escritora autores de ese acto “terrorista”. Recordemos la rueda de prensa de Jaime Rosales en el Festival de San Sebastián tras el pase de Tiro en la cabeza.

Belén Gopegui, en su libro Un pistoletazo en medio de un concierto, ya habló detenidamente de las relaciones entre literatura y política. Pareciera que los libros, las novelas, no deben hablar de política. Cuando es sabido por todos que absolutamente todos los libros son de una o de otra manera política. El discurso hegemónico dicta qué libros hablan de política y cuáles no, cuando todos los libros son profundamente políticos. Pero la política es lo que no es la política naturalizada. Los libros y las novelas de política son aquellos libros o novelas que desnudan la política naturalizada desde otra visión política que no está autorizada por el convencionalismo hegemónico que detenta el poder político.

Gopegui incidía en un asunto fundamental: el aspecto de la verosimilitud. Milan Kundera, en El arte de la novela, decía entre otras cosas, que una novela es un territorio donde se suspende el juicio moral. Y yo apunto algo más, uno de los síntomas de la salud lectora de una sociedad, una comarca o un territorio gobernado desde unas premisas políticas tales, no es otro que el ejercicio limpio de la libertad de expresión desde cualquiera de sus parapetos, léase literatura, periodismo, artes. En los países capitalistas la palabra escrita no es peligrosa. Porque en los países capitalistas se da por hecho y por descontado que la palabra escrita, que las ficciones, todas las fábulas, deben obedecer y de hecho obedecen al mercado y al discurso hegemónico que las convierte en diegéticas, ¿digeribles? ¿Hay diégesis que no son digeribles? Sí, ésta. La diégesis sobre la que se fundamenta Patria, sobre la que Patria descansa, no es digerible. Por increíble. En muchos casos los personajes son inverosímiles, son moralizantes y están moralizados. Los personajes de esta novela, Bittori, Joxian, Joxe Mari, Arantxa, Nerea, están llenos de lugares comunes, hablan como hablan los titulares de los periódicos en los años del plomo de la violencia terrorista y armada. Hablan como esperamos que hablen y no cómo desconocemos que hablan.

Pienso que, desde un plano estrictamente literario, debemos ser capaces de discernir y de desligar el concepto de justificar del propio concepto originario de comprender y/o conocer. El comprender un hecho en toda su dimensión no encadena nuestra comprensión a la justificación sin paliativos del hecho comprendido. Comprender, discernir, conocer, ampliar el “conocimiento de los afectos”, impulsar una imaginación ética como diría Edurne Portela, no tiene nada que ver con justificar. En términos de guerra cualquier duda es alimento para las tesis del enemigo. Así lo entendió por mucho tiempo el MLNV y la izquierda abertzale. Así lo entendió durante mucho tiempo el Estado español, su razón de estado y su posicionamiento en una guerra latente, una guerra invisible que se saldó con más de ochocientos muertos por parte de un bando, unos doscientos por parte del otro, y cientos de víctimas colaterales, heridos, y torturados y maltratados en cárceles (el último informe del gobierno vasco baraja la cifra de 4.500). Tras esta tragedia invisible y que ha sido constante, conviene repasar lo que ocurrió y sobre todo comprenderlo. Yo soy capaz de comprender las razones que llevaron a Francisco Franco a dar el golpe de estado de 1936. Eso no quiere decir que justifique ese acto de la voluntad de Franco, eso no quiere decir que justifique ese hecho. Yo puedo comprender por qué mataron a Miguel Ángel Blanco. Eso no justifica en absoluto que yo esté de acuerdo con ese acto de la voluntad humana, ese hecho tan miserable. Pero debo comprenderlo. Las víctimas de ETA hablan por ellas mismas y cada una tiene su historia de dolor y de resignación, de sufrimiento, de resiliencia y de olvido y memoria. Pero llegados a este punto y en este punto: ¿dónde está la literatura?, ¿dónde se sitúa el narrador, el escritor?

En el discurso de recepción del premio Nobel, Albert Camus contestó de manera transparente a esta pregunta: “El escritor debe estar con aquellos que padecen la historia, no con los que la escriben”; Edurne Portela, en su ensayo, como ya se ha citado, dice: “porque somos incapaces de reconocer a la víctima como ser individual sufriente, así como no podemos imaginar al perpetrador fuera del monstruo ininteligible”, quedémonos en la víctima. He dicho en párrafos anteriores que esta novela es una locomotora que avanza pausada por dos raíles paralelos: unos capítulos se centran en una familia de víctimas de un asesinato de ETA y otros lo hacen en una familia de un miembro de ETA. Llegar a reconocer a Bittori como ser individual sufriente se hace excesivamente complicado, porque tanto Bittori como la mayor parte de sus familiares están llenos de excesiva bondad, así como está llena de excesiva maldad la familia que componen Miren y los suyos. Ambos grupos de personajes compactan los bandos, ambos grupos se sitúan uno frente al otro desde una excesiva autoenunciación. Por eso me choca tanto este aspecto. Me choca porque me descuadra con lo planteado, porque personajes que saben tanto de sí mismos, que no se desvían ni un milímetro de las líneas oficiales políticas, de los relatos que quieren imponer unos y otros, me resultan poco creíbles. Son estereotipados. Si extraemos su ideario, sus ideologías, tan evidentes, tan poco desarrolladas, nos encontramos de lleno con la más pura ortodoxia congeladora que hace de un personaje un simple portador de las ideas, de las tesis de un narrador/autor. Pero quizá esto sea así porque el narrador quiere mostrarnos la incultura social de cada uno de los bloques, la poca comunicación entre ellos, la psicosis paralizante que los aqueja. No lo sé. Puede que sea eso. Pero a mí lo que me queda es un recorrido por historias encontradas a lo largo de ochocientas páginas que no acaban de ser orgánicas. ¿A qué obedece esta novela, a qué obedece esta estrategia? Porque esta manera de enfocar los personajes es decisiva: está la casa “de esos” y “nuestra” casa. El narrador está contaminado por su tragedia, tan contaminado que nos hace incluso muy difícil penetrar en dicha tragedia.

Patria es un toma y daca entre dos familias que viven muy juntas, que se conocen, que se han ayudado. El hombre de una de las familias ayudado por el otro, el hombre, el macho alfa de una de las familias (el que es “asesinable”, en palabras de Bittori), y el pobre borrachín falto de autoridad, el padre del asesino, de uno de esos, los de ETA. Así contado parece un cuento de porteras. Reconozco que de las primeras impresiones que me produjo la novela, quizá la más fraudulenta fue la conversación, el diálogo entre dos vecinas anónimas del pueblo contado en un autobús cuando reconocen a Bittori, la mujer de Txato, asesinado por ETA, entre los pasajeros del autobús que va al pueblo, en uno de sus viajes a su casa, cuando Bittori ya había abandonado el pueblo hace tiempo por miedo a las represalias y para olvidar. Una de ellas, con ánimo de explicarse, le dice a la otra: “Es el conflicto, Pili, es el conflicto”, y yo recuerdo: “Es la guerra, idiota, es la guerra”, “Es la economía, estúpido, es la economía”. En momentos como éste, y hay muchos de este tipo en el libro, a mí personalmente la narración se me corta, se me desplaza, la ficción resbala y se le ven las manos manipuladoras al narrador. Cuando los personajes no acaban de tener la densidad de personajes requerida, la complejidad que los hace personajes, es cuando la verosimilitud se eclipsa.

Da la sensación de que los personajes de Patria obedecen a una tesis prefijada por el autor-narrador, la de que todo debe conducir a condenar el mundo que se ha creado en torno a la violencia y que ha sido cómplice y protagonista de la violencia terrorista. Pero se da una paradoja: mediante esa estrategia puesta en práctica, ocurre no lo contrario, ocurre que el objetivo de la tesis predeterminada no se cumple, ya que los personajes no son creíbles. No llegamos ni siquiera a hablar de supremacía moral de unos sobre otros. No se llega ni a eso. Se vuelve a caer en algo comentado anteriormente: se parte de una tesis incuestionable para todos los que pueblan la ficción de Patria, una tesis que impide la comprensión del mundo que rodea a todos los que pueblan la ficción de Patria. Y los personajes, cuyo conflicto, porque todo personaje no es ni más ni menos que un conflicto, nada más y todo eso, los personajes, digo, son uno de los instrumentos con mayor capacidad dentro de las novelas para comprender e iluminar lo real desde la ficción, mucho mejor que los seres humanos. Esto es así, porque los personajes de una novela tienen una característica que no tienen los seres humanos: se inician al empezar un libro y se concluyen al acabarlo, dotando a su maquinaria de puros personajes de un sentido, de una interpretación acerca de los conflictos en los que se mueven que siempre resulta reveladora. Es decir, la literatura, y la novela en concreto, tiene en sí una capacidad enorme de comprensión de la realidad siempre y cuando se cumplan una serie de condiciones y una de ellas, inexcusable, es la latencia permanente de la verosimilitud y la inquieta y poderosa fuerza que emana de los conflictos que se desarrollan de manera imprevisible y nunca acotados bajo las premisas ideológicas del autor.

Y ahora cito una frase del  autor recogida de una de las entrevistas que le realizó para El País,  tras la publicación de Patria: “La derrota literaria de ETA sigue pendiente”. A mí me resulta difícil de comprender esta frase puesta en boca de un escritor. Un Ministro del Interior sí que podría decir esto. Esta frase es inverosímil en boca de un autor y es verosímil en boca de Fernández Díaz, o de un miembro del CESID.

Lo que quiero decir es que si utilizamos la literatura como “gasofa” de fundamentos políticos hegemónicos, luego no caigamos en contradicciones como ésta, también de la misma entrevista: “Tanto la política como el sentimentalismo o el fanatismo conducen directamente a la mala literatura. Para mí la literatura está muy por delante de la política, muy por delante. Yo no pongo la literatura al servicio de la política, porque si lo hiciera solo saldrían simplicidades”. Me resulta muy extraño conjugar estas dos citas.

Pero quedémonos con la primera: la derrota literaria de ETA sigue pendiente. En esta cita se dan por hecho dos cosas: una, que existe una literatura pro-ETA: y dos, que la literatura debe ser un arma de acabamiento de ETA. Supongamos que el aserto literatura pro-ETA es veraz. Damos por hecho que existe una literatura de ETA, una literatura que justifica el terrorismo, ¿realmente esto es cierto? Porque si existe el realismo etarra, por incorporar un nuevo género, una literatura que al estilo del realismo socialista para con la clase obrera o al estilo de la literatura del realismo capitalista con respecto a la clase consumidora, debería ser un género o un corpus teórico que fundamentara novelas cuyo sentido y objetivo final fuera construir la bondad del etarra y su heroicidad. Pero si de hecho seguimos con la hipótesis que surge de esta cita, podríamos decir también que existe el realismo victimario, novelas que realzan la bondad de las víctimas y que frente al realismo etarra buscan ensalzar a la víctima como héroe en medio

de un paisaje maniqueo de buenos y malos. Y en esas estamos. ¿Debemos construir esos dos frentes literarios? ¿La literatura se escribe para esto?

No me atrevo a dictar bondades o maldades sobre Patria. Creo que es una buena novela para los que conocieron el conflicto vasco desde los altavoces del Ministerio del Interior y desde el bloqueo informativo de los medios de comunicación. También es una buena novela para los ortodoxos del oldartzismo abertzale, porque justifica sus odios al otro. Pero a la vez creo que no es una buena novela para la literatura, porque en Patria no se comprende a los personajes, se toma partido con unos frente a otros y se justifica el relato que quiere imponerse frente a una historia, la del conflicto vasco, llena de otras muchas historias más verosímiles, de mayor organicidad, de mayor multiplicación de afectos, que poco a poco deben salir a la luz. El tiempo dictará sentencias. Y la historia nunca nos absolverá.

¿A qué estamos: a Rolex o a setas? ¿A qué estamos: a construir la literatura de la Patria o a crear la patria de la literatura?


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Descargar:

Diálogo entre Fernando Aramburu y Ernesto Tenembaum. Audios de la Presentación de la novela Patria. Auditorio Jorge Luis Borges de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno, Buenos Aires, Argentina. Viernes 9 de febrero de 2018.