martes, 14 de marzo de 2017

CD 174 – Con Voz Propia: Ricardo Piglia


Un Día en la Vida

Un tiempo después de aquel viaje al sur, a los dieciséis años, yo cortejaba, digamos así, dijo, a Elena, una bella muchacha, muchísimo más culta que yo, con la que cursaba el tercer año del Colegio Nacional de Adrogué. Una tarde veníamos por una calle arbolada junto a un muro pintado de celeste, que todavía veo con nitidez, y ella me preguntó qué estaba leyendo.

Yo, que no había leído nada significativo desde la época del libro al revés, me acordé que había visto, en la vidriera de una librería, La peste de Camus, otro libro de tapas azules, que acababa de aparecer. La peste de Camus, le dije. ¿Me lo podés prestar?, dijo ella.

Me acuerdo que compré el libro, lo arrugué un poco, lo leí en una noche y al día  siguiente se lo llevé al colegio… Había descubierto la literatura no por el libro sino por esa forma afiebrada de leerlo ávidamente con la intención de decir algo a alguien sobre lo que había leído: pero ¿qué?... Eterna cuestión. Fue una lectura distinta, dirigida, intencional, en mi cuarto de estudiante, esa noche, bajo la luz circular de la lámpara… De Camus no me interesa La peste, pero recuerdo al viejo que le pegaba a su perro y cuando al fin el perro se escapa, lo busca desolado por la ciudad.

¿Y cuántos libros he comprado, alquilado, robado, prestado, perdido, desde entonces? ¿Cuánto dinero invertido, gastado, derrochado en libros? No recuerdo todo lo que he leído, pero puedo reconstruir mi vida a partir de los estantes de mi biblioteca: épocas, lugares, podría organizar los volúmenes cronológicamente. El libro más antiguo es La peste. Luego hay una serie de dos: El oficio de vivir de Pavese y Stendhal par lui-même. Fueron los primeros que compré, a los que siguieron cientos y cientos. Los he traído y llevado conmigo como un talismán o un fetiche, y los he puesto sobre las paredes de piezas de pensión, departamentos, casas, hoteles, celdas, hospitales.

Se puede ver cómo es uno a lo largo del tiempo sólo con hacer un recorrido por los muros de la biblioteca: sobre Pavese escuché una conferencia de Attilio Dabini y compré el libro (porque yo también escribía un diario). Stendhal par lui-même lo encontré en la librería Hachette de la calle Rivadavia. Recuerdo el tren en el que volvía a Adrogué y el guarda que apareció por el pasillo y no me dejó terminar la frase que estaba escribiendo atrás en el libro. Quedó una frase incompleta, ese rastro (Es difícil ser sincero cuando se ha perdido… ¿qué?) no sé si es una cita o una frase mía (las que nos vienen a la cabeza cuando leemos). Puedo ver cómo cambian las marcas, los subrayados, las notas de lectura de un mismo libro a lo largo de los años. En El oficio de vivir, por ejemplo, Editorial Raigal, traducción de Luis Justo. Está firmado con mis iniciales ER con la fecha 22 de julio de 1957. Anotaba impresiones en los márgenes o en la última página: El diario como contraconquista o los múltiples modos de perder una mujer. Anotaba ver p. 65. Y algunas citas: «Así termina nuestra juventud: cuando vemos que nadie quiere nuestro ingenuo abandono». Y en la  primera hoja blanca del libro, antes de los títulos, hay una de las tantas listas que he hecho siempre con la intención de dar por hecho lo que he escrito: Llamar a Luis, Latín II (martes y jueves) y, más abajo, una de las tantas anotaciones supersticiosas. En ese momento estaba escribiendo mis primeros relatos, me interesaba «vivamente» saber cuánto tardaba un escritor en escribir un libro y reconstruí la cronología de la obra de Pavese partir de su diario.

27 de noviembre 1936 - 15 de abril de 1937: Il carcere.
3 de junio - 16 de agosto de 1939: Paese tuoi.
septiembre de 1947 - febrero de 1948: La casa en la colina.
junio-octubre de 1948: Il diavolo sulle colline.
marzo-junio de 1949: Tra donne sole.
septiembre-noviembre de 1949: La luna e i falò.

En aquel entonces escribir un cuentito de cinco páginas me llevaba tres meses.

La peste y El oficio de vivir fueron los primeros libros propios, digamos así, y mi último libro lo conseguí ayer a la tarde, fue The BlackEyed Blonde (A Philip Marlowe novel) de Benjamin Black, me lo regaló Giorgio, un amigo. Tenés que escribir algo, me dice, dijo Renzi, es Chandler pero le falta…  ¿Qué le falta?, preguntó mi amigo. El touch, pensé, le falta la mugre, como dicen los tangueros cuando un tango está sólo «bien» tocado…

Renzi abrió el libro y leyó: «It was one of those Tuesdays in summer when you begin to wonder if the earth has stopped revolving». Así empieza; es lo mismo, pero no es lo mismo (tal vez porque sabemos que no es de Chandler…).

Demasiados pastiches, viejo, esta temporada, dijo ahora, demasiadas parodias, prefiero el plagio directo…

Me lo podés prestar, me dijo Elena. No sé qué fue de ella después, pero si no me  hubiera hecho esa pregunta, quién sabe qué habría sido de mí…  Ya no hay destino, no hay oráculos, no es cierto que todo esté escrito en la vida pero, pienso a veces, si no hubiera leído ese libro, o mejor, si no lo hubiera visto en la vidriera, quizá no estaría aquí. O si ella no me lo hubiera pedido, ¿no? Quién sabe… Exagero, retrospectivamente, pero recuerdo con ardor esa lectura, un cuarto al fondo, una lámpara de escritorio, ¿qué decirle a una mujer de una novela? ¿Contarla de nuevo? Tampoco el libro valía mucho, demasiado alegórico, un estilo pesado, profundo, sobreactuado, pero, en fin, ahí pasó algo, hubo un cambio… Nada especial, una tontería, la verdad, pero esa noche estuve otra vez, hablando en sentido figurado, en el umbral: sin saber nada de nada, haciendo que leía… 

- Oh, el azar, los azahares, las muchachas en flor… Tengo setenta y tres años viejo, y sigo ahí, sentado con un libro, a la espera…

(Fuente: Ricardo Piglia (2015): Los diarios de Emilio Renzi. Años de formción. Editorial Anagrama, Barcelona)

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Ficha Técnica:
“Los Libros de mi Vida. Ensayo de una autobiografía futura”, Conferencia de Ricardo Piglia brindada en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, mayo de 2015. La presentación estuvo a cargo de Juan Barja, Director del CBA) 
Producción General y Edición: Blanca Curia

lunes, 27 de febrero de 2017

CD 173 – El Telón de Aire (VII)


Teatro al Oído
Narrativa Radial es una Asociación Civil compuesta por entusiastas profesionales del Arte, la Cultura y la Comunicación cuyo objetivo es estimular la Creación, la Producción y la Difusión de la Narrativa en la Radio. En otras Palabras, es un colectivo que se propone hacer del Parlante Radiofónico una usina de ideas que fragüe Historias que alimenten la Imaginación y los Sentidos de sus propios Emisores y sus potenciales Destinatarios, para que la Radio recupere su Magia y haga valer su Aire.
Narrativaradial.com es un sitio web que ofrece capacitación y encuentros vinculados con el Relato Radiofónico. Un espacio en el que se pueden escuchar breves producciones, se dan a conocer noticias y artículos de interés referidos al ecosistema de la Radio y las Narrativas. También se publican concursos de Radioteatros, Documentales Sonoros, Artísticas, Informes Periodísticos.
La Biblioteca Parlante de Distribución Nacional “Mirá lo que te Digo” renueva su Catálogo con este Ciclo de Cortos de Radioteatro. Cada pieza de ficción tiene una duración que oscila entre los 4 y los 12 minutos. Cada una de ellas es una Historia Independiente y Unitaria -de diversos Temas y Géneros: Comedia, Drama, Ciencia Ficción, Monólogo, Absurdo,…- que empieza, se desarrolla y termina cuando los Ojos del Imaginar lo dispongan. Este emprendimiento se realiza gracias a la Fundación SAGAI y con la participación de los actores socios de Narrativa Radial www.narrativaradial.com a cuyo cargo está la Producción General. 

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Una empleada pública que repite mantras, unos usuarios impacientes, una pizza que se espera… la trama de un día de trámite que intenta ser distinto pero que es igual a todos.
Staff: Intérpretes Principales: Irene Almus y Estela Garelli. Guión: Irene Prono. Dirección de Actores: Marcelo Cotton y Lidia Argibay. Asistente de Producción: Gabriela Pérez Menéndez. Grabación en Estudio: Adolfo Schmidt. Edición: Joaquín Sanz y Marcelo Cotton.

Un aire de sainete para una historia de conflictos cotidianos, chusmeríos y otros ingredientes se mezclan en un guiso incontrolable.
Staff: Intérpretes: Corina Rodríguez, Fernanda Cantarella, Juan Carrasco y Miguel Ferrería. Guión: Irene Prono y Mabel Bonomo. Dirección de Actores: Marcelo Cotton y Lidia Argibay. Asistente de Producción: Gabriela Pérez Menéndez. Grabación en Estudio: Adolfo Schmidt. Edición: Joaquín Sanz.

Un hombre rutinario se sumerge en su nuevo y misterioso destino…
 Staff: Intérprete: Germán Rodríguez. Guión Original: Maximiliano Di Leandro. Dirección de Actores: Marcelo Cotton y Lidia Argibay. Asistente de Producción: Gabriela Pérez Menéndez. Grabación en Estudio: Adolfo Schmidt. Edición: Joaquín Sanz.

Quejarse del calor es un lugar común. Pero el lugar no es tan común…
Staff: Intérpretes: Juan Carrasco y Daniel Moreno. Guión: Marcelo Cotton. Dirección de Actores: Marcelo Cotton y Lidia Argibay. Asistente de Producción: Gabriela Pérez Menéndez. Grabación en Estudio: Adolfo Schmidt. Edición: Marcelo Cotton.

La fórmula perfecta para plantear una separación de pareja. Una manera fácil y efectiva. Aunque no tan duradera…
Staff: Intérpretes: Florencia Moeremanns, Miguel Ferrería y Germán Rodríguez. Guión: Juan Di Noia. Dirección de Actores: Marcelo Cotton y Lidia Argibay. Asistente de Producción: Gabriela Pérez Menéndez. Grabación en Estudio: Adolfo Schmidt. Edición: Marcelo Cotton.

Ficha Técnica:
Dirección General: Marcelo Cotton
Dirección Actoral: Lidia Argibay y Marcelo Cotton
Asistente de Producción: Gabriela Pérez Menéndez
Operador de Grabaciones: Adolfo Schmidt 
Edición: Joaquín Sanz

martes, 14 de febrero de 2017

CD 172 – Nicolás Copérnico: El Refutador del Geocentrismo


Un Sabio con la Vista Puesta en el Cielo

A Nicolaus Copernicus se le considera el fundador de la astronomía moderna, fundamental en la Revolución Científica del Renacimiento.

Nicolás Copérnico (1473-1543), astrónomo polaco, es conocido por su teoría Heliocéntrica que había sido descrita ya por Aristarco de Samos, según la cual el Sol se encontraba en el centro del Universo y la Tierra, que giraba una vez al día sobre su eje, completaba cada año una vuelta alrededor de él.

Copérnico nació el 19 de febrero de 1473 en la ciudad de Thorn (hoy Toru), en el seno de una familia de comerciantes y funcionarios municipales. El tío materno de Copérnico, el obispo Ukasz Watzenrode, se ocupó de que su sobrino recibiera una sólida educación en las mejores universidades.

Nicolás ingresó en la Universidad de Cracovia en 1491, donde comenzó a estudiar la carrera de humanidades; poco tiempo después se trasladó a Italia para estudiar Derecho y Medicina. En enero de 1497, Copérnico empezó a estudiar Derecho Canónico en la Universidad de Bolonia.

En 1500, Copérnico se doctoró en Astronomía en Roma. Al año siguiente obtuvo permiso para estudiar Medicina en Padua (la universidad donde dio clases Galileo, casi un siglo después). Aunque nunca se documentó su graduación como Médico practicó la profesión por seis años en Heilsberg.

A partir de 1504 fue canónigo de la diócesis de Frauenburg. Durante estos años publicó la traducción del Griego de Las cartas de Theophylactus (1509), estudió finanzas y en 1522 escribió un memorando sobre reformas monetarias.

Sus trabajos de observación astronómica practicados en su mayoría como ayudante en Bolonia del profesor Doménico María de Novara dejan ver su gran capacidad de observación.

Fue un gran estudioso de los autores clásicos y además se confesó como gran admirador de Ptolomeo cuyo Almagesto estudió concienzudamente. Después de muchos años finalizó su gran trabajo sobre la teoría heliocéntrica en donde explica que no es el Sol el que gira alrededor de la Tierra sino al contrario.

Esta teoría, sin embargo, también requería de complicados mecanismos para la explicación de los movimientos de los planetas, debido a la perfección de la esfera. Estimulado por algunos amigos, Copérnico publica entonces un resumen en manuscrito. En sus comentarios establece su teoría en 6 axiomas, reservando la parte matemática para el trabajo principal, que se publicaría bajo el título Sobre las revoluciones de las esferas celestes.

A partir de aquí la teoría heliocéntrica comenzó a expandirse. Rápidamente surgieron también sus detractores, siendo los primeros los teólogos protestantes aduciendo causas bíblicas. En 1616 la iglesia Católica colocó el trabajo de Copérnico en su lista de libros prohibidos.

La obra de Copérnico sirvió de base para que, más tarde, Galileo, Brahe y Kepler pusieran los cimientos de la astronomía moderna.


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Producción General y Edición: Blanca Curia

lunes, 30 de enero de 2017

CD 171 – Con Voz Propia: Julio Cortázar (IV)

Cortázar y el Boxeo

Cuando Ariel Scher me dijo “hablá con Diego Tomasi, que es uno de los tipos que más sabe de Cortázar”, no tuve dudas. Enseguida le pedí que escribiera algo sobre el genial escritor. Lo que sea, lo que se te ocurra, le dije al autor de El caño más bello del mundo, un libro dedicado a Riquelme. Y Tomasi, que hace dos años publicó el recomendable Cortázar por Buenos Aires, Buenos Aires por Cortázar, se despachó con los siguientes textos, que se agradecen.

Por Diego Tomasi

Cortázar descubrió la radio y el boxeo esa noche de 1923 en la que Firpo no le ganó a Dempsey porque no tenía que ser, porque esa pelea estaba más destinada a ser una escena literaria que una competencia justa. Y esa decepción, esa tristeza transmitida por radio, convirtió a Cortázar, a ese niño de nueve años, en un ardiente seguidor del deporte de los puños.
Cuando se volvió adulto y porteño, Cortázar fue a ver boxeo todo lo que pudo. Iba al Luna Park. No importaba tanto quién peleaba. Importaba que hubiera pelea. No eran pocas las veces que iba a la tribuna con un libro debajo del brazo, como un esteta. Leía en los intervalos. Algún personaje suyo, después, hacía lo mismo, y así los límites entre ficción y realidad terminaban borrándose.
En la literatura de Cortázar hay múltiples referencias al boxeo y a boxeadores, y no es ilógico, en ese sentido, que uno de sus libros más estéticamente valientes y juguetones se llame Último round.
En sus cartas, Cortázar deja constancia de su gusto por el boxeo. A menudo escribe a amigos y, en medio de una discusión sobre arte o sobre cine, pregunta si han visto pelear a tal o cual boxeador. O comenta una pelea que vio en París. O simplemente elige una imagen boxística para contar cualquier experiencia mundana. En algún sentido, su vínculo con el boxeo fue similar al de otros escritores que han escrito sobre ese deporte, pero en su caso lo singular es que no hay manera de pensarlo a él, que nunca levantó siquiera un brazo (y cuya actividad deportiva más significativa fue jugar al ping pong con su ahijado en la mesa del living de su casa en la calle Artigas) sin pensar en dos guantes, en una piña bien puesta, en una campana sonando.

La última visita de Cortázar al Luna Park
El día 7 de abril, la revista El Gráfico, a través de Alberto Perrone, invitó a Julio Cortázar a asistir a una pelea de boxeo en el Luna Park. Hacía décadas que el escritor no iba al mítico estadio ubicado en Bouchard y avenida Corrientes. Cortázar aceptó, y fue con Perrone y con el periodista Gabriel Díaz. Ese día peleaba Miguel Ángel Castellini con el estadounidense  Doc Holliday, por el título mundial en la categoría súper welter. Castellini ganó por puntos.
Al día siguiente, Cortázar escribió un párrafo sobre la pelea, que El Gráfico publicó en su edición del 10 de abril de 1973, con el título Un triunfo con algunas nubes. Decía la nota: “Como es lógico, el público fue a ver ganar a Castellini. Como también es lógico, Castellini ganó. La única cosa ausente en tanta lógica fue lo que justifica y da su auténtica belleza al deporte: la alegría. A la victoria del argentino le faltó todo, salvo la fuerza del punch, y ni  siquiera éste pudo definir una situación que por lo menos dos veces se volvió crítica para Doc Holliday. Fue una victoria chata, sin nada que permitiera festejarla como se esperaba.
Frente a Castellini hubo un hombre que en buena ley deportiva merecía los aplausos que tan sin ganas cosechó el vencedor. Pero Doc Holliday fue además otra cosa: el símbolo amenazante del futuro. Si Castellini no aprende todo lo que le falta aprender, de nada le valdrán las interminables instrucciones que le gritaba Ringo Bonavena”. A Cortázar no le había gustado la pelea, y se notaba.
Y así fue como, tantos años después, un estadio mítico y un escritor consagrado volvieron a encontrarse, y ya no volverían a hacerlo.

Acerca de Torito, de Julio Cortázar
El verdadero personaje de Torito no es Justo Suárez, sino el lenguaje.
Es marzo de 1966. La francesa Laure Guille-Bataillon pretende traducir el cuento Torito a la lengua de Proust. Julio Cortázar, con la cordialidad y calidez que caracterizan sus cartas, se niega. Ella siente curiosidad por saber qué motivos tiene el escritor argentino, cuya obra está siendo traducida a muchos idiomas desde hace muchos años (tanto más desde la publicación de Rayuela en 1963), para negarse.
Entonces, Cortázar dice la frase. Dice: “En ese cuento el verdadero personaje es el lenguaje y sólo el lenguaje. La historia del boxeador está lejos de ser interesante, es siempre la crónica vulgar del pobre tipo al que ponen por las nubes para precipitarlo en la ruina”.
Y explica que, en 1951, cuando escribió el cuento, él buscaba escandalizar a ciertos lectores argentinos que, creyéndose sofisticados, decían despreciar la lengua de los seres de los suburbios. “Fue un desafío y gané mi modesta batalla”, escribe a Guille-Bataillon.
Torito, en su ritmo, en su estructura y en su lenguaje, es único en la literatura de Cortázar, pero no es aislado. Es parte de su búsqueda permanente acerca de las posibilidades infinitas que dan (o pueden dar) las palabras. Siempre tan mágicas, ellas.

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Edición: Blanca Curia

viernes, 13 de enero de 2017

CD 170 - Un Diego Para La Torre


Documental Radiofónico acerca de la Campaña Solidaria de Radio Ahijuna para Volver al Aire

El tornado del 4 de abril de 2012 marcó un antes y un después en la vida de Radio Ahijuna. La caída de la torre de transmisión como consecuencia del temporal que azotó buena parte del Gran Buenos Aires los puso ante la necesidad de recuperar su principal herramienta de trabajo: La antena. Apelando al humor y al lenguaje popular, idearon la campaña "Un Diego para la torre", que contó con la imagen del ex futbolista y actual comentarista deportivo Diego Fernando Latorre. 8 meses después, gracias a la solidaridad de más de 2500 personas, lograron recaudar el dinero para volver al aire.

El documental radiofónico aborda los principales ejes de la campaña solidaria a partir de las voces de sus protagonistas y de referentes de la comunicación popular y comunitaria de América Latina como Claudia Villamayor y Oscar E. Bosetti. Además, enmarca el surgimiento de Radio Ahijuna en 2004 y da cuenta de la importancia de los medios comunitarios para la construcción de una sociedad más democrática.



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jueves, 29 de diciembre de 2016

CD 169 – Cromañón: Fuegos Que Nos Siguen Quemando


194 Pibes

El día 30 de diciembre de 2004, fecha que esperé con mucha ansiedad, fui a República de Cromañón dispuesto a ver el último recital del año de “los chicos de Celina”.

La enorme cantidad de pibes que estábamos ahí habíamos ido a pasarla bien, a compartir con callejeros de todo el país la emoción que nos provocaba escuchar a la banda de nuestros amores.

De golpe, apenas habían arrancado con el primer tema, vi cómo una superfiesta del rocanrol se convertía en una película de terror. Lo que tuve que soportar en ese lugar me partió la cabeza. ¿Qué digo cabeza? ¡Me partió la vida en dos! Es una mochila que voy a llevar hasta el día que me muera.

¡Y pensar que yo era un chico feliz! Me hacían feliz sus canciones, me sentía feliz cuando pisaban el escenario, que cada vez tuvieran más seguidores. Me hacía feliz su éxito, que sentía como mío. Esperar el próximo show y saber que había llegado, otra vez, el momento de agitar con las letras de rock que nos entienden, a mí como a miles de pendejos de mi edad. 

Con Callejeros podía sentir al mango el privilegio de ser feliz. Hoy me pregunto si habrá sido demasiado perfecto amar a la banda que sabía ponerle las palabras justas a mis sueños, el sonido exacto a mis ilusiones.

Pero en medio de lo que soñamos en ritmo de fiesta, esa noche aprendí a la fuerza que la muerte está mucho más cerca de lo que creía, que se puede tocar y te puede tocar. Pensé en mis viejos. En mi madre y mi padre, que no se merecían una cosa así. Son buenos tipos.

Jamás me cortaron el vuelo, todo lo contrario. Entendían que siguiendo a la banda yo era feliz.

Tocaran donde tocaran –Liniers, Mataderos, Cosquín, Catamarca, Salta o Jujuy–, ahí estaba yo prendido a la garantía de dos horas de felicidad.

Eso es lo que querían mis padres para mí. ¡Pobrecitos! ¡Qué fiestas de mierda iban a pasar! ¡Si por lo menos me hubiera podido despedir! Pero nada, me fui sin decirles todo lo que los quiero a ellos, a mis hermanos, a mis amigos. ¡Morir tan joven y de una manera tan, tan estúpida! ¡Y todo por un boludo que tiró una candela al techo!

Perdí a muchos amigos. Lloré como nunca. El dolor de cada familiar que llegaba y se encontraba con el cuerpo de su ser querido tirado en la vereda era como una puñalada para mí.

(Fuente: “Cromañón. La tragedia contada por 19 sobrevivientes”, de Ezequiel Ratti y Franca Tosato. Buenos Aires, Planeta, 2006)

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Ficha Técnica:

Documental Radiofónico Ideado, Producido y Editado por Matías Pablo Lanzi.

Con los testimonios de Juan Domingo Ledesma, Mailín Blanco, Federico Soto y Damián Nelson  Quispe, sobrevivientes de la tragedia, y Andrea Amman y María Teresa Volpe, Psicólogas que brindaron asistencia profesional a las víctimas de República de Cromañón.

miércoles, 14 de diciembre de 2016

CD 168 – Luciano Arruga: Las Verdades Nunca Mueren


¿Y Luciano?

Por William Cartagena *

Desde el 31 de enero de 2009, nos falta un compañero de 16 años, que se negó a robar para la Policía, a pesar de las amenazas que había sufrido en el destacamento de Lomas del Mirador. Su hermana, Vanesa Orieta, sigue luchando, mientras los ocho canas que estuvieron en funciones esa noche gozan de impunidad. Que aparezcan Arruga, López y la Justicia.

No les alcanza con despo­jarnos de nuestras tierras, ni con negarnos el acceso a un trabajo digno. Por si acaso, nos violan, física y moralmente, criminalizando nuestra cultura y endilgándonos delitos sistemática­mente, para limitar nuestras opor­tunidades. Así de fácil, quisieron acallar una voz, que hoy sale de La Garganta. ¿Y Luciano?

Su crimen fue negarse a robar, rechazar el mandato de la Maldita Bonaerense, que luego de una de­tención ilegal, y diversas amena­zas, lo desapareció un 31 de enero. No es una historia de las 30 mil que pudieran tener este preámbulo, aunque el dolor sea igual: Luciano desapareció en 2009, en plena de­mocracia, cuando tenía 16 años.

Nadie sabe dónde está, a pesar de la fuerza y el valor de su herma­na, Vanesa Orieta, en su lucha in­claudicable: “A más de dos años de su desaparición, se siguen violando los derechos de mi hermano, por­que se lo sigue investigando a él, mientras los ocho policías que es­tuvieron en funciones esa noche, en el Destacamento policial de Lomas del Mirador, continúan trabajando como si nada hubiese pasado”.

Hay testigos que vieron cómo le pegaban y lo subían a un patru­llero. Hay rastrillajes que revelan que Luciano, esa noche, estuvo en un móvil del Destacamento poli­cial. Hay una impunidad absoluta. “La causa todavía figura como ave­riguación de paradero… Está claro que no hay ganas de esclarecer el caso”. Daniel Scioli, el Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, no dedicó ni una hora, de las más de 19.200 que pasaron desde aquella noche, para recibir a la familia. “Y habla de mano dura… Afín a esta Policía corrupta, endurece sus me­didas sobre nuestros barrios”.

– ¿Qué te genera la indiferencia del máximo responsable de la Bonaerense?

– Creo que Scioli debería blanquear la problemática del gatillo fácil, porque la política de Derechos Hu­manos del Gobierno nacional no tiene nada que ver con la provin­cial, que es totalmente represiva, al amparar desde la complicidad.

– A partir de la desaparición de tu hermano, ¿qué descubriste?

– Que había muchos pibes asesina­dos por la Policía. Y eso que sólo son los datos que se llegan a denun­ciar… Es alarmante lo que ocurre en los barrios más humildes, porque la Policía controla los expendios de droga que matan a los chicos de Paco, y coopta a menores para mandarlos a robar. Cuando ya no quieren más, o simplemente dicen que no, terminan asesinándolos.

Hace dos años, la vida de Vanesa cambió radicalmente. Y hace dos meses, se enteró que va a ser ma­dre. Su lucha y luz iluminan ahora el camino de otras mujeres compro­metidas: “Un chico por día muere a causa de gatillo fácil; y entonces, ¿cómo no pelear por una sociedad justa? Hay muchas mujeres en esta lucha, porque estamos más aboca­das al día a día de los chicos”.

Infinitas manos empujan a Va­nesa, con la fuerza de 30 mil y mu­chos compañeros más. “La gente pobre no es asesina, ni chorra, ni violenta. Eso es un estigma que se nos incorpora, y que debemos romper, porque en los barrios hu­mildes viven muchos laburantes”. Con la misma energía que usaba para juntar cartones en su barrio 12 de Octubre, de Lomas del Mirador, también grita Luciano desde la gar­ganta de Vanesa, para que todo el mundo escuche que dijimos Nunca Más: “Defender los Derechos Hu­manos tiene que ver con la memo­ria, pero también tiene que ver con el presente”. ¿Y Luciano?

* Redactor de La Garganta Poderosa; Barrio Rodrigo Bueno.


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Ficha Técnica:

Basado en el libro “Siete noches con Luciano”, de Rodrigo Ferreiro.

Narraciones: Giselle Ribaloff

Luciano Arruga: Gastón Scena

Cecilia: Malena Serur

Edición y Audios: Nicolás Carral y Rodrigo Ferreiro

Adaptación Radiofónica y Guión: Rodrigo Ferreiro

Grabado el 3 de noviembre de 2015 en los Estudios de Radio La Retaguardia, integrante de la Red Nacional de Medios Alternativos