viernes, 11 de octubre de 2019

CD 237 – Con Voz Propia: Carlos Fuentes: La Tradición Que Se Autocelebra Como Ficción



El Diálogo de Quijote y Sancho

Por Carlos Fuentes

El diálogo de Quijote y Sancho es entre la épica caballeresca intemporal y la picaresca radicada en el aquí y el hoy. La interacción de los personajes subordina ambos géneros, pero los revitaliza al relativizarlos en el roce con los demás géneros presentes en el Quijote: el pastoril, el morisco, la novela de amor, la balada, la novela italiana, la novela bizantina: todas las voces narrativas previas al Quijote encuentran su foro dialogante en el Quijote.

Cervantes, sin embargo, va mucho más allá de este cruce genérico para darle la máxima amplitud, fundándola, a lo que consideramos, con justicia, la primera novela moderna.

Al pasar del género establecido o canónico al dinámico diálogo de géneros,  Cervantes introduce también la incertidumbre autoral. ¿Quién escribe la novela que leemos? ¿Un tal Cervantes, más versado en desdichas que en versos, cuya Galatea ha leído el cura que hace el escrutinio de los libros de don Quijote? ¿Un tal de Saavedra, mencionado por el Cautivo con admiración, a causa de los hechos que cumplió por alcanzar la libertad? ¿O se debe la autoría al agónico quehacer del historiador arábigo y manchego  Cide Hamete Benengeli, quien vierte al castellano los papeles de un anónimo traductor morisco: un relato rescatado, casi, del basurero? ¿O será el verdadero autor del Quijote el villano usurpador Alonso Fernández de Avellaneda, autor de la versión apócrifa que se convierte en parte de la Segunda Parte de la novela cuando obliga a don Quijote a cambiar de ruta y seguir a Barcelona a fin de denunciar la farsa de Avellaneda y demostrar que él, "Don Quijote, es el verdadero personaje real del Quijote? O será enmascarado autor de la novela Ginés de Pasamonte, galeote liberado por don Quijote y “por otro nombre llamado” Ginesillo de Parapilla, personaje transformista que vuelve a aparecer como el titiritero Maese Pedro y a quien Francisco Rico, en su magnífica edición del libro, identifica como el aragonés Jerónimo de Pasamonte, “a quien Cervantes conoció” y candidato, añade Rico, a ser precisamente el que se oculta tras el seudónimo de Avellaneda el pícaro.

Pero cuidado, que esta autoría podría extender a toda la familia de La Mancha, la vasta descendencia del Quijote en el Tristram Shandi de Sterne, en las andanzas de Jacques y su amo de Diderot, en las Quijotitas que creen a pie juntillas todo lo que leen: novelas góticas en Jane Austen, folletines románticos en Mme. Bovary...  Hijos de La Mancha son, al cabo, todos los novelistas contemporáneos que rescatan la herencia del Quijote, la menospreciada herencia que evoca Milan Kundera, la tradición que se autocelebra como ficción, consagra su génesis ficticia, se sabe hija de otros libros, es reflexiva, lee al mundo y lo dice, parte de la inexperiencia y lo admite, hasta aterrizar en Pierre Menard autor del Quijote, que es la manera como Borges nos indica que, al cabo, el autor del Quijote eres tú, hipócrita lector, mi semejante y mi hermano. Somos nosotros, los que al leerla, le damos su actualidad a la novela de la incertidumbre no sólo autoral, sino nominal.


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Ficha Técnica: 
Entrevista que Carlos Fuentes le concedió a Joaquín Soler Serrano, para el programa "A Fondo" (Con las Primeras Figuras de las Letras, las Artes y las Ciencias) producido por Radio Televisión Española (RTVE) El escritor repasa su vida, cruzada indefectiblemente por la carrera diplomática de su padre, pues además de marcar su vida de estudiante, influyó, asimismo, en sus descubrimientos literarios. Carlos Fuentes  se detiene, eso sí, en la interpretación de El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de La Mancha, de Miguel de Cervantes, y en Terra Nostra, por entonces, su más reciente obra. Realización: Ricardo Arias. Producción: Jesús González. Dirección y Presentación: Joaquín Soler Serrano

lunes, 30 de septiembre de 2019

CD 236 – Con Voz Propia: Raúl González Tuñón (III)


La Poesía de Raúl González Tuñón

Por Mario Goloboff *

“Vamos hacia un arte sin trabas, hacia el auténtico arte puro, pasando por el arte revolucionario primero y el arte proletario después”.  Así prologaba nuestro Raúl González Tuñón su inmortal La rosa blindada. Esta fue siempre su estética, la de un hombre de su arte y de su tiempo.  Acababa de regresar de la convulsionada España, había pasado todo el año 1935 en Madrid, se había encontrado con Federico García Lorca, con Rafael Alberti, con Miguel Hernández, con Pedro Salinas, con Gerardo Diego… Había leído en El Ateneo, en un acto organizado por León Felipe, los poemas inspirados por la insurrección minera de Asturias; publicado en Caballo verde, la revista del Cónsul de Chile en Madrid, Pablo Neruda; discutido con aquellos amigos sobre la función social de la poesía. Y  hasta los había convencido. Vuelve y parte. Va a otros países de América, de Europa, de Asia. Escribe siempre. Y anda, incansablemente, como aquel Juancito Caminador que ha inventado en su segundo libro, Miércoles de ceniza (1928) (el primero, El violín del diablo, fue de 1926), que desapareció en La calle del agujero en la media (1930), que saludaba desde el pórtico de El otro lado de la estrella (1934) y alcanzaba su definitiva estatura en Todos bailan (1935), hasta una inolvidable “Canción que compuso Juancito Caminador para la supuesta muerte de Juancito Caminador”: “… murió en un lejano puerto/ el prestidigitador. / Poca cosa deja el muerto. /  Terminada su función/ -canción, paloma y baraja-/ todo cabe en una caja. / Todo menos la canción”. Ejerce también el periodismo, la política, la lucha cultural, la formación de los más jóvenes. Todo ello en voz baja, con una sabia modestia, nada exenta de firmeza y convicción.

El resto, es un poco más reciente historia. Alienta a los muchachos del grupo “El pan duro” en sus disidencias y aventuras; prologa consagratoriamente el primer libro de Juan Gelman  (Violín y otras cuestiones, 1956); es recuperado por los jóvenes sesentistas y  antidogmáticos de izquierda de la revista La rosa blindada; es

extendido  a una vasta popularidad cuando Juan “Tata” Cedrón pone música a sus bellísimos poemas (“Los ladrones”, “Tarjeta de cartón”, “La fogata de San Juan”…) y cuando Adolfo Nigro lo incorpora definitivamente a la plástica. Justamente, en aquel evocado prólogo de su libro clave, expresaba una poética que mantendría toda la vida: “El poeta se dirige a la masa. Si la masa no entiende totalmente es porque, desde luego, debe ser elevada al poeta. No se trata de nivelar a todos, por la revolución, en el hambre y la incultura sino en la comodidad y la cultura”.

En 1928, y poco antes de embarcarse rumbo a Europa, publicó Miércoles de ceniza. Ya en París, escribió uno de sus libros fundamentales: La calle del agujero en la media, publicado en 1930. Poco más tarde, en 1936, publica otro libro clave,  La rosa blindada, inspirado en la rebelión de Asturias de 1934. Esta obra fue de gran importancia, ya que Tuñón, con esos versos, fue “el primero en blindar la rosa” (palabras de Pablo Neruda). Su obra se enmarca dentro de las llamadas vanguardias de principios del Siglo XX, y además ejerce firme influencia en los poetas de la Guerra Civil española (muy en particular en Miguel Hernández, uno de los más representativos). Afiliado al Partido Comunista de la Argentina, Tuñón permaneció siempre fiel a sus credos estéticos. Esto lo llevó a arduas polémicas dentro de la organización, con otros artistas o módicos funcionarios; quedaron registradas en los emblemáticos Cuadernos de Cultura del PCA. En líneas generales, no compartió muchas vulgarizaciones formuladas en nombre de la izquierda. Esto explica su situación “a medio camino” entre las dos “capillas” fundantes de la moderna literatura argentina: Florida (homologada a la vanguardia) y Boedo  (al realismo). No comulgaba del todo con los cánones artísticos impuestos por el comunismo, pero estaba fuertemente alineado en su defensa de principios y políticas.

Sus poemas aludían a viajes, barrios de París y de Buenos Aires, pueblos de la Cordillera de los Andes, personajes de circo, lugares lejanos, tugurios extraños, marineros, hampones o contrabandistas; denotan influencias tan disímiles como François Villon, Rainer María Rilke, Evaristo Carriego, o payadores como José Betinotti y Gabino Ezeiza. Juancito Caminador, personaje inspirado en un artista de circo y en una marca de whisky (Johnny Walker), se convirtió en un alter ego literario del autor. El escritor Pedro Orgambide lo describió como un “Amigo de las gentes, de las mujeres amantes y del vino, una suerte de François Villon criollo, cantor de las tabernas, las grandes fiestas y duelos e insurrecciones populares”.

Es al mismo tiempo uno de los precursores de la poesía social y combativa en la Argentina: sus “poemas civiles”, referidos a acontecimientos políticos y sociales, influyeron en la generación de los ‘60. Fue un intelectual políticamente comprometido, y en más de una oportunidad asistió a eventos internacionales que convocaban a artistas de los cinco continentes, ya fuera por la lucha contra el fascismo o en pos del socialismo, cuya causa abrazó. A partir de su lamentado fallecimiento, en agosto de 1974, es cada día más reconocido como uno de los máximos poetas que nos dio el siglo XX. Como diverso, popular, profundo. Como alguien que supo tocar todas las notas, cantar todos los tonos. En versos de lucha, de victoria, y de dolor y derrota, y también en canciones poco menos que infantiles y graciosas, universales, americanas, argentinas. Y, claro está, porteñas. “En la calle enfarolada/ el piberío viene y va/ alrededor de la fogata/ porque es la noche de San Juan”. Entre aquellos chicos está él mismo, saliendo ansioso de esa humilde casona natal. Más tarde, Juancito Caminador recorrerá otros barrios del mundo, desde París a Pekín, llevando los de su amada ciudad a cuestas, y se detendrá a espiar el cementerio de tranvías en Loria y Carlos Calvo, los sugestivos lances y entreveros en el salón de bailes “La Argentina”, de Rodríguez Peña, o en los danzantes de la Asociación Mariano Moreno, de Constitución. La casa de la esquina de San Juan y Oruro, la de Carabobo al 800, la calesita de Floresta, el cine que se llamaba “Radium”, las sombras del Parque Lezama, la plazoleta de los jubilados cerca del Riachuelo, fueron, en sus versos, destellos de esa ciudad mágica a la que todavía puede verse, poniendo, simplemente, “veinte centavos en la ranura”.

* Escritor, docente universitario.


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Bonus Track



Ficha Técnica: 

Raúl González Tuñón por Él Mismo (1967): Grabado por Héctor Yánover, el 13 de marzo de 1967, en Buenos Aires, Argentina. Y pertenece al disco Raúl González Tuñón por él mismo de AMB discográfica. El representante y dueño de los derechos está en "Librería Norte", Las Heras 2225, 1127, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina. 

El gran sueño de Yánover y motor impulsor de aquella ilusión y aquel sello discográfico, fue grabar un disco con Raúl González Tuñón. Luego de haber registrado a García Márquez, León Felipe, Cortázar, Marechal, Girondo, Eluard, Borges, y tantos otros, Yánover se dio por satisfecho sólo y recién después de grabar a Raúl González Tuñón.  “Esa noche llegué a casa –contaba Yánover con los ojos más celestes que de costumbre– y dije: bueno, el sentido, el origen y la verdadera razón por la que nació este sello, se ha cumplido hoy al grabar un disco con don Raúl González Tuñón”. 

viernes, 13 de septiembre de 2019

CD 235 – Con Voz Propia: Raúl González Tuñón (II)


Todavía Seguían Cayendo los Obuses 

en el Corazón de Madrid 

Raúl González Tuñón *

Abrí los ojos y nací  a las cinco de la mañana. Desde hacía una hora, más o menos, mi sueño no era definitivo. Tenía la sensación de estar haciendo esfuerzos para quitarme un fardo de encima. Para quitarme la noche. Grandes y pequeños ruidos asediaban mi cabeza perfectamente incontrolable. A las cinco fue la lucidez. Desde que estoy en Madrid no había oído estruendo igual. Tan constante.  Nada,  posiblemente ni los tanques ni los aviones pueden ser tan impresionantes como los obuses que, esos sí, no se sabe ni de dónde vienen ni adónde van.

A las siete de la mañana de ese día -11 de mayo- perdí la cuenta. Pensaba: hay quienes en este momento trazan rayas en un papel por cada obús que llega. Hay quienes recogen a los heridos y a los muertos. Hay quienes les dan entrada en los hospitales y en los cementerios; en esos libros manoseados que la historia suele revisar después. Tal vez haya muerto una mujer que vi en la cola del tabaco. O un ex jefe de Negociado -que siempre se le conoce-.  O el niño que cantaba en Santo Domingo: 'Cuando viene la aviación, la aviación, la aviación...'  con música de  'Los Tres Chanchitos'. O aquel hombre que dijo: 'El obús que me toque tendrá que llevar esta inscripción: Gregorio García.'  Mejor así: 'Para Gregorio García'.  Es más correcto.

De pronto la habitación era sacudida por un viento atronador. Todo se estremecía: mi cama, los dos o tres libros desvelados, las fotografías de la gente que ocupaba esta casa, intrusas hoy, la recomendación (para ordenanza de Banco), la tarjeta del abate Jean, la casa, en fin, la vieja casa del conde, los cristales, las sonatas dormidas en los pianos amarillos y muertos, el 'schottis' de Don Quintín últimamente colocado en la pianola: el retrato del Papa y  el de Joselito, ambos con dedicatoria a la Condesa, ya acabada como ellos: la gran Biblioteca, así como los relojes, los muebles en cuyos cajones yacen las cartas, las recomendaciones, otras tarjetas de visita, el balance del año '35; y luego las tulipas, las pantallas, las flores pintadas, los cortinados, los ceniceros, las alfombras. Ese buen gusto desagradable de comedia fina, ese, a veces, agradable mal gusto y delicioso ridículo que recuerdan la presencia en esta casa de alguien que tuvo cierto ángel, pero cuyos descendientes bajaron después a la cursilería frívola, al clero, a la novela rosa, a lo que no subirá más a la superficie de España ardida y desgarrada y poderosa.

Porque sucede que la guerra trae consigo a la revolución y lo único que quedará de esta casa será la Biblioteca, el retrato de Joselito, por ser auténtico, y tal vez la guardarropía de los condes y de la capilla donde se amontonan disfraces tan parecidos a los que se ven en los escenarios dados vuelta cuando se marcha la compañía y que irán a parar, sin duda, a manos de los utileros de un posible teatro de la Alianza.

Hacia las diez de la mañana pasaron los aviones. Ya estaba en pie y corrí a la ventana. Todavía seguían cayendo los obuses en el corazón de Madrid, de heridas y latidos universales. Casi en seguida dejaron de caer. Nuestros aviones habían detenido al crimen. Y como los aviones fascistas no ofrecen nunca combate, los cañones fascistas, por temor a ser localizados, fueron silenciados y escondidos otra vez en la tierra ofendida por la zapa cobarde. (Esto no es demagogia, es un documento.) Pero después en la calle, con el sol, con la gente, con los niños, con las pipas, con las colas, con la Puerta de Alcalá, con Cibeles, con la Granja -había cerveza-, consumiéndome de amor, de ternura y de coraje, recobré otra vez a Madrid y a su reloj de Gobernación donde se da la hora de España. Y unas piernas rígidas y un niño corriendo hacia los escombros me emocionaron hasta llorar. (La poesía no es sólo experiencia, como decía Rilke. ¡También los sentimientos!)

En el frente de la Gran Vía me aguardaban el polvo amontonado, las vidrieras rotas, los comentarios de la indignación y  el humor popular. La huella del crimen,  casi borrada ya por la sonrisa de Madrid. Porque lo que no pudo conseguir la aviación no lo lograrán los obuses. ¿A qué este tremendo golpe súbito, este humo, este estruendo, estas muertes, estos letreros sobre las piedras, 'Peluquero de señoras'. 'Las señas en la casa vecina', estas sastrerías desplomadas, estos incorrectos maniquíes? ¿Y estos obuses lanzados ciegamente, sin objetivo militar, por lo que detrás de nuestros parapetos, más allá de nuestras trincheras, aunque lanzaran sobre Madrid toda la metralla de los países fascistas no podrían siquiera conquistar la ceniza que sigue a toda muerte? Madrid, de sangre o polvo, no sería jamás conquistada por los bárbaros. El corazón de Madrid, crecido inmensamente por noviembre, nació del toro y la paloma. Tiene el secreto del valor y de la gracia.

(Fuente:  * Este poco conocido texto del poeta es una crónica publicada por el periódico republicano La Nueva España, editado en Buenos Aires, y recogido en el libro Las puertas del fuego. Describe los bombardeos a Madrid durante la ofensiva fascista)

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Ficha Técnica: 

Raúl González Tuñón por Él Mismo (1967): Grabado por Héctor Yánover, el 13 de marzo de 1967, en Buenos Aires, Argentina. Y pertenece al disco Raúl González Tuñón por él mismo de AMB discográfica. El representante y dueño de los derechos está en "Librería Norte", Las Heras 2225, 1127, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina. (https://www.librerianorte.com.ar/default.aspx)

El gran sueño de Yánover y motor impulsor de aquella ilusión y aquel sello discográfico, fue grabar un disco con Raúl González Tuñón. Luego de haber registrado a García Márquez, León Felipe, Cortázar, Marechal, Girondo, Eluard, Borges, y tantos otros, Yánover se dio por satisfecho sólo y recién después de grabar a Raúl González Tuñón.  “Esa noche llegué a casa –contaba Yánover con los ojos más celestes que de costumbre– y dije: bueno, el sentido, el origen y la verdadera razón por la que nació este sello, se ha cumplido hoy al grabar un disco con don Raúl González Tuñón”

jueves, 29 de agosto de 2019

CD 234 – Con Voz Propia: Raúl González Tuñón (I)


Con el Agujero en la Media

Por Juan Sasturain

Durante los primeros meses de 1973,  Horacio Salas charló largamente con Tuñón,  grabó su historia de vida, de laburo, de viajes, de política, de poesía y de poetas. El resultado fue un libro hermoso –Conversaciones con Raúl González Tuñón– que salió en el ’75 y que el poeta, por unos meses nomás, no llegó a ver publicado. Pero nosotros sí. También teníamos desde fines de los ’60 el disco en que decía sus poemas, laburo de Héctor Yánover, alguien que antes y después –como no hace tanto Pedro Orgambide– se ocupó de hacer leer y oír a Tuñón. Y todos pero todos quedamos –autores interlocutores y lectores oyentes– claramente tocados. Es que Tuñón no era ni es de ésos aparatosos que te sacan, ni de los provocadores que te voltean, ni de los solemnes que te aleccionan. Tuñón es de los que te conmueven, te hacen moverte con él y a partir de él.

Y es un gran poeta. De semejante intensidad que pudo sobrevivir tanto al ninguneo de los dueños ideológicos de la pelota cultural que lo tachaban con negro, como a los dogmas de la disciplina partidaria que lo subrayaba mal y con rojo. Como el pasto que vuelve y vuelve entre y pese a las junturas de los adoquines –la imagen me lo asocia a Pugliese, con quien comparte un destino y entonación comunes–, la poesía de Tuñón tiene algo de invencible y de verdadero.

Lo que vive de tantos poemas es, en principio, los climas, las atmósferas, los personajes y lugares clavados por versos llanos y definitivos: "Entonces comprendimos que la lluvia era hermosa" en el comienzo de Lluvia; la letanía de Los seis hermanos rápidos dedos en el gatillo, o el detalle de Los ladrones que  "cuando la madre se les muere / le ponen luto a la guitarra".

Y después las imágenes, mínimas escenas iluminadas y en foco, pero sin congelar, vivas para siempre. Me quedo con tres de ésas. Una, el consabido consejo –tenía diecisiete cuando escribió esto– al solitario paseante de la feria: "El dolor mata, amigo, la vida es dura,/ y ya que usted no tiene ni hogar ni esposa/ eche veinte centavos en la ranura/ si quiere ver la vida color de rosa". Otra –y una de las más hermosas de la poesía argentina– es la de la bohemia en París a los 25, con la amiga en la buhardilla: "Tú crees todavía en la revolución/ y por el agujero que coses en tu media/ sale el sol y se llena todo el cuarto de sol". Y la última, del ’41, en plena guerra y con los nazis todavía con la tortilla de su lado y sartén en mano, es esta determinación alevosa: "Subiré al cielo,/ le pondré un gatillo a la luna/ y desde arriba fusilaré al mundo,/ suavemente,/ para que esto cambie de una vez".

Tuñón, que no pudo ver la Revolución pero creyó en ella, dejó muchos poemas hermosos y un libro extraordinario, La calle del agujero en la media. Nunca fue derrotado.



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Ficha Técnica: 
Raúl González Tuñón por Él Mismo (1967): Grabado por Héctor Yánover, el 13 de marzo de 1967, en Buenos Aires, Argentina. Y pertenece al disco Raúl González Tuñón por él mismo de AMB discográfica. El representante y dueño de los derechos está en "Librería Norte", Las Heras 2225, 1127, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina. (https://www.librerianorte.com.ar/default.aspx)

El gran sueño de Yánover y motor impulsor de aquella ilusión y aquel sello discográfico, fue grabar un disco con Raúl González Tuñón. Luego de haber registrado a García Márquez, León Felipe, Cortázar, Marechal, Girondo, Eluard, Borges, y tantos otros, Yánover se dio por satisfecho sólo y recién después de grabar a Raúl González Tuñón.  “Esa noche llegué a casa –contaba Yánover con los ojos más celestes que de costumbre– y dije: bueno, el sentido, el origen y la verdadera razón por la que nació este sello, se ha cumplido hoy al grabar un disco con don Raúl González Tuñón”. 

jueves, 15 de agosto de 2019

CD 233 – Eduardo Galeano: “Amares” (III)


Los Colores

"Eran blancas las plumas de los pájaros y blanca la piel de los animales.
Azules son, ahora, los que se bañaron en un lago donde no desembocaba ningún río, ni ningún río nacía. Rojos, los que se sumergieron en el lago de la sangre derramada por un niño de la tribu kadiueu. Tienen el color de la tierra los que se revolcaron en el barro, y el de la ceniza los que buscaron calor en los fogones apagados. Verdes son los que frotaron sus cuerpos en el follaje y blancos los que se quedaron quietos."

(Fuente: Eduardo Galeano. Amares. Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores. Argentina, 2018)

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Track 02: Exú  (01:20)








Track 10: Onetti  (01:44)

Producción General y Edición: Blanca Curia

domingo, 28 de julio de 2019

CD 232 – Con Voz Propia: Julio Cortázar: Cuando lo Fantástico Forma Parte del Humanismo Liberador


Un sueño inconcluso

Por Hugo Montero e Ignacio Portela

“Si Cuba marcó el inicio de su participación militante, la liberación de Nicaragua fue la que le permitió integrarse de lleno a un proceso revolucionario. Su primer viaje a Nicaragua lo hizo clandestino junto a Sergio Ramírez, quien después sería vicepresidente de la junta rebelde, en un barco que los llevó a Solentiname. No se trata de un detalle menor, teniendo en cuenta que sus cualidades físicas pasaban muy poco desapercibidas. Pocos meses después de la caída de la dictadura de Somoza, Cortázar viajó por segunda vez para dar a conocer al mundo entero la realidad de un pueblo desesperado, que empezaba a dar sus primeros pasos hacia su liberación. En esos viajes se encargó de producir artículos periodísticos para confrontar las noticias difundidas por las agencias internacionales. También relató con su estilo diferentes impresiones, luego compiladas en Nicaragua, tan violentamente dulce. Niños de 15 años montando guardia y dispuestos a ir a la escuela, eran parte del terreno que él mismo se encargó de recorrer para luego sugerir acciones más concretas. Este diálogo con los sandinistas continuó hasta su muerte, al igual que la relación amistosa con sus máximos referentes. El proceso de alfabetización fue seguido muy de cerca, e incluso parte de sus obras fueron repartidas a los voluntarios alfabetizadores. También donó los derechos de autor de varios de sus libros a diferentes grupos identificados con la lucha por liberación americana: “Ayudar hoy a Nicaragua es ayudar a la causa de la libertad y la justicia en América Latina ¿Será por eso que esa ayuda es tan escasa, oh seudodemocracias de este mundo del norte y del oeste?”. Cuando le preguntaban sobre el acontecer nicaragüense creía menos en un proceso ortodoxo, que en una idea de liberación: “Una revolución es la sustitución total, dentro de la historia, del capitalismo por el socialismo, sin grados intermediarios. Lo que yo veo en el sandinismo, en cambio, es un movimiento de liberación”, explicó entonces.

“Yo ya no sé escribir como antes, hacia donde quiera que me vuelva encuentro la imagen de Haroldo Conti, los ojos de Rodolfo Walsh, la sonrisa bonachona de Paco Urondo, la silueta fugitiva de Miguel Ángel Bustos, y no estoy haciendo una selección elitista, no son solamente ellos los que me acosan fraternalmente, pero un escritor vive de otras escrituras, y siente, si no es el habitante anacrónico de las torres de marfil del liberalismo y del escapismo intelectual, que esas muertes injustas e infames son el albatros que cuelga de su cuello”, escribía en 1980, mientras desde Argentina un puñado de grises intelectuales lo criticaban por calificar como “genocidio cultural” a lo que hacían los militares, como negando con soberbia aquella realidad que destruyó a un país desde su elemento más sensible.

Cortázar viajó a La Habana, a Managua y a Buenos Aires en sus últimos días. Allí se despidió de sus amigos y alcanzó a recoger algo de lo mucho que había sembrado a fuerza de talento y presencia militante. La verdad le dio la espalda más de una vez, el dolor lo agobió por aquellos días tristes, el silencio y la indiferencia lo acompañaron no pocas veces. Su voz de genuino artista hoy se confunde con el murmullo empecinado de unos cuantos que lo obligaron siempre a disculparse antes de opinar, que le impusieron el pago de un derecho de piso que nunca le correspondió. “Me invade cierta melancolía al pensar que el tiempo disminuye para mí. Tengo suficiente lucidez para comprender que no asistiré a la materialización de mi sueño: la soberanía total de la América Latina, pero de ningún modo asocio esto a una sensación de fracaso. Estoy seguro de que los procesos históricos se cumplirán, que los libros que ya nunca escribiré serán obra de otros creadores latinoamericanos”, reconoció en 1983, cuando el final se acercaba.”




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Ficha Técnica: 
Entrevista que Julio Cortázar le concedió a Joaquín Soler Serrano, para el programa "A Fondo" (Con las Primeras Figuras de las Letras, las Artes y las Ciencias) producido por Radio Televisión Española (RTVE) Realización: Ricardo Arias. Producción: Jesús González. Dirección y Presentación: Joaquín Soler Serrano

lunes, 15 de julio de 2019

CD 231 – Con Voz Propia: Jorge Luis Borges: Los Juegos con el Tiempo y el Infinito


El Otro, El Mismo: Lecturas de Borges

Por Andrea Pagni

“Uno de los primeros en proponer una nueva lectura de Borges es Ricardo Piglia en su ya clásico artículo: Ideología y ficción en Borges (Punta de Vista 5, marzo 1979). Piglia lee la “narración genealógica” de Borges, la “ficción familiar” del linaje materno de sangre y el linaje paterno literario como “interpretación de la cultura argentina” en la que coexisten sin resolverse, aunque integradas en el mito familiar, “las contradicciones entre las armas y las letras, entre lo criollo y lo europeo, entre el linaje y el mérito, entre el coraje y la cultura.” La doble herencia puede seguirse en las dos ramas de la ficción borgeana, dice Piglia: los textos que se estructuran en tomo al duelo “(es decir en Borges, la relación entre el nombre y la muerte)”, y los que se estructuran sobre el apócrifo “(es decir, la relación entre nombre y propiedad)”. A partir de esos dos núcleos interrelacionados, la ficción borgeana transforma y socava la ideología básica dentro de la que Borges escribe y en la que se vinculan cultura y clase, herencia y linaje, en la medida en que convierte al héroe épico de la gauchesca, el antepasado por línea materna, en cuchillero, y se dedica a parodiar la tradición cultural que heredara de la biblioteca paterna. Lo que Piglia  subraya, entre otras cosas, es el uso paródico y desviante de la literatura en la literatura de Borges. La lectura de Piglia abre el camino a una nueva recepción de Borges, un Borges contextualizado en un marco cultural preciso. La biblioteca de Borges ya no es la ubicua biblioteca universal, sino una biblioteca localizada precisamente en Buenos Aires.”



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Ficha Técnica: 

Primera de las dos entrevistas que concedió Jorge Luis Borges a Joaquín Soler Serrano, para el programa "A Fondo" (Con las Primeras Figuras de las Letras, las Artes y las Ciencias) producido por Radio Televisión Española (RTVE) Realización: Ricardo Arias. Producción: Jesús González. Dirección y Presentación: Joaquín Soler Serrano