miércoles, 12 de abril de 2017

CD 176 – Isaac Newton: “A Hombros de Gigantes”


Acerca de su vida...

El 5 de febrero de 1676 Isaac Newton escribió una carta a su más acérrimo rival, Robert Hooke, que contenía la frase  “Si he logrado ver más lejos ha sido porque he subido a hombros de gigantes". Presentada a menudo como un homenaje a los descubrimientos científicos de sus predecesores Galileo, Copérnico y Kepler, esta frase se ha convertido en una de las más citadas de la historia de la ciencia. En efecto, Newton reconoció las contribuciones de aquellos hombres, algunas veces en público otras veces en escritos privados. Pero en su carta a Hooke, Newton se refería a las teorías ópticas -especialmente al estudio de los fenómenos de las láminas finas- a los que Hooke y Descartes habían aportado importantes contribuciones.

Isaac Newton era considerado el padre del estudio del cálculo infinitesimal, la mecánica y el movimiento planetario, y de la teoría de la luz y el color, pero se aseguró un lugar en la historia al formular la fuerza de la gravitación universal y escribir las ecuaciones de las leyes del movimiento y de la atracción en su obra cumbre Philosophiae Naturalis Principia Mathematica, conocida generalmente como Los Principia. En este libro convergen las contribuciones científicas de Copérnico, Galileo y Kepler, entre otros, en una gran sinfonía dinámica. Los Principia, el primer libro de física teórica del mundo es unánimemente considerado como la obra más importante de la historia de la ciencia y el fundamento científico del mundo moderno.

Newton escribió los tres libros que forman parte de Los Principia en tan solo 18 meses y sorprendentemente entre graves crisis emocionales como las debidas a su competición con Hooke.  Su rencor llegó a tales extremos que suprimió del libro todas las referencias a Hooke aunque no podemos descartar que el mismo sentimiento hacia su colega hubiera sido una de las fuentes de inspiración de Los Principia.

Datos interesantes...

Isaac Newton nació el día de la Navidad de 1642 (según el calendario juliano usado por entonces en Inglaterra, que viene siendo el 4 de enero de 1643 con respecto a nuestro calendario gregoriano) el mismo año de la muerte de Galileo; en la ciudad inglesa de Woolsthorpe en el Lincolnshire. Su madre no tenía muchas esperanzas que sobreviviera ya que nació muy prematuro. 

El padre biológico de Newton (también llamado Isaac) falleció tres meses antes de su nacimiento y su madre Hannah Ayscough se volvió a casar, ahora con Barnabas Smith un rico clérigo de North Witham. Pero en la nueva familia el pequeño Isaac no tenía espacio,  así que lo enviaron al cuidado de su abuela Mergery Ayscough.  El sentimiento de este abandono junto con la tragedia de no haber conocido a su padre persiguió a Newton el resto de su vida, despreciaba a su padrastro; en su diario y en anotaciones de 1662 Newton examinando sus pecados recordó "haber amenazado a mi padre y mi madre Smith con quemarles a ellos y a su casa".

Toda su vida Newton tuvo violentas explosiones de rencor no solamente contra supuestos enemigos sino también contra amigos y familiares pero simultáneamente manifestó tempranamente el tipo de aptitudes que definirían los grandes éxitos de su vida interesándose en modelos mecánicos y en dibujos arquitectónicos, construyendo relojes mecánicos, cometas llameantes, relojes de sol, molinos en miniatura (movidos por ratoncitos) además de dibujar detallados esbozos de animales y barcos.

A los 5 años asistió a la escuela Skillington y Stoke pero fue considerado uno de los peores estudiantes siendo calificado en los informes de sus maestros como "distraído" y "vago". A pesar de su curiosidad y su demostrada pasión por aprender no consiguió aplicarse en las tareas escolares.

Cuando el joven Issac Newton tuvo 10 años, Barnabas Smith murió y Hannah heredó una considerable suma, Isaac y su abuela empezaron a vivir con Hannah, un hermanastro y dos hermanastras. Como el rendimiento de Newton en la escuela era tan precario, Hannah decidió que sería mejor que trabajara en la granja y lo sacó de la escuela gratuita de gramática de Grantham. Desafortunadamente para ella Isaac tenía menos aptitudes para llevar la propiedad de la familia que el que tenía por los deberes escolares. El hermano de Hannah, William, decidió que sería mejor para la familia que el distraído Isaac volviera a la escuela para terminar su educación.

Newton regresó a las labores estudiantiles pero esta vez vivió con el director de la escuela libre de gramática Jhon Stokens cosa que supuso un cambio de rumbo en su educación. Se dice que de alguna manera un golpe en la cabeza que le propinó un matón del patio le iluminó y le permitió corregir el rumbo negativo de sus perspectivas escolares mostrando ahora aptitudes intelectuales y curiosidad. Entonces Newton empezó a prepararse para continuar sus estudios en una universidad, la Trinity College.

En Trinity, Newton recibía una ayuda para pagar el coste de su educación a cambio de hacer diversos trabajos como servir mesas y limpiar habitaciones para la facultad pero en 1664 fue admitido como becario lo que le garantizó apoyo económico y le permitió liberarse de las tareas domésticas. Cuando la universidad cerró sus aulas a causa de una epidemia de fiebre bubónica en 1665, Newton se retiró al Lincolnshire y , en los 18 meses que pasó en casa a causa de la epidemia, se dedicó por su cuenta a la mecánica y las matemáticas, y empezó a concentrarse en óptica y gravitación. Ese "annus mirabilis" (año milagroso) como Newton lo llamó fue uno de los períodos más productivos y fértiles de su vida, pues es en ese período en que -cuenta la leyenda-  le cayó una manzana sobre su cabeza despertándole de una siesta bajo un árbol y animándole a definir las leyes de la gravitación. Fue el mismo Newton el que escribió que la caída de una manzana había "ocasionado" su irrupción en el estudio de la gravitación y se cree que fue entonces cuando realizó todos sus experimentos con péndulos "Estaba en la flor de mi vida de investigador (recordó Newton, años después) y las matemáticas y la filosofía me apasionaban como nunca lo han hecho desde entonces"

Un acontecimiento en Cambridge ejerció una profunda influencia sobre el futuro de Newton: la llegada de Isaac Barrow, que había sido nombrado profesor lucasiano de matemáticas. Barrow reconoció las extraordinarias aptitudes matemáticas de Newton y cuando dimitió de su cátedra en 1669 para dedicarse a la teología recomendó como sucesor en la cátedra al joven Newton de 27 años.

Al inicio en su cargo como profesor lucasiano de matemáticas, Newton había hecho grandes progresos en sus estudios de matemáticas puras, pero compartía su trabajo con muy pocos colegas. Ya en 1666 había descubierto métodos generales de resolver problemas de curvatura, lo que él denominó Teorías de fluxiones y fluxiones inversas.                            

Este descubrimiento provocó una agria disputa con los partidarios del matemático y filósofo alemán Gottfried Wilhelm Leibniz, que más de una década después publicó sus descubrimientos de cálculo diferencial e integral. Ambos llegaron más o menos a los mismos resultados matemáticos pero Leibniz publicó su trabajos antes que Newton así que los partidarios Newtonianos acusaban a Leibniz de haber visto los manuscritos del profesor lucasiano unos años antes y el apasionado debate entre ambas partes no concluyó hasta la muerte de Leibniz en 1716. Las acusaciones de plagio, amargaron y empobrecieron a Leibniz (los investigadores modernos creen que ambos llegaron al mismo resultado por caminos diferentes y la discusión carecía de sentido).

Hacía 1666 Newton ya había empezado a proponer teorías del movimiento pero todavía no era capaz de explicar adecuadamente la mecánica del movimiento circular. Aun así, Newton se propuso descubrir la causa de que las órbitas de los planetas en su movimiento alrededor del Sol fuera elípticas (Kepler quien formuló sus tres ecuaciones que describían con precisión el movimiento de los planetas alrededor del sol no pudo explicar la razón de sus órbitas a lo que dijo que estaban relacionados magnéticamente). Aplicando su propia ley de la fuerza centríNewton fuga a la tercera ley de Kepler del movimiento planetario (ley de las armonías) dedujo entonces la ley del inverso de los cuadrados que establece que la fuerza de gravedad entre dos objetos cualesquiera es inversamente proporcional al cuadrado de la distancia entre sus centros. reconocía así que la gravitación es universal, que una sola fuerza -la misma que hace que una manzana caiga al suelo- es la misma que hace que la Luna gire alrededor de la Tierra.

A comienzos de la década de 1670 las discusiones mantenidas en los cafés de Londres y otros cenáculos intelectuales sostenían que la gravedad emanaba del Sol en todas direcciones y disminuía con un ritmo inverso al cuadrado de la distancia diluyéndose más y más a medida que aumentaba la superficie de la esfera. Robert Hooke declaró que había deducido la ley de Kepler de las elipses a partir de la idea de que la gravedad era una fuerza de emanación pero que no develaría su deducción a Halley ni a Wren (Hooke, Halley y Halley eran miembros de la Royal Society en donde Christopher Wren era el célebre arquitecto de la catedral de San Pablo en Londres) hasta que estuviera a punto de hacerla pública. Furioso Halley fue a Cambridge y le contó a Newton las pretensiones de Hooke y le planteó el siguiente problema: ¿Cuál sería la forma de la órbita de un planeta alrededor del Sol si éste fuera atraído hacia aquel por una fuerza inversamente proporcional al cuadrado de la distancia que separa sus centros? y respondiendo inmediatamente la respuesta de Newton fue categórica y asombrosa: Sería una elipse; dijo casi sin inmutarse y añadió que había resuelto ese problema 4 años atrás pero que la demostración la había extraviado en algún rincón de su despacho.

A petición de Halley, Newton pasó trabajando tres meses rehaciendo y mejorando la demostración de ese problema, y durante los 18 meses en que escribió su obra cumbre solía absorberse tanto en su trabajo que olvidaba comer. Para Halley, el profesor lucasiano de matemáticas había triunfado donde todos los demás habían fracasado, así que financió personalmente la publicación de la voluminosa obra como una obra maestra y un regalo a la humanidad. Donde Galileo había demostrado que los objetos son estirados hacia el centro de la Tierra, Newton logró demostrar que esa misma fuerza de gravedad afectaba las órbitas de los planetas, la trayectoria de la Luna alrededor de la Tierra, la subida y bajada de las mareas en la Tierra, la caída de una manzana, entre otras.  

El Libro Primero de Los Principia abarcaba en su totalidad  las tres leyes de Newton del movimiento: 

1) Todo cuerpo sigue en su estado de reposo o de movimiento uniforme rectilíneo, a menos que sea obligado a cambiar dicho estado por fuerzas externas

2) El cambio de movimiento es proporcional a la fuerza que actúa sobre el cuerpo y tiene lugar en la dirección en que se aplica la fuerza.

3) A cada fuerza de acción se le opone una reacción igual  a las acciones mutuas entre dos cuerpos, siempre son iguales y dirigidas en sentidos opuestos.

El Libro Segundo empezó como una prolongación del Libro Primero,  que no estaba incluido en el plan original de la obra, es esencialmente un tratado sobre la mecánica de fluidos y permitió a Newton exhibir su talento matemático. Hacia el final del libro, Newton concluyó que los vórtices invocados por Descartes para explicar los movimientos de los planetas no resisten un análisis detallado ya que los movimientos se pueden realizar en un espacio libre y sin vórtices “Porque así es" escribió Newton "Puede ser comprendido en el Libro Primero y lo trataré más detalladamente en el libro siguiente" concluyó.   

El Libro Tercero subtitulado “Sobre el sistema del mundo" Newton concluía que "hay una fuerza de gravitación que tiende hacia todos los cuerpos, proporcional a la cantidad de materia que contiene cada uno de ellos". 

Los Principia fueron celebrados con moderación al ser publicados en 1687 pero la primera edición solo constó de unos 500 ejemplares. Sin embargo, el némesis de Newton, Robert Hooke había amenazado con aguar la fiesta que Newton hubiera podido disfrutar. Cuando apareció El Libro Segundo, Hooke afirmó públicamente que las cartas que había escrito en 1679 habían proporcionado ideas científicas vitales para los descubrimientos de Newton. Sus pretensiones aunque dignas de atención, a Newton le parecieron abominables y fue entonces cuando juró retrasar o incluso abandonar la publicación de Libro Tercero. Al final cedió y lo publicó no sin antes eliminar cuidadosamente cualquier mención al nombre Hooke.

El libro más leído de Newton fue Opticks (del cual también retrasó su publicación) su importante estudio de la luz y el color. En 1693 sufrió otra crisis nerviosa y dejó de investigar y  de asistir a la Royal Society hasta la muerte de Hooke en 1703. Entonces fue elegido presidente y reelegido cada año hasta su propia muerte en 1727 

Newton empezó el siglo 17 ocupando el cargo oficial de Director de la Real Casa de la Moneda donde usando su experiencia en alquimia determinó métodos para establecer la integridad de la moneda inglesa. Como Presidente de la Royal Society continuó batallando con determinación contra sus supuestos enemigos, prolongando su eterna disputa en especial con Leibniz sobre su rivalidad acerca de quien había inventado el cálculo.

Fue nombrado Caballero por la Reina Ana en 1705 y vivió para la segunda y tercera edición de Los Principia.

Sir Isaac Newton falleció en marzo de 1727 tras accesos de inflamación pulmonar y gota. Tal como se lo propuso no tuvo rival en el campo de las ciencias exactas, tampoco se conoce oficialmente alguna relación sentimental con alguna mujer. 

El poeta Alexander Pope, contemporáneo de Newton expresó con gran elegancia el regalo del pensador a la humanidad: “La naturaleza y sus leyes yodan en la noche, Dios dijo: " ¡¡Sea Newton!!”  y todo se hizo luz.” 

Pese a sus mezquinas disputas y su innegable arrogancia hacia el ocaso de su vida Sir Isaac Newton fue considerablemente modesto al enjuiciar sus éxitos: “No sé qué pareceré al Mundo, pero tengo la impresión de haber sido tan solo como un niño jugando en la costa, divirtiéndome en buscar allí y allá un guijarro más liso o más hermoso que de ordinario mientras el gran océano de la verdad yace ante mí completamente por descubrirse”.


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Edición: Blanca Curia

jueves, 30 de marzo de 2017

CD 175 – Edgar Allan Poe: Las Sombras de una Neurosis


Detrás de Poe

Por Jorge Luis Borges *

Detrás de Poe, (como detrás de Swift, de Carlyle, de Almafuerte) hay una neurosis. Interpretar su obra en función de esa anomalía puede ser abusivo o legítimo. Es abusivo cuando se alega la neurosis para invalidar o negar la obra; es legítimo cuando se busca en la neurosis un medio para entender su génesis. Arthur Schopenhauer ha escrito que no hay circunstancia de nuestra vida que no sea voluntaria; en la neurosis, como en otras desdichas, podemos ver un artificio del individuo para lograr un fin. La neurosis de Poe le habría servido para renovar el cuento fantástico, para multiplicar las formas literarias del horror. También cabría decir que Poe sacrificó la vida a la obra, el destino mortal al destino póstumo.
Nuestro siglo es más desventurado que el XIX; a ese triste privilegio se debe que los infiernos elaborados ulteriormente (por Henry James, por Kafka) sean más complejos y más íntimos que el de Poe. La muerte y la locura fueron los símbolos de que éste se valió para comunicar su horror de la vida; en sus libros tuvo que simular que vivir es hermoso y que lo atroz es la destrucción de la vida, por obra de la muerte y de la locura. Tales símbolos atenúan su sentimiento; para el pobre Poe el mero hecho de existir era atroz. Acusado de imitar la literatura alemana, pudo responder con verdad: El terror no es de Alemania, es del alma. Harto más firme y duradera que las poesías de Poe es la figura de Poe como poeta, legada a la imaginación de los hombres. (Lo mismo ocurre con Lord Byron, tal vez con Goethe). Algún verso inmemorable - Was it not Fate, that, on this July midnight - honra y acaso justifica sus páginas, lo demás es mera trivialidad, sensiblería, mal gusto, débiles remedos de Thomas Moore. Aldous Huxley se ha distraído vertiendo al singular dialecto de Poe alguna estrofa sentenciosa de Milton; el resultado es lamentable, sin bien cabría objetar que un párrafo de El escarabajo de oro o de Berenice, traducido a la inextricable prosa del Tetrachordon, lo sería aún más. Nuestra imagen de Poe, la de un artífice que premedita y ejecuta su obra con lenta lucidez, al margen del favor popular, procede menos de las piezas de Poe que de la doctrina que enuncia en el ensayo The philosophy of composition. De esa doctrina, no de Dreamland o de Israfel, se derivan Mallarmé y Paul Valéry. Poe se creía poeta, sólo poeta, pero las circunstancias lo llevaron a escribir cuentos, y esos cuentos a cuya escritura se resignó y que debió encarar como tareas ocasionales, son su inmortalidad. En algunos
(La verdad sobre el caso del señor Valdemar, Un descenso al Maelström) brilla la invención circunstancial; otros (Ligeia, La máscara de la Muerte Roja, Eleonora) prescinden de ella con soberbia y con inexplicable eficacia. De otros (Los crímenes de la Rue Morgue, La carta robada) procede el caudaloso género policial que hoy fatiga las prensas y que no morirá del todo, porque también lo ilustran Wilkie Collins y Stevenson y Chesterton. Detrás de todos, animándolos, dándoles fantástica vida, están la angustia y el terror de Edgar Allan Poe. Espejo de las arduas escuelas que ejercen el arte solitario y que no quieren ser voz de los muchos, padre de Baudelaire, que engendró a Mallarmé, que engendró a Valery, Poe indisolublemente pertenece a la historia de las letras occidentales, que no se comprende sin él. También, y esto es más importante y más íntimo, pertenece a lo intemporal y a lo eterno, por algún verso y por muchas páginas incomparables. De éstas yo destacaría las últimas del Relato de Arthur Gordon Pym de Nantucket, que es una sistemática pesadilla cuyo tema secreto es el color blanco.
Shakespeare ha escrito que son dulces los empleos de la adversidad; sin la neurosis, el alcohol, la pobreza, la soledad irreparable, no existiría la obra de Poe. Esto creó un mundo imaginario para eludir un mundo real; el mundo que soñó perdurará, el otro es casi un sueño.
Inaugurada por Baudelaire, y no desdeñada por Shaw, hay la costumbre pérfida de admirar a Poe contra los Estados Unidos, de juzgar al poeta como un ángel extraviado, para su mal, en ese frío y ávido infierno. La verdad es que Poe hubiera padecido en cualquier país. Nadie, por lo demás, admira a Baudelaire contra Francia o a Coleridge contra Inglaterra.

(* Publicado en La Nación (Buenos Aires) domingo 2 de octubre de 1949, Segunda Sección, p. 1)

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martes, 14 de marzo de 2017

CD 174 – Con Voz Propia: Ricardo Piglia


Un Día en la Vida

Un tiempo después de aquel viaje al sur, a los dieciséis años, yo cortejaba, digamos así, dijo, a Elena, una bella muchacha, muchísimo más culta que yo, con la que cursaba el tercer año del Colegio Nacional de Adrogué. Una tarde veníamos por una calle arbolada junto a un muro pintado de celeste, que todavía veo con nitidez, y ella me preguntó qué estaba leyendo.

Yo, que no había leído nada significativo desde la época del libro al revés, me acordé que había visto, en la vidriera de una librería, La peste de Camus, otro libro de tapas azules, que acababa de aparecer. La peste de Camus, le dije. ¿Me lo podés prestar?, dijo ella.

Me acuerdo que compré el libro, lo arrugué un poco, lo leí en una noche y al día  siguiente se lo llevé al colegio… Había descubierto la literatura no por el libro sino por esa forma afiebrada de leerlo ávidamente con la intención de decir algo a alguien sobre lo que había leído: pero ¿qué?... Eterna cuestión. Fue una lectura distinta, dirigida, intencional, en mi cuarto de estudiante, esa noche, bajo la luz circular de la lámpara… De Camus no me interesa La peste, pero recuerdo al viejo que le pegaba a su perro y cuando al fin el perro se escapa, lo busca desolado por la ciudad.

¿Y cuántos libros he comprado, alquilado, robado, prestado, perdido, desde entonces? ¿Cuánto dinero invertido, gastado, derrochado en libros? No recuerdo todo lo que he leído, pero puedo reconstruir mi vida a partir de los estantes de mi biblioteca: épocas, lugares, podría organizar los volúmenes cronológicamente. El libro más antiguo es La peste. Luego hay una serie de dos: El oficio de vivir de Pavese y Stendhal par lui-même. Fueron los primeros que compré, a los que siguieron cientos y cientos. Los he traído y llevado conmigo como un talismán o un fetiche, y los he puesto sobre las paredes de piezas de pensión, departamentos, casas, hoteles, celdas, hospitales.

Se puede ver cómo es uno a lo largo del tiempo sólo con hacer un recorrido por los muros de la biblioteca: sobre Pavese escuché una conferencia de Attilio Dabini y compré el libro (porque yo también escribía un diario). Stendhal par lui-même lo encontré en la librería Hachette de la calle Rivadavia. Recuerdo el tren en el que volvía a Adrogué y el guarda que apareció por el pasillo y no me dejó terminar la frase que estaba escribiendo atrás en el libro. Quedó una frase incompleta, ese rastro (Es difícil ser sincero cuando se ha perdido… ¿qué?) no sé si es una cita o una frase mía (las que nos vienen a la cabeza cuando leemos). Puedo ver cómo cambian las marcas, los subrayados, las notas de lectura de un mismo libro a lo largo de los años. En El oficio de vivir, por ejemplo, Editorial Raigal, traducción de Luis Justo. Está firmado con mis iniciales ER con la fecha 22 de julio de 1957. Anotaba impresiones en los márgenes o en la última página: El diario como contraconquista o los múltiples modos de perder una mujer. Anotaba ver p. 65. Y algunas citas: «Así termina nuestra juventud: cuando vemos que nadie quiere nuestro ingenuo abandono». Y en la  primera hoja blanca del libro, antes de los títulos, hay una de las tantas listas que he hecho siempre con la intención de dar por hecho lo que he escrito: Llamar a Luis, Latín II (martes y jueves) y, más abajo, una de las tantas anotaciones supersticiosas. En ese momento estaba escribiendo mis primeros relatos, me interesaba «vivamente» saber cuánto tardaba un escritor en escribir un libro y reconstruí la cronología de la obra de Pavese partir de su diario.

27 de noviembre 1936 - 15 de abril de 1937: Il carcere.
3 de junio - 16 de agosto de 1939: Paese tuoi.
septiembre de 1947 - febrero de 1948: La casa en la colina.
junio-octubre de 1948: Il diavolo sulle colline.
marzo-junio de 1949: Tra donne sole.
septiembre-noviembre de 1949: La luna e i falò.

En aquel entonces escribir un cuentito de cinco páginas me llevaba tres meses.

La peste y El oficio de vivir fueron los primeros libros propios, digamos así, y mi último libro lo conseguí ayer a la tarde, fue The BlackEyed Blonde (A Philip Marlowe novel) de Benjamin Black, me lo regaló Giorgio, un amigo. Tenés que escribir algo, me dice, dijo Renzi, es Chandler pero le falta…  ¿Qué le falta?, preguntó mi amigo. El touch, pensé, le falta la mugre, como dicen los tangueros cuando un tango está sólo «bien» tocado…

Renzi abrió el libro y leyó: «It was one of those Tuesdays in summer when you begin to wonder if the earth has stopped revolving». Así empieza; es lo mismo, pero no es lo mismo (tal vez porque sabemos que no es de Chandler…).

Demasiados pastiches, viejo, esta temporada, dijo ahora, demasiadas parodias, prefiero el plagio directo…

Me lo podés prestar, me dijo Elena. No sé qué fue de ella después, pero si no me  hubiera hecho esa pregunta, quién sabe qué habría sido de mí…  Ya no hay destino, no hay oráculos, no es cierto que todo esté escrito en la vida pero, pienso a veces, si no hubiera leído ese libro, o mejor, si no lo hubiera visto en la vidriera, quizá no estaría aquí. O si ella no me lo hubiera pedido, ¿no? Quién sabe… Exagero, retrospectivamente, pero recuerdo con ardor esa lectura, un cuarto al fondo, una lámpara de escritorio, ¿qué decirle a una mujer de una novela? ¿Contarla de nuevo? Tampoco el libro valía mucho, demasiado alegórico, un estilo pesado, profundo, sobreactuado, pero, en fin, ahí pasó algo, hubo un cambio… Nada especial, una tontería, la verdad, pero esa noche estuve otra vez, hablando en sentido figurado, en el umbral: sin saber nada de nada, haciendo que leía… 

- Oh, el azar, los azahares, las muchachas en flor… Tengo setenta y tres años viejo, y sigo ahí, sentado con un libro, a la espera…

(Fuente: Ricardo Piglia (2015): Los diarios de Emilio Renzi. Años de formción. Editorial Anagrama, Barcelona)

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Ficha Técnica:
“Los Libros de mi Vida. Ensayo de una autobiografía futura”, Conferencia de Ricardo Piglia brindada en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, mayo de 2015. La presentación estuvo a cargo de Juan Barja, Director del CBA) 
Producción General y Edición: Blanca Curia

lunes, 27 de febrero de 2017

CD 173 – El Telón de Aire (VII)


Teatro al Oído
Narrativa Radial es una Asociación Civil compuesta por entusiastas profesionales del Arte, la Cultura y la Comunicación cuyo objetivo es estimular la Creación, la Producción y la Difusión de la Narrativa en la Radio. En otras Palabras, es un colectivo que se propone hacer del Parlante Radiofónico una usina de ideas que fragüe Historias que alimenten la Imaginación y los Sentidos de sus propios Emisores y sus potenciales Destinatarios, para que la Radio recupere su Magia y haga valer su Aire.
Narrativaradial.com es un sitio web que ofrece capacitación y encuentros vinculados con el Relato Radiofónico. Un espacio en el que se pueden escuchar breves producciones, se dan a conocer noticias y artículos de interés referidos al ecosistema de la Radio y las Narrativas. También se publican concursos de Radioteatros, Documentales Sonoros, Artísticas, Informes Periodísticos.
La Biblioteca Parlante de Distribución Nacional “Mirá lo que te Digo” renueva su Catálogo con este Ciclo de Cortos de Radioteatro. Cada pieza de ficción tiene una duración que oscila entre los 4 y los 12 minutos. Cada una de ellas es una Historia Independiente y Unitaria -de diversos Temas y Géneros: Comedia, Drama, Ciencia Ficción, Monólogo, Absurdo,…- que empieza, se desarrolla y termina cuando los Ojos del Imaginar lo dispongan. Este emprendimiento se realiza gracias a la Fundación SAGAI y con la participación de los actores socios de Narrativa Radial www.narrativaradial.com a cuyo cargo está la Producción General. 

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Una empleada pública que repite mantras, unos usuarios impacientes, una pizza que se espera… la trama de un día de trámite que intenta ser distinto pero que es igual a todos.
Staff: Intérpretes Principales: Irene Almus y Estela Garelli. Guión: Irene Prono. Dirección de Actores: Marcelo Cotton y Lidia Argibay. Asistente de Producción: Gabriela Pérez Menéndez. Grabación en Estudio: Adolfo Schmidt. Edición: Joaquín Sanz y Marcelo Cotton.

Un aire de sainete para una historia de conflictos cotidianos, chusmeríos y otros ingredientes se mezclan en un guiso incontrolable.
Staff: Intérpretes: Corina Rodríguez, Fernanda Cantarella, Juan Carrasco y Miguel Ferrería. Guión: Irene Prono y Mabel Bonomo. Dirección de Actores: Marcelo Cotton y Lidia Argibay. Asistente de Producción: Gabriela Pérez Menéndez. Grabación en Estudio: Adolfo Schmidt. Edición: Joaquín Sanz.

Un hombre rutinario se sumerge en su nuevo y misterioso destino…
 Staff: Intérprete: Germán Rodríguez. Guión Original: Maximiliano Di Leandro. Dirección de Actores: Marcelo Cotton y Lidia Argibay. Asistente de Producción: Gabriela Pérez Menéndez. Grabación en Estudio: Adolfo Schmidt. Edición: Joaquín Sanz.

Quejarse del calor es un lugar común. Pero el lugar no es tan común…
Staff: Intérpretes: Juan Carrasco y Daniel Moreno. Guión: Marcelo Cotton. Dirección de Actores: Marcelo Cotton y Lidia Argibay. Asistente de Producción: Gabriela Pérez Menéndez. Grabación en Estudio: Adolfo Schmidt. Edición: Marcelo Cotton.

La fórmula perfecta para plantear una separación de pareja. Una manera fácil y efectiva. Aunque no tan duradera…
Staff: Intérpretes: Florencia Moeremanns, Miguel Ferrería y Germán Rodríguez. Guión: Juan Di Noia. Dirección de Actores: Marcelo Cotton y Lidia Argibay. Asistente de Producción: Gabriela Pérez Menéndez. Grabación en Estudio: Adolfo Schmidt. Edición: Marcelo Cotton.

Ficha Técnica:
Dirección General: Marcelo Cotton
Dirección Actoral: Lidia Argibay y Marcelo Cotton
Asistente de Producción: Gabriela Pérez Menéndez
Operador de Grabaciones: Adolfo Schmidt 
Edición: Joaquín Sanz

martes, 14 de febrero de 2017

CD 172 – Nicolás Copérnico: El Refutador del Geocentrismo


Un Sabio con la Vista Puesta en el Cielo

A Nicolaus Copernicus se le considera el fundador de la astronomía moderna, fundamental en la Revolución Científica del Renacimiento.

Nicolás Copérnico (1473-1543), astrónomo polaco, es conocido por su teoría Heliocéntrica que había sido descrita ya por Aristarco de Samos, según la cual el Sol se encontraba en el centro del Universo y la Tierra, que giraba una vez al día sobre su eje, completaba cada año una vuelta alrededor de él.

Copérnico nació el 19 de febrero de 1473 en la ciudad de Thorn (hoy Toru), en el seno de una familia de comerciantes y funcionarios municipales. El tío materno de Copérnico, el obispo Ukasz Watzenrode, se ocupó de que su sobrino recibiera una sólida educación en las mejores universidades.

Nicolás ingresó en la Universidad de Cracovia en 1491, donde comenzó a estudiar la carrera de humanidades; poco tiempo después se trasladó a Italia para estudiar Derecho y Medicina. En enero de 1497, Copérnico empezó a estudiar Derecho Canónico en la Universidad de Bolonia.

En 1500, Copérnico se doctoró en Astronomía en Roma. Al año siguiente obtuvo permiso para estudiar Medicina en Padua (la universidad donde dio clases Galileo, casi un siglo después). Aunque nunca se documentó su graduación como Médico practicó la profesión por seis años en Heilsberg.

A partir de 1504 fue canónigo de la diócesis de Frauenburg. Durante estos años publicó la traducción del Griego de Las cartas de Theophylactus (1509), estudió finanzas y en 1522 escribió un memorando sobre reformas monetarias.

Sus trabajos de observación astronómica practicados en su mayoría como ayudante en Bolonia del profesor Doménico María de Novara dejan ver su gran capacidad de observación.

Fue un gran estudioso de los autores clásicos y además se confesó como gran admirador de Ptolomeo cuyo Almagesto estudió concienzudamente. Después de muchos años finalizó su gran trabajo sobre la teoría heliocéntrica en donde explica que no es el Sol el que gira alrededor de la Tierra sino al contrario.

Esta teoría, sin embargo, también requería de complicados mecanismos para la explicación de los movimientos de los planetas, debido a la perfección de la esfera. Estimulado por algunos amigos, Copérnico publica entonces un resumen en manuscrito. En sus comentarios establece su teoría en 6 axiomas, reservando la parte matemática para el trabajo principal, que se publicaría bajo el título Sobre las revoluciones de las esferas celestes.

A partir de aquí la teoría heliocéntrica comenzó a expandirse. Rápidamente surgieron también sus detractores, siendo los primeros los teólogos protestantes aduciendo causas bíblicas. En 1616 la iglesia Católica colocó el trabajo de Copérnico en su lista de libros prohibidos.

La obra de Copérnico sirvió de base para que, más tarde, Galileo, Brahe y Kepler pusieran los cimientos de la astronomía moderna.


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Producción General y Edición: Blanca Curia

lunes, 30 de enero de 2017

CD 171 – Con Voz Propia: Julio Cortázar (IV)

Cortázar y el Boxeo

Cuando Ariel Scher me dijo “hablá con Diego Tomasi, que es uno de los tipos que más sabe de Cortázar”, no tuve dudas. Enseguida le pedí que escribiera algo sobre el genial escritor. Lo que sea, lo que se te ocurra, le dije al autor de El caño más bello del mundo, un libro dedicado a Riquelme. Y Tomasi, que hace dos años publicó el recomendable Cortázar por Buenos Aires, Buenos Aires por Cortázar, se despachó con los siguientes textos, que se agradecen.

Por Diego Tomasi

Cortázar descubrió la radio y el boxeo esa noche de 1923 en la que Firpo no le ganó a Dempsey porque no tenía que ser, porque esa pelea estaba más destinada a ser una escena literaria que una competencia justa. Y esa decepción, esa tristeza transmitida por radio, convirtió a Cortázar, a ese niño de nueve años, en un ardiente seguidor del deporte de los puños.
Cuando se volvió adulto y porteño, Cortázar fue a ver boxeo todo lo que pudo. Iba al Luna Park. No importaba tanto quién peleaba. Importaba que hubiera pelea. No eran pocas las veces que iba a la tribuna con un libro debajo del brazo, como un esteta. Leía en los intervalos. Algún personaje suyo, después, hacía lo mismo, y así los límites entre ficción y realidad terminaban borrándose.
En la literatura de Cortázar hay múltiples referencias al boxeo y a boxeadores, y no es ilógico, en ese sentido, que uno de sus libros más estéticamente valientes y juguetones se llame Último round.
En sus cartas, Cortázar deja constancia de su gusto por el boxeo. A menudo escribe a amigos y, en medio de una discusión sobre arte o sobre cine, pregunta si han visto pelear a tal o cual boxeador. O comenta una pelea que vio en París. O simplemente elige una imagen boxística para contar cualquier experiencia mundana. En algún sentido, su vínculo con el boxeo fue similar al de otros escritores que han escrito sobre ese deporte, pero en su caso lo singular es que no hay manera de pensarlo a él, que nunca levantó siquiera un brazo (y cuya actividad deportiva más significativa fue jugar al ping pong con su ahijado en la mesa del living de su casa en la calle Artigas) sin pensar en dos guantes, en una piña bien puesta, en una campana sonando.

La última visita de Cortázar al Luna Park
El día 7 de abril, la revista El Gráfico, a través de Alberto Perrone, invitó a Julio Cortázar a asistir a una pelea de boxeo en el Luna Park. Hacía décadas que el escritor no iba al mítico estadio ubicado en Bouchard y avenida Corrientes. Cortázar aceptó, y fue con Perrone y con el periodista Gabriel Díaz. Ese día peleaba Miguel Ángel Castellini con el estadounidense  Doc Holliday, por el título mundial en la categoría súper welter. Castellini ganó por puntos.
Al día siguiente, Cortázar escribió un párrafo sobre la pelea, que El Gráfico publicó en su edición del 10 de abril de 1973, con el título Un triunfo con algunas nubes. Decía la nota: “Como es lógico, el público fue a ver ganar a Castellini. Como también es lógico, Castellini ganó. La única cosa ausente en tanta lógica fue lo que justifica y da su auténtica belleza al deporte: la alegría. A la victoria del argentino le faltó todo, salvo la fuerza del punch, y ni  siquiera éste pudo definir una situación que por lo menos dos veces se volvió crítica para Doc Holliday. Fue una victoria chata, sin nada que permitiera festejarla como se esperaba.
Frente a Castellini hubo un hombre que en buena ley deportiva merecía los aplausos que tan sin ganas cosechó el vencedor. Pero Doc Holliday fue además otra cosa: el símbolo amenazante del futuro. Si Castellini no aprende todo lo que le falta aprender, de nada le valdrán las interminables instrucciones que le gritaba Ringo Bonavena”. A Cortázar no le había gustado la pelea, y se notaba.
Y así fue como, tantos años después, un estadio mítico y un escritor consagrado volvieron a encontrarse, y ya no volverían a hacerlo.

Acerca de Torito, de Julio Cortázar
El verdadero personaje de Torito no es Justo Suárez, sino el lenguaje.
Es marzo de 1966. La francesa Laure Guille-Bataillon pretende traducir el cuento Torito a la lengua de Proust. Julio Cortázar, con la cordialidad y calidez que caracterizan sus cartas, se niega. Ella siente curiosidad por saber qué motivos tiene el escritor argentino, cuya obra está siendo traducida a muchos idiomas desde hace muchos años (tanto más desde la publicación de Rayuela en 1963), para negarse.
Entonces, Cortázar dice la frase. Dice: “En ese cuento el verdadero personaje es el lenguaje y sólo el lenguaje. La historia del boxeador está lejos de ser interesante, es siempre la crónica vulgar del pobre tipo al que ponen por las nubes para precipitarlo en la ruina”.
Y explica que, en 1951, cuando escribió el cuento, él buscaba escandalizar a ciertos lectores argentinos que, creyéndose sofisticados, decían despreciar la lengua de los seres de los suburbios. “Fue un desafío y gané mi modesta batalla”, escribe a Guille-Bataillon.
Torito, en su ritmo, en su estructura y en su lenguaje, es único en la literatura de Cortázar, pero no es aislado. Es parte de su búsqueda permanente acerca de las posibilidades infinitas que dan (o pueden dar) las palabras. Siempre tan mágicas, ellas.

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Edición: Blanca Curia

viernes, 13 de enero de 2017

CD 170 - Un Diego Para La Torre


Documental Radiofónico acerca de la Campaña Solidaria de Radio Ahijuna para Volver al Aire

El tornado del 4 de abril de 2012 marcó un antes y un después en la vida de Radio Ahijuna. La caída de la torre de transmisión como consecuencia del temporal que azotó buena parte del Gran Buenos Aires los puso ante la necesidad de recuperar su principal herramienta de trabajo: La antena. Apelando al humor y al lenguaje popular, idearon la campaña "Un Diego para la torre", que contó con la imagen del ex futbolista y actual comentarista deportivo Diego Fernando Latorre. 8 meses después, gracias a la solidaridad de más de 2500 personas, lograron recaudar el dinero para volver al aire.

El documental radiofónico aborda los principales ejes de la campaña solidaria a partir de las voces de sus protagonistas y de referentes de la comunicación popular y comunitaria de América Latina como Claudia Villamayor y Oscar E. Bosetti. Además, enmarca el surgimiento de Radio Ahijuna en 2004 y da cuenta de la importancia de los medios comunitarios para la construcción de una sociedad más democrática.



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