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miércoles, 19 de octubre de 2022

CD 326 – Con Voz Propia: Julio Cortázar: “Cortázar Lee a Cortázar”

 “Su prosa tiene la energía de la generación beat”

En La Argentina en Pedazos, un raro libro de 1993 que comparte viñetas críticas historietas, Ricardo Piglia observó que el vaivén entre populismo y vanguardia recorre la narrativa de Julio Cortázar. Y agrega, con intención filosa, que el personaje cortazariano busca dejar su huella en la selva del mercado capitalista. Nos reunimos con Piglia un día antes de cumplirse los 50 años de la edición de Rayuela, para volver sobre esas observaciones. El diálogo sin protocolo transcurrió en una librería de Palermo. 

“Recuerdo claramente la novela en la vidriera de la “Palumbo”, una librería vieja y lindísima de La Plata, y que ahí mismo la compré. Cuando me queda grabada la situación de una lectura, sé que se trata de un recuerdo encubridor y que el libro dejó una marca fuerte. En 1963 yo era estudiante y vivía con un amigo en La Plata. Esa misma noche me senté en la cocina y empecé Rayuela, muy impresionado. Y en ese momento lo asocié con los autores estadounidenses de la beat generation, sobre todo con la novela El ángel subterráneo, de Jack Kerouac, en la que también hay una mujer perdida y alguien que quiere salvarla. Sentí que tenía la intensidad de esa generación, cierto tono de la prosa recordaba su espontaneidad. Hace poco supimos que también el novelista David Foster Wallace admiraba a Cortázar. Más allá de cómo lo leemos en nuestro país, afuera se aprecia la energía de esa prosa que quiere narrar una experiencia, lo cual en los cuentos tiene una solución muy distinta pero que es en la novela donde mejor se realiza.”  

-En su correspondencia con el editor Francisco PorrúaCortázar imagina que Rayuela dará un giro total a la novela argentina. ¿Cómo interpretás hoy las reacciones que despertó? 

- Sabemos que la recepción inmediata fue bastante negativa. Desde la revista literaria El escarabajo de oro, Liliana Hecker se preguntaba por qué Cortázar no había seguido escribiendo esos cuentos que le salían tan elegantes, y en cambio ahora se metía en asuntos tan experimentales. También desde La Nación le pegaron. Los cuentos de Jorge L. Borges tienen esa capacidad extraordinaria de incorporar materiales muy diversos, pero son formalmente muy clásicos. En cambio, Cortázar de pronto traía esta novela de ruptura, con fórmulas rarísimas que provocaban resistencia.  Es decir, originalmente en Argentina se la rechazó con criterios conservadores, fue una reacción antivanguardia. Pero al cabo de los años, creo que lo que más perduró del libro es eso, su estructura de collage, porque se trata de una obra casi conceptual. Hoy día su tablero de dirección, que tiene la mala pata de hablar del lector hembra y esas pavadas, para algunos críticos es el primer hipertexto. Vemos que lo que produjo más escándalo entonces es mucho más afín al presente y está más en sincronía con las discusiones contemporáneas. 

 -Señalaste que el mundo de los otros, su fascinación y amenaza de contagio son centrales en la obra cortazariana. ¿Cómo aparecen en Rayuela lo que él mismo llama los monstruos? 

-Bueno, sigo viendo en su obra lo que, definido rápidamente, sería el registro de lo anti-intelectual, el deseo, los cuerpos; se podría encontrar una serie ahí, formada, entre otros, por la Maga, el personaje central de Rayuela“El perseguidor”, el relato inspirado en Charlie Parker, y en “Las puertas del cielo”. Siempre hay otro personaje que se encarga de registrarlo y es contaminado. En Rayuela es Oliveira, en “El perseguidor” es el biógrafo. 

-En tu crítica lo conectás con el vaivén entre vanguardia y populismo. 

-Bueno, es que la vanguardia no suele ser interesante por sí sola y el populismo, tampoco. Pero en Argentina se producen habitualmente esos cruces; es un impulso de gran intensidad, que se ve hasta en Borges y que en Cortázar es muy fuerte. Hay en él esa atracción por el habla del otro también, por las lenguas mal habladas, en numerosos cuentos. En la novela Los premios” los otros son los mersas, que hacia el final acaban siendo atractivos. Y en Rayuela esa tensión, que nunca termina de resolverse, está en La Maga, en toda su opacidad que contamina a Horacio Oliveira y que conduce a esa escena muy populista pero interesante, cuando él baja hasta lo más bajo y tiene su encuentro con la mendiga. Y en la escena del bebé Rocamadour; cuando aparece un niño todo se vuelve rápidamente una alegoría. Pero creo que el libro ha ido cambiando mucho. 

-En ese mismo texto definís al personaje central como un coleccionista sagaz, que sabe consumir. Hay una crítica política en ello. 

-Bueno, él es un síntoma de Argentina, ¿no? Es el consabido “Yo siempre estoy en la última, siempre voy a los lugares antes de que se pongan de moda…”  En ese sentido Rayuela también es muy sociológica porque es un buen ejemplo de un medio que rinde culto de la perspicacia del consumidor y del receptor de los productos culturales, con los que tiene una relación de velocidad: él es más rápido que los otros para leer. Pero a la vez tiene otra dimensión del coleccionista más perversa y personal, que retira esos objetos del público y los hace propios. Eso se ve en La MagaOliveira la saca de circulación y quiere guardarla para él. Este aspecto es más pulsional. También está el tema interesante de las sociedades secretas, el Club de la Serpiente, que le viene del Adán BuenosayresNosotros valoramos mucho que Cortázar le haya dado ese lugar importante a la novela de Leopoldo Marechal. El Adán hace un pastiche del Ulises de James Joyce, ya se sabe, pero eso es lo que hacemos nosotros; armamos mezclas muy originales pero un poco de pastiche siempre hay… 

-En El último lector, dedicás un ensayo a los lectores tal como los representa Cortázar en su ficción. Hablanos de eso; ¿en qué se distingue? 

-Cuando decimos bovarismo nos referimos a alguien que cree en la ficción, porque ésta tiene una cualidad que la vida no tiene, prefiere su perfección. En Cortázar esto está ligado a lecturas muy intensas, sobre todo al surrealismo, en el que la tensión entre lo que se lee y la realidad es más frágil. A mí me encanta ese cuento “Continuidad de los parques”; no es exactamente bovarismo lo que se encuentra allí, sino algo más difícil de resolver. Él está leyendo en la novela lo que le está por pasar, examina también tensión entre cómo se leen un cuento y una novela. La Maga encarna el bovarismo; ella no entiende mucho, lo cual es la definición del bovarismo, ¿no?, porque lo que busca el lector bovarista tiene más que ver consigo mismo que con lo que lee. Horacio se ríe un poco de que lo que La Maga está leyendo; ella es una lectora ingenua, que se cree lo que lee y supone que en la literatura siempre hay más de lo que hay… 

¿Y qué clase de lector es Morelli, el escritor que aparece en Rayuela? 

-Bueno, es Macedonio Fernández para mí. Es un escritor secreto, que en rigor no tiene un libro sino un manuscrito; escribe una novela que no se puede terminar nunca, que cuenta Rayuela pero que también es el Museo de la novela de la eterna. En este sentido el libro es un buen mapa de lecturas, que incluye a Gombrowicz y a Macedonio, entre otros, con un uso particular de la cita -se trata de una novela hecha de citas- y eso también está en las discusiones hoy. De todos modos, hay un enigma para destacar y éste habla de cómo es la literatura argentina. Que Rayuela se haya seguido leyendo, que haya encontrado lectores hasta hoy, ¡es un milagro! Porque en verdad es una novela muy compleja, que espanta al lector por su dificultad, no lo seduce ni lo va llevando con determinadas marcas. Y eso siempre me da optimismo. 


(Fuente: https://www.clarin.com/home/entrevista-narrador-ricardo-piglia-50-anos-rayuela-julio-cortazar_0_H1Xfun8jDQg.html) 




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Track 01: Cortázar lee a Cortázar (Francia, 1966) (38:37) 

00:00 - Palabras de Introducción  

05:00 - Continuidad de los Parques  

08:53 - Acerca de su Mala Pronunciación  

10:19 - Me Caigo y Me Levanto  

14:09 - Filantropía (Historia de Cronopios)  

15:20 - Correos y Telecomunicaciones  

17:50 - Palabras de Introducción  

19:36 - Conducta en Los Velorios  

27:42 - Palabras  

28:21 - Capítulo 68 de Rayuela 

29:34 - Palabras  

30:00 - Capítulo 32 de Rayuela (Carta de La Maga al Bebé Rocamadour) 



jueves, 1 de octubre de 2020

CD 264 – Con Voz Propia: Cortázar y Guerrero: “Reencuentro”

 

“El 12 de marzo de 1973 Julio Cortázar llegó a Buenos Aires por sexta vez después de radicarse en Francia. Su avión aterrizó un día después del triunfo de Héctor Cámpora en las elecciones presidenciales.  Su visita incluyó la participación como jurado en un premio literario, la presentación de la novela “Libro de Manuel” y una visita a la cárcel de Devoto a Paco Urondo, que estaba preso desde hacía un año. Y también dio algunas entrevistas. Una de ellas, a Hugo Guerrero Marthineitz. La cinta que estuvo mucho tiempo guardada, volvió a salir a la luz gracias a Diego Guerrero, hijo de Hugo, y el periodista Diego Tomasi del programa “Maldita suerte”, que se emite por El Destape Radio.” 



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Ficha Técnica: 

En #MalditaSuerte una de las entrevistas que dio Julio Cortázar, en su regreso a la Argentina en marzo de 1973, fue con Hugo Guerrero Marthineitz. El archivo fue registrado en una grabadora del periodista y guardado para ser compartido en contadísimas ocasiones. Diego Tomasi trajo, en primera instancia, fragmentos a “Maldita Suerte” y después, gracias a Diego Guerrero -hijo de Hugo-, accedió al material completo para publicar. “Maldita Suerte” con Matías Colombatti, Gabriela Delelisi, Gerardo Delelisi y Oriane Fléchaire se emite de lunes a viernes de 15 a 17 por FM107.3 - AM1050 o en http://www.eldestaperadio.com 


domingo, 28 de julio de 2019

CD 232 – Con Voz Propia: Julio Cortázar: Cuando lo Fantástico Forma Parte del Humanismo Liberador


Un sueño inconcluso

Por Hugo Montero e Ignacio Portela

“Si Cuba marcó el inicio de su participación militante, la liberación de Nicaragua fue la que le permitió integrarse de lleno a un proceso revolucionario. Su primer viaje a Nicaragua lo hizo clandestino junto a Sergio Ramírez, quien después sería vicepresidente de la junta rebelde, en un barco que los llevó a Solentiname. No se trata de un detalle menor, teniendo en cuenta que sus cualidades físicas pasaban muy poco desapercibidas. Pocos meses después de la caída de la dictadura de Somoza, Cortázar viajó por segunda vez para dar a conocer al mundo entero la realidad de un pueblo desesperado, que empezaba a dar sus primeros pasos hacia su liberación. En esos viajes se encargó de producir artículos periodísticos para confrontar las noticias difundidas por las agencias internacionales. También relató con su estilo diferentes impresiones, luego compiladas en Nicaragua, tan violentamente dulce. Niños de 15 años montando guardia y dispuestos a ir a la escuela, eran parte del terreno que él mismo se encargó de recorrer para luego sugerir acciones más concretas. Este diálogo con los sandinistas continuó hasta su muerte, al igual que la relación amistosa con sus máximos referentes. El proceso de alfabetización fue seguido muy de cerca, e incluso parte de sus obras fueron repartidas a los voluntarios alfabetizadores. También donó los derechos de autor de varios de sus libros a diferentes grupos identificados con la lucha por liberación americana: “Ayudar hoy a Nicaragua es ayudar a la causa de la libertad y la justicia en América Latina ¿Será por eso que esa ayuda es tan escasa, oh seudodemocracias de este mundo del norte y del oeste?”. Cuando le preguntaban sobre el acontecer nicaragüense creía menos en un proceso ortodoxo, que en una idea de liberación: “Una revolución es la sustitución total, dentro de la historia, del capitalismo por el socialismo, sin grados intermediarios. Lo que yo veo en el sandinismo, en cambio, es un movimiento de liberación”, explicó entonces.

“Yo ya no sé escribir como antes, hacia donde quiera que me vuelva encuentro la imagen de Haroldo Conti, los ojos de Rodolfo Walsh, la sonrisa bonachona de Paco Urondo, la silueta fugitiva de Miguel Ángel Bustos, y no estoy haciendo una selección elitista, no son solamente ellos los que me acosan fraternalmente, pero un escritor vive de otras escrituras, y siente, si no es el habitante anacrónico de las torres de marfil del liberalismo y del escapismo intelectual, que esas muertes injustas e infames son el albatros que cuelga de su cuello”, escribía en 1980, mientras desde Argentina un puñado de grises intelectuales lo criticaban por calificar como “genocidio cultural” a lo que hacían los militares, como negando con soberbia aquella realidad que destruyó a un país desde su elemento más sensible.

Cortázar viajó a La Habana, a Managua y a Buenos Aires en sus últimos días. Allí se despidió de sus amigos y alcanzó a recoger algo de lo mucho que había sembrado a fuerza de talento y presencia militante. La verdad le dio la espalda más de una vez, el dolor lo agobió por aquellos días tristes, el silencio y la indiferencia lo acompañaron no pocas veces. Su voz de genuino artista hoy se confunde con el murmullo empecinado de unos cuantos que lo obligaron siempre a disculparse antes de opinar, que le impusieron el pago de un derecho de piso que nunca le correspondió. “Me invade cierta melancolía al pensar que el tiempo disminuye para mí. Tengo suficiente lucidez para comprender que no asistiré a la materialización de mi sueño: la soberanía total de la América Latina, pero de ningún modo asocio esto a una sensación de fracaso. Estoy seguro de que los procesos históricos se cumplirán, que los libros que ya nunca escribiré serán obra de otros creadores latinoamericanos”, reconoció en 1983, cuando el final se acercaba.”




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Ficha Técnica: 
Entrevista que Julio Cortázar le concedió a Joaquín Soler Serrano, para el programa "A Fondo" (Con las Primeras Figuras de las Letras, las Artes y las Ciencias) producido por Radio Televisión Española (RTVE) Realización: Ricardo Arias. Producción: Jesús González. Dirección y Presentación: Joaquín Soler Serrano

lunes, 30 de enero de 2017

CD 171 – Con Voz Propia: Julio Cortázar (IV)

Cortázar y el Boxeo

Cuando Ariel Scher me dijo “hablá con Diego Tomasi, que es uno de los tipos que más sabe de Cortázar”, no tuve dudas. Enseguida le pedí que escribiera algo sobre el genial escritor. Lo que sea, lo que se te ocurra, le dije al autor de El caño más bello del mundo, un libro dedicado a Riquelme. Y Tomasi, que hace dos años publicó el recomendable Cortázar por Buenos Aires, Buenos Aires por Cortázar, se despachó con los siguientes textos, que se agradecen.

Por Diego Tomasi

Cortázar descubrió la radio y el boxeo esa noche de 1923 en la que Firpo no le ganó a Dempsey porque no tenía que ser, porque esa pelea estaba más destinada a ser una escena literaria que una competencia justa. Y esa decepción, esa tristeza transmitida por radio, convirtió a Cortázar, a ese niño de nueve años, en un ardiente seguidor del deporte de los puños.
Cuando se volvió adulto y porteño, Cortázar fue a ver boxeo todo lo que pudo. Iba al Luna Park. No importaba tanto quién peleaba. Importaba que hubiera pelea. No eran pocas las veces que iba a la tribuna con un libro debajo del brazo, como un esteta. Leía en los intervalos. Algún personaje suyo, después, hacía lo mismo, y así los límites entre ficción y realidad terminaban borrándose.
En la literatura de Cortázar hay múltiples referencias al boxeo y a boxeadores, y no es ilógico, en ese sentido, que uno de sus libros más estéticamente valientes y juguetones se llame Último round.
En sus cartas, Cortázar deja constancia de su gusto por el boxeo. A menudo escribe a amigos y, en medio de una discusión sobre arte o sobre cine, pregunta si han visto pelear a tal o cual boxeador. O comenta una pelea que vio en París. O simplemente elige una imagen boxística para contar cualquier experiencia mundana. En algún sentido, su vínculo con el boxeo fue similar al de otros escritores que han escrito sobre ese deporte, pero en su caso lo singular es que no hay manera de pensarlo a él, que nunca levantó siquiera un brazo (y cuya actividad deportiva más significativa fue jugar al ping pong con su ahijado en la mesa del living de su casa en la calle Artigas) sin pensar en dos guantes, en una piña bien puesta, en una campana sonando.

La última visita de Cortázar al Luna Park
El día 7 de abril, la revista El Gráfico, a través de Alberto Perrone, invitó a Julio Cortázar a asistir a una pelea de boxeo en el Luna Park. Hacía décadas que el escritor no iba al mítico estadio ubicado en Bouchard y avenida Corrientes. Cortázar aceptó, y fue con Perrone y con el periodista Gabriel Díaz. Ese día peleaba Miguel Ángel Castellini con el estadounidense  Doc Holliday, por el título mundial en la categoría súper welter. Castellini ganó por puntos.
Al día siguiente, Cortázar escribió un párrafo sobre la pelea, que El Gráfico publicó en su edición del 10 de abril de 1973, con el título Un triunfo con algunas nubes. Decía la nota: “Como es lógico, el público fue a ver ganar a Castellini. Como también es lógico, Castellini ganó. La única cosa ausente en tanta lógica fue lo que justifica y da su auténtica belleza al deporte: la alegría. A la victoria del argentino le faltó todo, salvo la fuerza del punch, y ni  siquiera éste pudo definir una situación que por lo menos dos veces se volvió crítica para Doc Holliday. Fue una victoria chata, sin nada que permitiera festejarla como se esperaba.
Frente a Castellini hubo un hombre que en buena ley deportiva merecía los aplausos que tan sin ganas cosechó el vencedor. Pero Doc Holliday fue además otra cosa: el símbolo amenazante del futuro. Si Castellini no aprende todo lo que le falta aprender, de nada le valdrán las interminables instrucciones que le gritaba Ringo Bonavena”. A Cortázar no le había gustado la pelea, y se notaba.
Y así fue como, tantos años después, un estadio mítico y un escritor consagrado volvieron a encontrarse, y ya no volverían a hacerlo.

Acerca de Torito, de Julio Cortázar
El verdadero personaje de Torito no es Justo Suárez, sino el lenguaje.
Es marzo de 1966. La francesa Laure Guille-Bataillon pretende traducir el cuento Torito a la lengua de Proust. Julio Cortázar, con la cordialidad y calidez que caracterizan sus cartas, se niega. Ella siente curiosidad por saber qué motivos tiene el escritor argentino, cuya obra está siendo traducida a muchos idiomas desde hace muchos años (tanto más desde la publicación de Rayuela en 1963), para negarse.
Entonces, Cortázar dice la frase. Dice: “En ese cuento el verdadero personaje es el lenguaje y sólo el lenguaje. La historia del boxeador está lejos de ser interesante, es siempre la crónica vulgar del pobre tipo al que ponen por las nubes para precipitarlo en la ruina”.
Y explica que, en 1951, cuando escribió el cuento, él buscaba escandalizar a ciertos lectores argentinos que, creyéndose sofisticados, decían despreciar la lengua de los seres de los suburbios. “Fue un desafío y gané mi modesta batalla”, escribe a Guille-Bataillon.
Torito, en su ritmo, en su estructura y en su lenguaje, es único en la literatura de Cortázar, pero no es aislado. Es parte de su búsqueda permanente acerca de las posibilidades infinitas que dan (o pueden dar) las palabras. Siempre tan mágicas, ellas.

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Edición: Blanca Curia

martes, 14 de junio de 2016

CD 156 – Con Voz Propia: Julio Cortázar II


 Cinco razones para volver a leer Rayuela

de Julio Cortázar

Philip Potdevin

¿Qué hace tan importante a esta novela de Julio Cortázar? ¿En qué radica su valor, tanto al momento de ser publicada, en junio de 1963, como hoy, más de medio siglo más tarde?

Descifrar el misterio de Rayuela es una de las disciplinas favoritas de los eruditos de la literatura. No hay carrera de literatura donde no se ofrezca un seminario dedicado analizar a profundidad la novela del célebre argentino.

Hay miles de páginas de críticos, escritores, semiólogos y expertos que alegan haber descifrado las claves y sentidos del libro. Al ser catalogada, desde su publicación, como una novela abierta, ha quedado la puerta de par en par para proponer innumerables lecturas y análisis.

Sin embargo, como decía el gran músico norteamericano Aaron Copland en referencia a la música clásica: “La música no hay que entenderla, basta con disfrutarla.” Lo mismo vale para Rayuela: no es necesario ser un lector avanzadísimo o matricularse seis meses en un seminario para sacarle el gusto a esa fascinante historia entre Oliveira y La Maga.

Sin embargo, hay claves que sirven para entender su encanto, o razones que la convierten en una novela fundamental en la literatura hispanoamericana. Aquí cinco de ellas.

1. Es Original

Cortázar escribe Rayuela en plena madurez, en torno a su 45 años, y luego de haber escrito tres novelas (de las cuales sólo publica una, Los Premios, mientras que las otras dos, bastante flojas, serán publicadas póstumamente), y varios libros de cuentos muy exitosos y de excelente factura, como Bestiario, Final de fuego, Las armas secretas; un poema épico, Los Reyes, y otro libro inclasificable, Historias de cronopios y famas.

Rayuela es una novela fundamental por cuanto rompe con la obra anterior suya y, aún más, con la literatura escrita hasta entonces, no sólo en Latinoamérica sino en Europa y Norteamérica en el Siglo XX. Sólo se han encontrado paralelos e influencias en la novela Tristam Shandy, publicada en 1767 del inglés Laurence Sterne. La novela de Cortázar es original por cuanto tiene una estructura paralela que se entrecruza la una con la otra.

Hay dos secciones, una titulada ‘Del lado de allá’, con 56 capítulos que se dejan leer de manera secuencial, y otro, ‘De otros lados’, subtitulado ‘Capítulos prescindibles’, que van hasta el 155, la mayoría de ellos muy cortos, a veces de un sólo párrafo con un par de líneas de extensión. Por supuesto ningún lector atento omite esta segunda parte, a pesar de la inquietante sugerencia del autor, puesto que allí está la clave de mucho de lo que sucede en la primera; además allí abundan reflexiones sobre literatura, artes y cultura que forman parte integral de la novela, además de citas y recortes tomadas de la prensa a manera de libro de recortes.

En su atrevida originalidad, Cortázar, invita al lector a leer la novela de varias formas: Saltando, como en la rayuela infantil, entre una parte y la otra, según las indicaciones que se dan al final de cada capítulo o leyendo las partes por separado o prescindiendo totalmente de la segunda parte o incluso, descuadernando el libro, intercalando cada capítulo en el orden sugerido y volviéndolo a armar para leerla linealmente según la sugerencia del autor.

Una lectura desestructurada como esa se le ocurre a Cortázar en 1963, cuando la novela que se escribía en el mundo en ese entonces seguía siendo muy formal y convencional. Esa forma es tan insólita y creativa, que después de esa fecha ya ningún autor serio se atreverá a proponer algo parecido pues cualquier remedo resultaría un fracaso absoluto.

2. Se deja leer

A pesar de sus 635 páginas, Rayuela no se puede considerar un mamotreto: es una novela que se lee de manera vertiginosa y con absoluto deleite para el lector. Los diálogos están llenos de humor, de ironía, de sarcasmo, de toma y dame entre los personajes, en un lenguaje coloquial y sin elaboraciones encumbradas, pero sin caer en simplezas. El juego de saltar de un capítulo a otro, que da el título a la novela, es sólo el comienzo del aspecto lúdico que atraviesa las páginas de la novela. Los personajes están dispuestos a tomarse la vida como les viene, sin mayores pretensiones: para ellos lo importante es el diálogo, la música, el aquí y el ahora.

Hay un pasaje, de los más celebres de la novela, llamado el capítulo del tablón, en el que las dos parejas de protagonistas: Oliveira y La Maga, Traveler y Talita, que son vecinos en edificios enfrentados, tienden un tablón sobre el vacío, de ventana a ventana, para cruzar de un apartamento al otro. La escena es absurda, divertida y a la vez de gran profundidad, siempre apuntando a lo literal de la escena y, a la vez, a todo lo simbólico detrás del tablón que une las dos viviendas.

3. Es erótica

El pasaje más citado de Rayuela, y a la vez el más erótico es el capítulo 68. Está escrito en un idioma que Cortázar inventa y denomina gíglico, lengua que no se requiere aprender formalmente para entenderla a la perfección, sólo basta una pizca de imaginación. Aquí podemos apreciar el capítulo en su totalidad:

“Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sústalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas fílulas de cariaconcia. Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se tordulaba los hurgalios, consintiendo en que él aproximara suavemente su orfelunios.

Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, la esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los esproemios del merpasmo en una sobrehumítica agopausa. ¡Evohé! ¡Evohé! Volposados en la cresta del murelio, se sentía balparamar, perlinos y márulos. Temblaba el troc, se vencían las marioplumas, y todo se resolviraba en un profundo pínice, en niolamas de argutendidas gasas, en carinias casi crueles que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias”.

4. Es musical

Los personajes de Rayuela, que conforman el llamado Club de la Serpiente en París, oyen todo el tiempo discos de jazz, blues y bepop, en especial a Charlie Parker, pero también a Louis Armstrong, Dizzy Gillespie, Bessie Smith, Fats Waller, Oscar Peterson, Thelonius Monk, Kenny Clarke, entre otros.
Incluso en eso, Cortázar rompe con la tradición latinoamericana al poner en primer plano una música no local como protagonista de su novela. El jazz con su informalidad, su espontaneidad y sus formas improvisadas son el trasfondo sobre el cual la misma novela está construida. La novela, al igual que el jazz, se despliega frente al lector de forma espontánea por vericuetos sorpresivos.

5. Es trascendente

Rayuela también tiene su faceta profunda, la que más fascinación genera en los críticos. Hay una búsqueda personal, en espiral, hacia el centro del sí-mismo de Horacio Oliveira y Manolo Traveler. El uno desde París y el otro desde Buenos Aires. Ambos llevan sus vidas a través de los laberintos de las dos ciudades que constituyen el eje Europa-Sur América, en un afanoso e incansable viaje hacia lo que llaman el centro. Pero también es la fusión de los opuestos entre París y Buenos Aires, el cosmopolitismo de la primera y la calurosa pesadez del Buenos Aires de los años cincuenta.

Fusión a la vez entre el racionalismo cartesiano occidental y el conocimiento intuitivo de Oriente, entre el desorden de Oliveira y la perfección de La Maga, su amante uruguaya en París. Rayuela es confluencia de oposiciones entre Traveler, el amigo de juventud de Oliveira y su compañera Talita. París es una metáfora dice Oliveira, a la que jamás se llega a conocer totalmente. Oliveira trata de llegar al centro de París a través del conocimiento de la clochard, la mendiga típica de las calles parisinas, que representa el substrato más bajo de la ciudad luz. En el capítulo final de la primera parte, llega casi a una comunión con Emanuelle, la clochard, fétida y borracha en una aventura escabrosa a orillas del Sena.

Oliveira es el perfecto metafísico que se pasa la vida buscándose el centro de sí mismo. Es una indagación desesperada donde Oliveira desea dejar caer todo lo que le rodea para ver si así encuentra el verdadero centro, lo que él llama, eje, razón de ser, el ombligo. Pero esta búsqueda le lleva a caer en la incomunicación total y pensar que sus peligros son solo metafísicos, los mismos que le llevarán a la locura.

Oliveira gira en torno al espiral, vive buscando cuál es la entrada y no la encuentra. En sus sueños imagina que está en todas partes, que posee el don de la ubicuidad. Pero termina resignándose y admite que le va a doler el resto de su vida no poder hacerse una idea de qué es el centro, o sea no llegar jamás a su propio yo o sí-mismo.

Oliveira busca escaparse de su soledad con lo opuesto que es el gregarismo, lo que llama la gran ilusión de la compañía ajena, solo para darse cuenta que esa soledad es peor aún. Es el hombre solo en la sala de los espejos. El lamento último es saberse solo, conocerse al borde de la otredad y no poder franquearla, porque para hacerlo se necesita la mano desde afuera, desde lo otro para que se la tienda, pero esta no existe. Al final de la novela, cuando Oliveira intenta suicidarse en el manicomio, dice, al ver abajo de la ventana una rayuela pintada en el cemento, que si se tira es probable que caiga en el cielo, o sea en el centro o eje principal de la rayuela.

Al igual a cómo dice los gardelianos, que Carlitos cada día canta mejor, Rayuela no solo admite múltiples relecturas sino también continúa invitando al lector que no la conoce, a que se le acerque, sin elevadas pretensiones de disección literaria, para dejarse descubrir en su maravillosa originalidad y su frescura a pesar de estar entrando en su segunda.


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martes, 26 de agosto de 2014

CD 113 – Pasos en la Biblioteca: Julio Cortázar


Borges habla de Cortázar

F.S.: ¿Le agradaban los cuentos fantásticos de Julio Cortázar?
J.L.B.: Sí, me agradaban, y ocurrió un pequeño episodio. ¿Se lo he contado ya?
F.S.: No.
J.L.B.: Yo me encontré con Cortázar en París, en casa de Néstor Ibarra. Él me dijo: "¿Usted se acuerda de lo que nos pasó aquella tarde en la diagonal Norte?". "No", le dije yo. Entonces él me dijo: "Yo le llevé a usted un manuscrito. Usted me dijo que volviera al cabo de una semana, y que usted me diría lo que pensaba del manuscrito". Yo dirigía entonces una revista, Los Anales de Buenos Aires (una revista ahora indebidamente olvidada), que pertenecía a la señora Sara de Ortiz Basualdo, y él me llevó un cuento, Casa tomada; al cabo de una semana volvió. Me pidió mi opinión, y yo le dije: "En lugar de darle mi opinión, voy a decirle dos cosas: una, que el cuento está en la imprenta, y dentro de unos días tendremos las pruebas; y otra, que ya le he encargado las ilustraciones a mi hermana Norah". Pero, en esa ocasión, en París, Cortázar me dijo: "Lo que yo quería recordarle también es que ése fue el primer texto que yo publiqué en mi patria cuando nadie me conocía". Y yo me sentí muy orgulloso de haber sido el primero que publicó un texto de Julio Cortázar. Y luego nos vimos un par de veces en la UNESCO, donde él trabaja. Él está casado -o estaba casado- con la hermana de un querido amigo mío, Francisco Luis Bernárdez. Bueno, como le decía, nos vimos creo que dos o tres veces en la vida, y, desde entonces, él está en París, yo estoy en Buenos Aires; creo que profesamos credos políticos bastante distintos: pero pienso que, al fin y al cabo, las opiniones son lo más superficial que hay en alguien; y además a mí los cuentos fantásticos de Cortázar me gustan.

(Fuente: Fernando Sorrentino: Siete conversaciones con Jorge Luis Borges, Buenos Aires, El Ateneo, 1996, págs. 103-105)

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miércoles, 13 de agosto de 2014

CD 112 – Con Voz Propia: Julio Cortázar


Variaciones del “juego profundo”:

Torito y Segundos afuera

Ana María Risco

Revista Borradores – Vol VIII-IX. 2008

Universidad Nacional de Río Cuarto

“Torito” simula la voz del boxeador Justo Suárez, quien relata, a modo de flashes autobiográficos, los distintos momentos de éxito y de fracaso durante su carrera. El juego agonal está implícito en la trama, pues todos los recuerdos de Torito son del ámbito del boxeo y su mundo. Están presentes las relaciones entre boxeo y cuestiones raciales, boxeo y cuestiones de género (como deporte exclusivamente masculino que reafirma el modelo de hombre rudo), boxeo y cultura popular (boxeo y tango).

El boxeo es el ámbito favorable para la acentuación de prejuicios y estereotipos raciales y étnicos. Torito se refiere a sus rivales por medio de las clásicas diferencias raciales:

El patrón siempre me llamaba pibe. Dale áperca, pibe. Cuando pelié con el negro en Nueva York el patrón andaba preocupado. Yo lo juné en el hotel antes de salir. “Lo fajás en seis rounds, pibe”, pero fumaba como loco. El negro, como se llamaba el negrito, Flores o algo así. Duro de pelar, che. Un estilo lindo, me sacaba distancia vuelta a vuelta.  

Áperca,  pibe, metele áperca. Tenía razón el trompa. Al tercero se me vino abajo como un trapo. Amarillo, el negro. Flores, creo, algo así. Mirá como uno se ensarta, al principio me pareció que el rubio iba a ser más fácil. Lo que es la confianza, ñato. Me barajó de una piña que te la debo. Me agarró en frío el maula. Pobre patrón, no quería creer. Con qué bronca me levanté. Ni sentía las piernas, me lo quería comer ahí nomás. Mala suerte, pibe. Todo el mundo cobra al final. La noche del Tani, te acordás, pobre Tani, qué biaba. Se veía que el Tani estaba de vuelta. Guapo el indio, me sacudía con todo, dale que va, arriba, abajo. No me hacía nada, pobre Tani. Y eso que cuando lo fui a saludar al rincón me dolía bastante la cara, al fin y al cabo me arrimó una buena leñada. (…) Pobre Tani, vos sabés que me miró, yo le puse el guante en la cabeza y me reía de contento, no me quería reir, te imaginás que no era de él, pobre pibe. Me miró apenas, pero me hizo no sé qué. Todos me agarraban, pibe lindo, pibe macho, ah criollo, y el Tani quieto entre los de él, más chatos que cinco e’queso.

En el cuento de Cortázar, el tango aparece como expresión de la cultura popular y de su ideología. Las letras de tango recogen la mentalidad y el sentimiento popular, de modo que el hecho de que a Torito su gente le dedicara un tango, es símbolo de reconocimiento social:

Parece mentira, ñato. Bueno, te oís unos tanguitos y las transmisiones de los teatros.  ¿Te gusta Canaro a vos? A mí Fresedo, che, y Pedro Maffia. Si los habré visto en el ringside, me iban a ver todas las veces. Podés pensar en eso, y se te acortan las horas.

Al final lo fajé feo, me dejó un claro y le entré con unas ganas… Muñeco al suelo, pibe. Muñeco al suelo fastrás… Vos sabés que me habían hecho un tango y todo. Todavía me acuerdo un cacho, de Mataderos  al centro y del centro a Nueva York… Me lo cantaban en todos lados, en los asados, por la radio… Era lindo oírse en la radio, che, la vieja me escuchaba todas las peleas. (…)

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domingo, 9 de octubre de 2011

CD 51 - Con Voz Propia: Julio Cortázar



Hemos llegado a la tercera entrega de Con Voz Propia y quisimos compartir la voz de un clásico, a costa de ser repetitivos, escuchar a Cortázar con sus matices y sus "r" resbaladizas tiene una cadencia, una magia única que ningún intérprete puede reemplazar.


El 26 de agosto de 1914 nació en Bruselas, Julio Cortázar, quien a los cuatro años se instaló junto con sus padres en Buenos Aires.
Trabajó como maestro en varios pueblos argentinos y, posteriormente, dictó clases de Literatura en la Universidad Nacional de Cuyo. 
Y en 1938 publicó su primer libro de sonetos titulado "Presencia", bajo el seudónimo de Julio Denis.
Gracias a una beca del gobierno francés, se instaló en Paris en 1951 donde además se dedicó a las traducciones para mejorar 
su situación económica.
Julio Cortázar publicó numerosos y prestigiosos libros, entre los que podemos mencionar: "Bestiario" (1951), "Rayuela" (1963), "Historias de Cronopios y de Famas" (1962), y "Un tal Lucas" (1979).
Murió en 1984.


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lunes, 20 de junio de 2011

CD 46 - La Argentina en Pedazos I


Durante el período clásico - aquella etapa de los años 30 a finales de los 50 - los escritores radiofónicos lucubraron desde su propio ingenio historias radioteatrales que poblaron el parlante de ese aparato que organizaba la vida familiar; también adaptaron relatos originalmente pensados para otro tipo de audiencias.
La Argentina en Pedazos es, entonces, una necesaria excusa, un imperioso desafío para recuperar esa palabra donde el compromiso y la aventura se mixturan en un mismo espacio sonoro de representación.
En esta primera entrega presentamos 4 títulos clásicos:

El Matadero de Esteban Echeverría. (Investigación Periodística y Adaptación: Sebastián Carmelé - Grabación y Edición: Aldo Rotman y Sebastián Carmelé - ACTORES: Voz en off: S.Carmelé - Enlazador 1: Gerardo Dayub - Enlazador 2: Raúl Dayub - Mujer: Cristina  Mortara - Niño: Felipe Cosanza - Juez: Pablo Morelli - MÚSICA: Guitarra: Mauricio Gustavino, Arreglos: Leandro Drago y Mauricio Gustavino)

Los Dueños de la Tierra de David Viñas. (Investigación Periodística: Laura Lavatelli - Adaptación: José Luis Cardozo y Laura Lavatelli - Grabación y Edición: Sebastián Carmelé  y Laura Lavatelli - ACTORES: Gorbea: Simón Zonis - Brun: Rubén Clavenzani - Narrador: José Luis Cardozo - MÚSICA: Flautas andinas: Alfredo Arce - Ñorquin: Leandro Drago y Colores Calvi - Kultrum: Colores Calvi.)

Mustafá de Armando Discépolo (Investigación Periodística: Laura Lavatelli - Adaptación: Laura Lavatelli - Grabación y Edición: Sebastián Carmelé - ACTORES: Mustafá: Gerardo Dayub - Don Gaetano: Gerardo Dayub - Gosdandina: Cristina Mortara -  Novio: Rubén Clavenzani - Novia: Catalina Schmal - Hermano: Raúl Dayub - MÚSICA: Acordeón: Martín Larraburu - Piano: Leandro Drago.)

Las Puertas del Cielo de Julio Cortázar. (Investigación: Pablo Morelli - Adaptación: Pablo Morelli - Grabación y Edición: Aldo Rotman y Sebastián Carmelé - ACTORES: Cortázar: Pablo Morelli - Marcelo: Pablo Morelli - Mauro: Gabriel Cosoy - Celina: Brenda Nonino - Emma: Virginia Dallacaminá - Informante: Juan Pablo Garbarino - Alguien: Sebastián Carmelé - Algunos: Eduardo Eggs, Esteban Olaran, Lucas Milocco y Pablo Morelli - MÚSICA: Violín: Martín Larraburu - Teclados: Leandro Drago.)

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domingo, 19 de diciembre de 2010

CD 40: Letras de Radio


El 27 de agosto de 2010 se festejaron los 90 años de la radio. Sin embargo, para aquellos y aquellas que sentimos pasión por la radiofonía, no es sólo ese día el que cuenta.
Cada un@ recuerda momentos en que la radio se ha transformado en protagonista, o simple compañía, de hechos memorables en su vida.
Por eso, nunca tarde, hoy le rendimos homenaje a este medio tan apasionante.

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