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jueves, 14 de mayo de 2020
CD 251 – Con Voz Propia: “Mirá lo Que Te Cuento” (I)
Tesis sobre el cuento
Ricardo Piglia
I
En uno de sus cuadernos de notas Chéjov registra esta anécdota: «Un hombre, en Montecarlo, va al Casino, gana un millón, vuelve a su casa, se suicida.» La forma clásica del cuento está condensada en el núcleo de ese relato futuro y no escrito.
Contra lo previsible y convencional (jugar-perder-suicidarse) la intriga se plantea como una paradoja. La anécdota tiende a desvincular la historia del juego y la historia del suicidio. Esa escisión es clave para definir el carácter doble de la forma del cuento.
Primera tesis: Un cuento siempre cuenta dos historias.
II
El cuento clásico (Poe, Quiroga) narra en primer plano la historia 1 (el relato del juego) y construye en secreto la historia 2 (el relato del suicidio). El arte del cuentista consiste en saber cifrar la historia 2 en los intersticios de la historia 1. Un relato visible esconde un relato secreto, narrado de un modo elíptico y fragmentario.
El efecto de sorpresa se produce cuando el final de la historia secreta aparece en la superficie.
III
Cada una de las dos historias se cuenta de modo distinto. Trabajar con dos historias quiere decir trabajar con dos sistemas diferentes de causalidad. Los mismos acontecimientos entran simultáneamente en dos lógicas narrativas antagónicas. Los elementos esenciales de un cuento tienen doble función y son usados de manera diferente en cada una de las dos historias. Los puntos de cruce son el fundamento de la construcción.
Continuará...
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Producción General y Edición: Blanca Curia
lunes, 30 de marzo de 2020
CD 248 – Con Voz Propia: Contemporáneas y Contemporáneas: Artefactos Narrativos
Materia Buenos Aires, 1914
Por Roque Larraquy
"En la entrada del 6 de abril de 1914 de su cuaderno personal, Severo Solpe ensaya por primera vez las definiciones de espectro y ectoplasma: No tenemos evidencia de almas atrapadas entre dos mundos, ni de la supervivencia del espíritu animal, ni de fantasmas que busquen saldar una deuda o velar por el bien de los vivos. Apreciamos estas figuras de la religión y toda una literatura de vindicaciones post mortem porque fueron parte de nuestra educación temprana y nos impulsaron a elegir esta disciplina, pero las dejamos a un lado como lo que son, piezas de pensamiento mágico propagadas por las culturas inferiores y el espiritismo europeo.
La idea popular de una supervivencia subjetiva es indemostrable, aunque muchos seguidores o amateurs de la ectografía se empeñen en probar lo contrario, creyentes de que un perro muerto busca los mismos huesos que uno vivo. Por cierto, hay casos difíciles que plantean dudas, porque los espectros reaparecen a intervalos regulares “como realizando una acción”. Es difícil que la ignorancia o el sentido común no vean en esa “acción” la evidencia de una voluntad, pero nosotros nos hemos cansado de recolectar escenas que no crecen en ningún sentido, que son estancas.
Llamamos espectro a un tipo de residuo matérico inscripto en éter que el animal deja de sí cuando muere: la síntesis de sus salivaciones, la huella de los diferentes tamaños de su cuerpo en el tiempo, la silueta, aromas (para su último cumpleaños le regalé a mi esposa el espectro de una mantis en una cajita de cesio con tapa de vidrio, que despide olor a pasto quemado), el diagrama de los movimientos que repitió en circuito, etcétera.
Del espectro registramos su ectoplasma, que surge por sustracción eléctrica del cuerpo del ectografista. Sin este auxilio eléctrico, sin este préstamo, el ectoplasma no puede componerse visualmente ante la cámara. En cada ectografía dejamos un poco de nosotros; pagamos las imágenes con una eventual baja de presión, el debilitamiento de las piernas y la contractura momentánea del nervio óptico, que nos hace ver doble."
(Fragmento del libro Informe sobre ectoplasma animal, de Roque Larraquy y Diego Ontivero. Eterna Cadencia, Buenos Aires, 2014, 88 págs.)
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