jueves, 28 de enero de 2016

CD 147 – Leonardo Da Vinci: “Su Doble Naturaleza de Artista e Investigador”


Las Motivaciones Más Profundas de

Una Concepción Estética

“Se ha juzgado que el arte de Leonardo despojó a las figuras sagradas de los últimos restos de su vinculación con el cristianismo y las humanizó para representar en ellas sentimientos humanos excelsos y hermosos. Ruther elogia a Leonardo por superar el ambiente decadente y devolver a la gente el derecho a la sensibilidad y el goce de la vida. Entre las notas que revelan a Leonardo inmerso en la investigación de los grandes misterios de la naturaleza, no faltan comentarios de admiración al Creador, la causa última de estos secretos extraordinarios, pero no hay nada que dé a entender que pretenda mantener una relación personal con ese poder divino. Las frases en que aglutinó la profunda sabiduría de sus últimos años de vida exhalan resignación, la de un hombre que se somete a las leyes de la naturaleza, y que no espera ningún alivio de la bondad o la gracia de Dios. No hay duda de que Leonardo fue más allá de la religión dogmática y de la personal y de que su labor investigadora lo alejó sobremanera de la concepción cristiana del mundo.

Las averiguaciones expuestas anteriormente sobre el desarrollo de la vida anímica infantil nos hacen suponer que también las primeras investigaciones de la infancia de Leonardo se ocuparon de los problemas de la sexualidad. En realidad él mismo nos lo revela bajo un encubrimiento que resulta evidente al relacionar su empuje de investigador con la fantasía del buitre y poner de relieve el problema del vuelo de las aves como si su destino hubiera dispuesto que se ocupara de él por una concatenación de circunstancias. Un pasaje muy oscuro de sus anotaciones, en que trata sobre el vuelo de las aves y que suena a profecía, proporciona un bello testimonio del grado de su interés afectivo unido a su deseo de imitar él mismo el arte del vuelo: “El gran pájaro emprenderá su primer vuelo desde la espalda de su gran cisne, colmará de asombro al universo, de elogios sus escritos y de gloria eterna al nido en que nació”. Seguramente esperaba poder volar algún día, y sabemos, por los sueños de cumplimiento de deseo, la felicidad que aguarda al verse realizada la esperanza.

¿Pero por qué sueña tanta gente con poder volar? El psicoanálisis nos proporciona una respuesta: porque el volar o el ser un pájaro no es más que el encubrimiento de otro deseo, al que nos conduce más de un puente lingüístico y objetivo. El hecho de que se le explique al niño deseoso de saber que es un gran pájaro como la cigüeña quien trae a los niños; que los antiguos representaran el falo con alas; que la denominación más común en alemán para la actividad sexual del hombre sea vögeln; que en italiano el miembro masculino se llame directamente l’uccello (pájaro), son sólo tramos del puente de un mismo recorrido que nos enseñan que el deseo de volar en el sueño no significa nada más que el anhelo de ser apto para el acto sexual. Se trata de un deseo de la primera infancia. Cuando el adulto piensa en su infancia, la recuerda como una época feliz en que disfrutaba del momento y avanzaba hacia el futuro desprovisto de deseos, y por eso envidia al niño. Pero si los propios niños fueran capaces de informarnos antes, probablemente nos dirían otra cosa. Por lo que se ve, la infancia no es el feliz idilio al que nosotros damos forma retrospectivamente, sino que por el contrario, a los niños les atormenta el deseo de ser mayores y de hacer lo mismo que los adultos. Este deseo estimula todos sus juegos. Cuando el niño sospecha, durante el transcurso de su investigación sexual, que el adulto es capaz de algo excepcional en este terreno tan enigmático e importante que a él le está vedado, entonces siente un impetuoso deseo de hacer lo mismo y sueña con ello bajo la forma del volar, o prepara este disfraz del deseo para usarlo en sus sueños de vuelo posteriores. Así pues, también la aviación, que por fin ha logrado su objetivo en nuestra época, tiene su raíz erótica infantil.

Cuando Leonardo expresa que desde la infancia sintió una particular atracción personal hacia el problema del vuelo, nos confirma que su investigación infantil se enfocaba a lo sexual, tal y como nos permitía suponer el análisis de los niños de nuestro tiempo. Esta cuestión, por lo menos, logró escapar a la represión que posteriormente lo alejó de la sexualidad. Desde su infancia hasta su madurez intelectual le siguió interesando el mismo tema, con pequeñas modificaciones, y es muy probable que el anhelado arte permaneciera inalcanzable para él tanto en su sentido sexual primario como en el mecánico, y que ambos deseos quedaran incumplidos.”

(Fuente: Leonardo Da Vinci: Un recuerdo de infancia. Sigmund Freud. Bogotá, Grupo Editorial Norma, 2007)

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