lunes, 29 de agosto de 2016

CD 161 – Wolfgang A. Mozart: Un Elegido para la Gloria


La crisis de los últimos años

Tras Don Giovanni, Mozart pareció decidido a desvincularse de la música compuesta para satisfacer al gran público o a los poderosos que se la encargaban y dedicarse con más ahínco a la música creada para su propia satisfacción. Como cabría esperarse, esta decisión, lógica desde el punto de vista del creador, ocasionó una disminución progresiva de sus ingresos y, por ende, un empeoramiento de su situación financiera. Ni siquiera su nombramiento como compositor de cámara imperial el 7 de diciembre de 1787 (al que acompañaba una compensación de 800 florines) puso remedio a esta situación. Además, el estreno de Don Giovanni en Viena, el 7 de mayo del año siguiente, no alcanzó el aplauso deseado, sin duda por el creciente éxito de los compositores dedicados a crear obras de moda, accesibles a todos los públicos, y que copaban los teatros y las salas de conciertos de la capital imperial. Para corroborar esto puede mencionarse que las tres grandes sinfonías KV 543, 550 y 551, creadas por Mozart en 1788, no fueron interpretadas en vida del compositor. De esa época son también, amén de varias danzas encargadas por la Corte, el Concierto para piano KV 537 (llamado "Concierto para la Coronación", pues fue compuesto para la coronación del sucesor de José II, Leopoldo II), sonatas para piano, piezas de música de cámara, arias, lieder y cánones.


Con el ánimo de sanear su situación financiera, emprendió un viaje por Europa para buscar nuevos encargos y dar algunos conciertos. Así, visitó Praga, Dresde, Leipzig y Berlín, donde dio varios conciertos y recibió encargos del rey Federico Guillermo II. Sin embargo, el viaje resultó infructuoso desde el punto de vista económico, pues no contribuyó en nada a aliviar sus penurias. Justo en ese momento desesperado la Corte se acordó de él y le encomendó la tarea de componer Cosi fan tutte ('Así hacen todas'), de nuevo con Da Ponte, a finales de 1789. Su estreno, en enero del siguiente año, fue un éxito, aunque no consiguió mantenerse mucho tiempo en cartel. A dicha ópera acompañaron ese mismo año otras composiciones, como numerosas arias, tres cuartetos de cuerda (KV 575, 589 y 590) compuestos para Federico Guillermo II, el quinteto con clarinete KV 581 y la última sonata para piano KV 576, entre otras.
Con motivo de la coronación de Leopoldo II, Mozart comenzó una gira de conciertos en otoño de 1790 que le llevó a Frankfurt, Maguncia, Mannheim y Múnich. Aunque este periplo le sirvió para cargarse de moral, su situación financiera continuaba siendo muy delicada. Aun así, desestimó la oferta que desde Londres le hizo el organizador de conciertos Peter Salomon para que presentara sus nuevas obras en la ciudad del Támesis.
En su último año de vida sufrió un continuo empeoramiento de su situación económica y de su salud. En mayo fue nombrado adjunto al maestro de capilla de la Catedral de San Esteban, pero era un puesto sin remuneración, y sólo le daba derecho a ser nombrado maestro a la muerte del titular. A pesar de ello, los encargos continuaron acumulándose. Así, en marzo el libretista Emanuel Schikaneder le encargó una ópera para su teatro Freihaus auf der Wieden, y en julio un enviado del conde Franz Walsegg zu Stuppach le encargó una misa de réquiem por su esposa recientemente fallecida, además de que los estados de Bohemia le encargaron oficialmente que escribiera una ópera solemne para la coronación del nuevo emperador. Así, con todo este trabajo, se vio tan ocupado como en las mejores etapas de su carrera, componiendo obras de la talla del último Concierto para piano KV 595, los dos últimos quintetos de cuerda KV 593 y 614, el concierto para clarinete KV 622 y el Ave verum corpus KV 618. Asimismo, comenzó a trabajar en el encargo de Schikaneder, La flauta mágica, obra que acabó casi en su totalidad a finales de verano, lo mismo que en el Réquiem para el conde y, sobre todo, la ópera para la coronación, La clemencia de Tito, que fue estrenada el 6 de septiembre en Praga.
Por primera vez en su carrera una obra "grande" fue un fracaso. La clemencia de Tito, escrita sobre un libreto de Pietro Metastasio, adaptado por Caterino Mazzolá, no gustó al público en el estreno, por lo que Mozart volvió a Viena cargando con dicho revés. Remató entonces La flauta mágica, que fue estrenada el 30 de septiembre bajo su propia dirección. A pesar de que el éxito no fue inmediato, se fue consolidando según avanzaban las representaciones, hasta convertirse en un verdadero fenómeno social que traspasó las fronteras del Sacro Imperio. Sin embargo, su salud fue poco a poco empeorando, a la vez que cundía su desánimo por la escasez de dinero y el exceso de trabajo. Parece entonces lógico pensar que el que se dedicara en exclusiva al Réquiem en sus últimas semanas de vida fuera un anuncio de su propio fin, como si la obra estuviese realmente pensada para su propia muerte.


Murió el 5 de diciembre de 1791 de una fiebre reumática, tras quince días de convalecencia. Obsesionado por acabar el Réquiem, dictaba sus líneas a Süssmayer, su ayudante, desde su lecho; de hecho, la muerte le sorprendió trabajando en éste. El cadáver fue levantado al día siguiente, y fue enterrado el día 7 en una fosa común del cementerio de San Marcos, tal y como era la costumbre de la época, pues nadie (posiblemente por negligencia) se encargó de procurarle mejor enterramiento. La ausencia de lápida o inscripción alguna ha hecho imposible la localización de sus restos.


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