viernes, 29 de noviembre de 2019

CD 240 – Con Voz Propia: Adolfo Bioy Casares: Una Poética de la Invención


Breve Acercamiento a la Obra de 
Adolfo Bioy Casares

Por Alexis Uqbar

Ciertamente como una sombra es el hombre;
ciertamente en vano se afana.
Salmos, 39:6

El idealismo es un sistema filosófico que confiere al mundo una naturaleza aparencial: no percibimos objetos materiales sino fantasmas de objetos que no existen. La realidad -afirma el idealismo- es una caótica urdimbre de ideas que se teje y se desteje ininterrumpidamente en la divina y vertiginosa conciencia de un dios. (Secretamente, somos los númenes o los creadores del mundo.) A trueque de nuestros sentidos, obtenemos los colores, las formas, las fragancias, pero no la absoluta certeza de las cosas. La vida es un sueño y los dioses -Hiperión, Eos, Isis, Hermes, Moloch, Odín…- son los soñadores. La compleja, maravillosa y diversa literatura de Adolfo Bioy Casares vindica y desarrolla tales conceptos: corremos tras de sombras, pero nosotros también somos sombras, según la atinada y lúcida declaración de Octavio Paz.

El idealismo no es infiel a la obra de Bioy Casares: es, me parece, el hilo de Ariadna que nos conduce a través de los perplejos laberintos narrativos del ofuscado y maravillado narrador argentino. La invención de Morel se me antoja inconcebible sin las vorágines metafísicas de Berkeley: la extraña máquina proyectora de Morel es una suerte de dios electromecánico que otorga la inmortalidad a quienes se exponen a sus cámaras captoras.

Plan de evasión trata de la posibilidad de retrotraer a los prisioneros de una cárcel -Las Islas de la Salvación- a una realidad alterna en que son libres; el gobernador de las islas, Pedro Castel, logra, por métodos quirúrgicos y psicológicos, que un grupo de sentenciados imaginen, y al fin asimilen, su celda como una isla solitaria en que son capaces de vivir sin restricciones. El autor observa: toda fantasía es real para quien cree en ella.

En el extraordinario cuento En memoria de Paulina casi todo es irreal: los hechos que envuelven al protagonista no son sino las proyecciones mentales de un escritor, Julio Montero, que siente celos de su amada y que ha entrevisto, en su imaginación, una posible infidelidad: Nuestro pobre amor no arrancó de la tumba a Paulina. No hubo fantasma de Paulina. Yo abracé un monstruoso fantasma de los celos de mi rival.

En El otro laberinto, Banyay, el taciturno y obsesionado héroe, tiene la notable facultad de interpolar objetos mentales a la realidad; a fuerza de imaginar que una habitación de su casa contiene al siglo XVII, concluye por trasladarse en el tiempo hasta esa época. Si no me engaño, el idealismo rige ostensiblemente las piezas precedentes.

Aunque a Bioy Casares le disgustaba la ciencia ficción -Wells es un caso aparte-, redactó numerosos cuentos que pueden atribuirse al precitado género. La trama celeste (uno de sus mejores relatos) refiere la historia de un capitán, Ireneo Morris, que viaja a un universo paralelo en el cual no existe Gales. (Morris es de ascendencia galesa, por tanto, las autoridades del mundo paralelo en el que aterriza lo juzgan un espía, pues el apellido Morris les suena ridículo y algunos de sus amigos en el ejército, también de ascendencia galesa, no existen.

El calamar opta por su tinta es un cuento humorístico que retrata diversos aspectos de la condición humana: un ser de otro planeta llega a la Tierra -a un pueblito argentino- con la promesa de mejorar las condiciones de vida de los hombres. Don Juan, el encargado de mantener con vida al forastero intergaláctico, prefiere dejarlo morir a mejorar, de un modo desconocido, las circunstancias adversas de la humanidad.

De la forma del mundo habla de un túnel de longitud insignificante que interconecta dos ciudades que están a cuatrocientos kilómetros de distancia una de la otra, Buenos Aires en Argentina y Punta del Este en Uruguay.

En Los afanes, Eladio Heller, el curioso protagonista, implementa un instrumento (una suerte de bastidor metálico) que le permite resguardar el alma de cualquier animal o persona. Decide transmitirle su alma para poder pensar eternamente. Su esposa, en un arrebato histérico, destruye el bastidor con el alma de Heller dentro.

El argumento de El atajo no es inverosímil: Guzmán y Battilana desembocan mágicamente en una Argentina futura que quiere emular las asfixiantes atmosferas de Orwell. El desenlace es catastrófico. No es una hipérbole considerar las tramas anteriores como las tramas más perfectas jamás urdidas en la mente de un escritor. Lucen sólo equiparables con las espléndidas historias de otros dos autores geniales: Henry James y H. G. Wells.

Enumero brevemente otras narraciones fantásticas del argentino: El gran serafín: una pieza extraordinaria que recobra y reivindica el desgastado argumento del fin del mundo. El lado de la sombra: extraña historia que condice innegablemente con la idea del eterno retorno de Nietzsche. Historia prodigiosa: los milagros abundan en este relato; un literato que defiende el culto de los dioses paganos se bate valerosamente en un duelo a espada con el diablo. (Una prefiguración de la escena final puede exhumarse de un curioso capítulo de El hombre que fue jueves de Chesterton.) El perjurio de la nieve: ¿puede la constante repetición de un día de tu vida cotejarse con la eternidad? Moscas y arañas: una anciana teje su red invisible y manipula las conciencias de dos jóvenes amantes. De los dos lados: ¿cómo podemos saber que existe el más allá? Por nuestros sueños.

Pese a que he referido argumentos de indudable carácter fantástico, no es precisamente lo fantástico lo que separa a la literatura de Adolfo Bioy Casares del mundo de los vivos: es el amor, o mejor dicho: las consecuencias que provoca el amor sobre los hombres. Bioy Casares ha sido el único autor que ha dedicado su obra al examen de la complejísima, y tal vez ineludible, idea del amor platónico, del amor imposible, del amor engendrado en los oscuros callejones del pensamiento. No pocas veces los héroes de Bioy se ven cruelmente desengañados: la Faustine de La invención de Morel no es sino un holograma condenado a representar las mismas acciones durante toda la eternidad; el protagonista, enamorado de Faustine, sacrifica su vida para aparentar -de un modo ingenioso, ni dudarlo- estar con ella hasta el fin de los tiempos. La mujer de En memoria de Paulina concluye siendo un fantasma de los celos del enamorado, semejante, en más de un aspecto, a la Vera de Villiers de L’Isle Adam. Idibal, la solícita enfermera de que Ireneo Morris se enamora en La trama celeste, pertenece a una dimensión en que su estirpe, los cartagineses, no ha sido abolida por el Imperio Romano; Morris la pierde cuando regresa (o cree regresar) a la dimensión de la que partió en primera instancia. Guirnalda con amores es un volumen misceláneo que acapara, de manera interesantísima, el ambiguo y universal tema del amor. La protagonista de La tarde de un fauno puntualiza: ¿Cómo no descubriste todavía que en el amor intervienen sentimientos, no razones, y que a los sentimientos no los maneja la voluntad? Por lo mismo, no hay que razonar demasiado el amor.

De las influencias de Adolfo Bioy Casares harto sabemos. Su literatura transpira las intrincadas y a veces divergentes doctrinas de George Berkeley, Arthur Schopenhauer, David Hume, William James, J. W. Dunne, H. G. Wells y una generosa nómina de clásicos que incluye a Platón, a Plutarco, a Goethe y a Franz Kafka. De sus novelas, todas de argumento memorable, me quedo con El sueño de los héroes. Esta novela representa el epítome de un autor que ha entendido a la perfección el arte de narrar historias. El amor, la amistad, la valentía, los sueños, la memoria, el destino y la nostalgia configuran la trágica y magnífica historia de El sueños de los héroes. Hay hechos que no podemos cambiar, la muerte es uno de ellos.

Adolfo Bioy Casares nació en Buenos Aires el 15 de septiembre de 1914 y falleció, a desmedro de su voluntad, el 8 de marzo de 1999. Lo reputo como uno de mejores escritores en lengua castellana de la historia de la literatura y el mejor escritor de narrativa fantástica del siglo XX. Jorge Luis Borges alguna vez dijo:

En una época de escritores caóticos que se vanaglorian de serlo, Bioy es un hombre clásico. No ha cesado aún el debate de los antiguos y de los modernos; Bioy es ajeno a los dos bandos. Es el menos supersticioso de los lectores.

Todas las mañanas me levanto con la convicción de que la vida es una milagrosa y confusa invención de Adolfo Bioy Casares. Su literatura es un admirable plan para evadirnos.


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(Fuente: Silvia Lemus entrevista a Adolfo Bioy Casares en el Ciclo “Tratos y Retratos” del Canal 22 de México.  Creado en 1993 con guión y conducción de Silvia Lemus, el programa reúne los testimonios y el pensamiento de más de 400 personajes del mundo, ofreciendo un revelador panorama de finales de Siglo XX y principios del XXI. En 2012, “Tratos y Retratos” fue reconocido por la UNESCO como patrimonio documental mundial, al ser incorporado en el programa Memoria del Mundo, que busca promover y proteger los acervos documentales del planeta en cualquiera de sus manifestaciones. https://www.canal22.org.mx/tratos-y-retratos.html)

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